La vida por un boleto

Por: Tonatiuh Cisneros

Por: Tonatiuh Cisneros

El partido estaba para cualquier lado; 2 a 2 el marcador. El dominio azul era evidente, pero gracias a las individualidades de los Pumas el partido se inclinó de lado universitario. Íñiguez, el héroe del partido en el ataque marcó un gol y provocó un penalti, le dio a Jaime Lozano la oportunidad de meter el penalti y así pasar a la final; un silencio casi sepulcral fue la antesala a la locura, ese grito de Jaime Lozano fue un grito de alegría y esperanza, un gol que colocaba a los pumas en la gran final del futbol mexicano después de 13 años de sinsabores. Se acabo la alegría y a partir de ahí dio inició un sufrimiento para miles de aficionados que querían conseguir la tan ansiada entrada para la gran final del futbol mexicano. Desde el domingo antes de que terminará el encuentro empezaron a llegar cientos de personas a los centros autorizados para la venta de boletos. Pero para sorpresa de muchos los boletos se pusieron a la venta el pasado martes a las 10 de la mañana en La Cantera, Totonacas 560.

Literalmente, La Cantera fue tomada por asalto por miles de aficionados que querían el tan ansiado boleto para el juego de vuelta, para la final. Desde el mismo domingo miles de personas arribaron para pernoctar, no importó nada, ni lluvia, ni calor, nada; la pasión por los colores es más que eso, sufrir es tan sólo el inicio de la vida y el grito del gol y la obtención de un boleto.

Sí, hubo golpes, llantos, enojos y miles de personas que se quedaron sin entrar a comprar el boleto. Culpables por la vorágine ocurrida somos todos, por permitir que la Rebel se apoderara de la taquilla, de la directiva por no poner orden y no llamar a la autoridad desde el inicio. De que sirvió que el señor A. Padilla haya salido al improvisado balcón si el inicio de la fila era de la Rebel.. No discuto que se hayan quedado a dormir desde el domingo, mi enojo y el de miles de aficionados es que ellos eran el “cordón” de seguridad y dejaron meter a quien ellos querían. De que sirvió que una persona se pusiera a gritar y pidiera el orden y quería que nos comportáramos como universitarios si ellos eran los que ponían el desorden y me atrevería a decir que ni universitarios son y si los son, han de ser de los llamados fósiles.

Eso era a la entrada a La Cantera, taquilla improvisada, pero al pasar los metros y kilómetros la angustia de la gente se empezaba a notar en sus rostros, las versiones sobre la escasez de los boletos corrían como el fuerte viento de la tarde y calaban como el sol de la mañana. Casi al medio día se rumoraba que los boletos del Palomar y Pebetero se habían agotado, que era cuestión de minutos para que la “taquilla” cerrara sus puertas. Poco a poco las personas empezaban a desertar de sus lugares, pocas, la mayoría aguardaba en su lugar al pie del cañón, familias completas incluyendo el perro mantenían prendida la flama de la esperanza de alcanzar por lo menos un boleto, por el momento más valioso que el oro, y tan grande y esperado como el campeonato del azul y oro.La conclusión de éste capitulo ya la saben y la conclusión de la historia la veremos el próximo domingo.

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