Cruz Azul: un ridículo gigantesco

Hace varios años, cuando era coordinador del periódico Milenio-La Afición, hice un comentario en Televisa Deportes sobre Cruz Azul. Me sorprendía que cambiaban los jugadores, pasaban los técnicos,...

Hace varios años, cuando era coordinador del periódico Milenio-La Afición, hice un comentario en Televisa Deportes sobre Cruz Azul. Me sorprendía que cambiaban los jugadores, pasaban los técnicos, y los resultados seguían siendo los mismos. ¿Qué era lo que se mantenía estable? La Directiva.

En ese espacio pedí un poco de autocrítica de parte de los dirigentes cruzazulinos sobre sus errores con el equipo.

La noche siguiente, Alfredo Álvarez contestó a mi comentario en una entrevista, señalando que sí existía ese juicio interno en la cúpula del equipo y que las malas experiencias los habían hecho aprender para el futuro. Unos meses después, en una comida, me lo repitió y aseguró tajante que las épocas difíciles del equipo iban a terminar.

Ya ha pasado mucho desde entonces y parece que en Cruz Azul el desastre no tiene límites. Más allá que haya sido justa o no la suspensión de Carmona y la descalificación del equipo, lo cierto es que todo el caso, desde su inicio en la Confederaciones hasta su final hace un par de días, ha resultado en un cúmulo de errores, mentiras, chismes y oscuridad en la institución celeste.

Si la culpa fue del Médico, si el jugador apeló, si se recibió el reporte en inglés, si el club no estaba informado. Todo eso no tiene importancia. El prestigio del equipo está por los suelos. Y la sensación de engaño en los aficionados celestes está ahí, sea correcta o no.

Obviamente, los directivos no son los únicos culpables. La Federación tiene mucho qué decir al respecto, y también el jugador, pero los daños a la imagen cruzazulina van a ser muy difíciles de recuperar.

¿Qué pasa con los directivos? ¿Cómo dejaron atrás la reputación de "la institución más seria del futbol mexicano" para dar paso a esto? En aquella comida que les contaba, pasaron cosas muy interesantes. Estábamos Daniel Moreno, -entonces Subdirector General de Milenio-, "Billy" y Alfredo Álvarez, Víctor Garcés y Luis Fernando Tena. El técnico, que claramente no quería estar ahí, casi no participó y el protagonismo lo tuvieron los directivos.

Simpáticos los tres, agradables y abiertos al diálogo, pero totalmente distintos. De hecho, no recuerdo una sola vez que los hermanos estuvieran de acuerdo. Uno decía renovación, el otro continuidad. Uno criticaba a un jugador, el otro lo defendía. Uno confiaba en su técnico, el otro no. Garcés, mientras tanto, trataba de hacer de mediador entre Alfredo, que era el radical, y "Billy", que era el conservador.

Sólo con esa muestra era fácil deducir lo que pasaba en el equipo. Y, por lo que me dicen, sigue pasando ahora. Tres cabezas piensan mejor que una cuando todas van para la misma dirección. Si van a lados opuestos entonces se convierten en una hidra que se come a sí misma… y no gana un campeonato en 11 años.

Y no nos confundamos. Yo no tengo nada contra el equipo, al contrario. Yo le voy a los Pumas, pero le tengo mucho aprecio al Cruz Azul, es el equipo de mi barrio. Durante años fui caminando cada quince días con Roberto Velázquez (ahora Coordinador de Milenio-La Afición) a ver los partidos en el Estadio Azul. Tengo grandes recuerdos de esas tardes soleadas de sábado, además de muchos amigos cruzazulinos a los que he visto ilusionarse cada año y sufrir con cada eliminación.

Escribo esta columna por ellos y por la afición que observa desesperada el peor ridículo en la historia del equipo –con repercusiones internacionales incluso-. Como hace años, la palabra clave es autocrítica. Jugadores van, técnicos vienen y todo sigue igual. Son aquellos que continúan los que tienen el poder para cambiar. Pobre de Cruz Azul si no lo hacen.

P.D. Salvador Carmona no es un mártir. Las pruebas existentes hablan de culpabilidad total y hasta que nadie pruebe lo contrario, lo que se sabe es esto: Se dopó una vez para mejorar su rendimiento y, aún estando sancionado, se siguió dopando. Las frases de apoyo que le dan los jugadores son ridículas y totalmente fuera de lugar. Quien hace trampa para ganar, y reincide tras una sanción, es una vergüenza para su profesión y merece ser castigado. Dejemos de considerar cualquier golpe una injusticia y seamos derechos por una vez en la vida. Bastante nos hace falta.

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