Messi no será Maradona

El slalom de Messi fue escalofriante. Era el gol de Maradona, revivido. Paso a paso, el joven argentino fue siguiendo la jugada de su antecesor como si la tuviera grabada en la mente. Cuando se...

El slalom de Messi fue escalofriante. Era el gol de Maradona, revivido. Paso a paso, el joven argentino fue siguiendo la jugada de su antecesor como si la tuviera grabada en la mente. Cuando se enfrentó al portero del Getafe daban ganas de gritarle "¡ábrete a la derecha!", sólo para que el gol fuera realmente idéntico. Por supuesto, él sabía mejor que cualquiera lo que tenía qué hacer y resolvió como el Diego, aunque con la pierna diestra.

A Messi lo entrevisté una vez para la FIFA. Fue antes del Mundial de Clubes y, curiosamente, esa nota no salió publicada nunca porque se lesionó dos días después y ya no pudo jugar el torneo, para angustia de la televisión japonesa que había basado toda su cobertura en él. Fue una plática interesante pero que me dejó una conclusión: nunca será Maradona.

Lionel es una excelente persona. Un muchacho tímido, accesible y agradable. No habla mucho pero lo hace con el candor de sus 19 años, más que con la locura habitual de las superestrellas. En la entrevista no dijo nada fuera del otro mundo, y la sensación que me quedó fue "qué gran tipo".

Yo estoy convencido de que para ser genio del futbol hay que tener la cabeza bastante fuera del cuello. Con muy pocas excepciones, los grandes jugadores en la historia del futbol han sido también arrogantes, infantiles y soberbios. Tienen carisma de sobra y también locura, sus gestas dentro de la cancha se comparan con sus declaraciones fuera. Son, en suma, únicos dentro y fuera de la cancha.

Maradona es el ejemplo clásico. Todos sabemos lo que hizo en la cancha y a todos nos queda claro su estado mental actual. Pero no sólo eso, cuando tenía 20 años se enfrentó a la Barra Brava de Boca que fue a chantajear a sus compañeros. Después, se volvió un ícono para Nápoles y tomó la causa del empobrecido sur de Italia contra los ricos del norte. Era un líder, nos guste o no.

Y así se puede citar a muchos. Los cabezazos de Zidane, la neurosis y el tabaquismo de Cruyff, el alcoholismo de Garrincha, George Best y Gascoigne, la locura infantil de Ronaldinho, el peso de Ronaldo, la fiesta de Romario, etcétera. En México, lo mismo; los dos mejores jugadores que hemos tenido en los últimos años han sido criticados por su carácter. Hugo Sánchez y Cuauhtémoc Blanco han tenido tantos detractores como fanáticos, aunque nadie niega que fueron jugadores excepcionales y personas muy carismáticas.

Hay algunas excepciones, aunque no tanto como para salir de la regla. Siempre se pone como ejemplo la sobriedad de Pelé contra la locura de Maradona, pero al brasileño, tan buena persona como es, no se le puede catalogar como tímido e inocente pues tiene un carisma impresionante y siempre fue muy mujeriego. A Platini sólo se le puede encontrar la ambición, aunque esa es una fuerza suficiente para lograr grandes cosas en la vida.

Mi impresión con Messi es que le falta todo eso. Carece de un demonio interior que le corroa las entrañas y lo obligue a ir más allá; y en el pasado, eso siempre ha dado como resultado jugadores de gran talento, pero no legendarios.

Quizá no haga falta y el nuevo ídolo del Siglo XXI sea un muchacho tímido y callado que sólo se concentre en lo que le pasa en la cancha. Pero la historia me dice otra cosa, y en el futbol, como en la vida, en general hay que ver al pasado para descubrir el futuro.

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