Gajes del oficio

Cada vez que cuento a mis amigos que soy corresponsal en Europa, me miran con envidia. "Es el trabajo de los sueños de cualquier aficionado al futbol", me dicen. En parte es verdad pero, como en...

Cada vez que cuento a mis amigos que soy corresponsal en Europa, me miran con envidia. "Es el trabajo de los sueños de cualquier aficionado al futbol", me dicen. En parte es verdad pero, como en casi todo en la vida, hay muchas cosas de las que no se enteran, que quizá los hicieran pensar dos veces.

Como ejemplo, les contaré lo que me pasó el fin de semana anterior. Pero antes, les cuento que, como a casi todos los corresponsales, a mí me pagan por nota. Es decir, no hay un sueldo ni horario fijo, y si por alguna razón no puedo conseguir la nota que estaba buscando, mi cuenta bancaria se queda con un espantoso cero para recompensar mi ardua jornada de trabajo.

Mi plan era el siguiente. El viernes en la mañana tenía pactada una entrevista con Rafa Márquez, el sábado rentaba un coche y me iba a Villarreal para ver el partido del Guille Franco contra el Real Madrid, y de paso entrevistarlo. Pasaba la noche ahí, el domingo en la mañana manejaba a Murcia para ver al Salamanca y Carlos Vela y, al terminar la entrevista, regresaba a toda velocidad a Barcelona para ver el partido contra el Celta. La aventura cerraba con mi viaje a Atenas el siguiente martes. El problema fue que, como de costumbre, nada de esto salió como estaba planeado.

Llegué al entrenamiento del Barcelona temprano el viernes para esperar a Rafa. Lo vi, lo saludé y quedamos para vernos al terminar la práctica. Me fui a la zona de las entrevistas y esperé… una hora, dos horas, tres horas. Nunca apareció. Resulta que justo ese día cambiaron el lugar para hacer las entrevistas y nadie me avisó. Me la reprogramaron para el día siguiente muy temprano, lo que apretaba más el horario pero todavía me permitía hacerlo todo.

El sábado empezó bien. Aunque sólo dormí 4 horas, pude hacer la entrevista con Márquez y rentar el coche para salir hacia Villarreal. Ahora bien, para quienes se imaginen que un equipo que llegó a Semifinales de la Champions tiene una ciudad digna de su categoría, se equivocan. Villarreal es lo más parecido a Jiutepec que hay en España. Es un pueblito modesto con un estadio justo en el centro. Le di vueltas y vueltas sin encontrar un hotel, y el frío se hacía cada vez más intenso. La cosa se empezaba a arruinar.

Al final, no encontré hotel y me fui directo al estadio. Vi el partido y bajé a la zona mixta para esperar al Guille. ¿La temperatura? Cero grados. ¿El tiempo de espera? Dos horas. Franco nunca salió a para la entrevista y yo me quedaba sin paga. Era la una de la mañana, y temblando de frío, me puse otra vez a buscar hotel. Por fin encontré, y pude dormir cuatro horas antes de levantarme, quitarme las lagañas y salir hacia Murcia.

Ahí, por fin, todo salió más o menos bien. Terminó el partido y pude platicar con Vela sin problemas. Pero el camino de regreso fue una tortura total. Tenía que manejar cinco horas a un promedio de 130 kilómetros por hora para llegar a tiempo a Barcelona. Y hacerlo después de dormir 8 horas en dos días era casi un suicidio… y casi lo fue.

Después de una hora de manejo me di cuenta que iba a ser imposible. Me estaba quedando dormido. Hacía todo para despertarme. Me paraba en cada gasolinera. Abría y cerraba la ventana. Me ponía y me quitaba los lentes de sol. Me tomé 2 Red Bulls y me comí cuantas gomitas azucaradas que encontré. Me pegaba cachetadas y me mordía la lengua. Y no había manera de que los ojos no se me cerraran. Al final, opté por la prudencia. Regresaría a Villarreal a pasar la noche y, de paso, trataría de hablar con el Guille Franco.

Lo llamé a su casa y muy amable contestó, pero me dijo que sería imposible hacerle la entrevista porque tenía planes. Le rogué y le lloré. Al final, gran tipo el Guille, aceptó a pasar unos minutos a mi hotel (en algo rarísimo para un futbolista) para que pudiéramos platicar. Lo hicimos y en el momento que terminábamos, recibí una llamada que terminaría por acabar con mis planes.

Era la Jefa de Prensa del Olympiakos para decirme que no habían aceptado mi propuesta para hablar con Nery. ¿Por qué? Porque no. Punto. Tengo la teoría que Castillo había prometido darle una exclusiva a ESPN y esa fue la razón, pero no puedo comprobarlo. Cancelé todo y me quedé con las ganas de hacerle las preguntas que todos ustedes me habían mandado. Ya será para otra ocasión, quizá con más horas de sueño y sin tantas aventuras.

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