A ganarle al favorito

No sé ustedes, pero hablando de futbol, odio a los gringos. A lo largo de mi vida, siempre me he sentido mucho más definido por los equipos a los que detesto más que aquellos a los que le voy....

No sé ustedes, pero hablando de futbol, odio a los gringos. A lo largo de mi vida, siempre me he sentido mucho más definido por los equipos a los que detesto más que aquellos a los que le voy. Pocas cosas más dulces para mí en el balompié que una derrota del Real Madrid o el América. A veces incluso más que los triunfos de Pumas o el Barcelona.

Pero con Estados Unidos el sentimiento es más fuerte. No sólo hay que ganarles, hay que humillarlos, quitarle la cara de suficiencia al chango de Bruce Arena (aunque ya no sea el técnico), o que Donovan se quede llorando sentado en media cancha. Golearlos si es posible y, si no, ganarles 1-0 con un gol con la mano en el minuto cinco de compensación, anotado en fuera de lugar tras un pase donde hubo falta de un jugador mexicano.

Por supuesto, la sensación se ha hecho más fuerte a medida que vencerlos se hace más difícil. Cada derrota es un golpe, y aún no se olvida (ni se desquita) aquel 2-0 funesto en Corea-Japón. Esa vez me di cuenta que mi sentimiento era compartido por casi todos los mexicanos. En mis treinta años de vida nunca he visto nada más cercano a un día de duelo nacional. Si la bandera hubiera estado a media asta, nadie se hubiera sorprendido.

Eso no implica, sin embargo, que no me quede claro que en el partido del domingo los favoritos son ellos. México llega sin jugar bien y en crisis de confianza. El carácter polarizante de Hugo ha propiciado que la prensa, una buena parte de la afición y uno que otro jugador, respondan con el hacha a cada decisión que no les gusta.

Por su parte, Estados Unidos llega con la misma soberbia de siempre. Ha ganado todos sus partidos, la mayoría de sus jugadores ha seguido un proceso durante seis años y su estrella, Landon Donovan, está en un gran momento.

Además, digan lo que digan, son locales. No importa que haya más mexicanos en la tribuna. Cuando el Tricolor juega en casa es porque está en territorio nacional. Si va más allá de la frontera es visitante. Punto.

Eso hace que, por primera vez en la historia, sean ellos los favoritos en un torneo oficial. Las líneas de apuestas ya les dan ligera ventaja (2.35 a 2.65) y la lógica indica que tendrían que ser ellos los que, con el silbatazo final, levanten el trofeo y den la vuelta olímpica.

¿Eso los hace invencibles? Por supuesto que no. De hecho, pocas veces en los últimos las posibilidades de México me han parecido mayores. Contra lo que podría pensarse, el Tricolor es un equipo que viene al alza, con pequeñas mejorías en cada partido, desde el estado físico hasta el funcionamiento colectivo.

En cambio, Estados Unidos ha bajado claramente su nivel en los últimos dos partidos y sus triunfos han tenido mucho que ver con arbitrajes tan localistas como lamentables. Además, tendrá tres ausencias por suspensión (Hejduk, Bocanegra y Bradley), contra una de México (Torrado).

Pero, sobre todo, más allá de la presión innecesaria que se le ha puesto a esta Selección y sus resultados, el hecho de no ser favoritos debería ayudar. Perder contra los gringos de visitante es algo que han sufrido todos los técnicos recientes de la Selección Mexicana, desde Lapuente hasta La Volpe, así que, en realidad, Hugo Sánchez tiene todo qué ganar.

Eso no implica, por supuesto, que una derrota sea bien recibida. Perder con Estados Unidos sería durísimo bajo cualquier circunstancia porque sería la comprobación de que, por lo menos, el título de Gigante de la CONCACAF es compartido entre los dos países y que, en su territorio, son ellos los que mandan.

Pero mejor no pensar en eso. Hay que darle en la torre a los gringos, como sea. Para cuando sea el partido, yo ya estaré de regreso en Barcelona, viendo el juego en un bar y esperando el silbatazo final para salir a festejar la victoria, como lo harán tantas millones de personas en México. Y si es por goleada mejor, aunque me conformo con el 1-0 con la mano en tiempo de compensación.

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