Claves de la no emigración

Cuatro jugadores Campeones en Europa. Uno más que podría serlo en dos semanas. Dos de los mejores prospectos mundiales que integran equipos grandes del viejo continente. Un Campeón de la Copa...

Cuatro jugadores Campeones en Europa. Uno más que podría serlo en dos semanas. Dos de los mejores prospectos mundiales que integran equipos grandes del viejo continente. Un Campeón de la Copa Sudamericana, y que puede conseguir su sexto título del año en la Recopa.

México vive una temporada de ensueño en el plano internacional. Nunca como ahora nuestros jugadores y equipos están demostrando que tienen capacidad para plantarle cara a cualquiera. Sería lógico entonces que los equipos europeos estuvieran locos por descubrir el talento del futbol mexicano. Contratar a los nuevos Rafas, Pardos, Osorios y Salcidos. Sacar ventaja de sus rivales y aprovechar un mercado virgen.

Y, sin embargo, las únicas noticias al respecto son los vagos rumores de interés por Omar Bravo y Andrés Guardado. Y todos ellos, salvo un par de menciones del atlista en revistas inglesas, han sido por parte de la prensa mexicana.

Sport y Marca colocan todos los días refuerzos en Barcelona y Real Madrid, The Sun arma 15 Chelseas, Kicker organiza un nuevo Bayern y L';Équipe reconstruye al Lyon, sin que un sólo un jugador mexicano aparezca en todos esos proyectos fantásticos. Es más, ni siquiera en equipos medianos como Espanyol, Paris Saint Germain, West Ham o Hertha Berlin.

En cambio, en cuanto sale un argentino o brasileño con talento, los equipos europeos se matan por él y pagan fortunas. ¿El mejor ejemplo? Fernando Gago le costó más de 20 millones de dólares al Real Madrid. Un jugador promedio, que está ahí por ser parecido a Fernando Redondo y ahora, lógicamente, calienta la banca merengue.

La pregunta entonces es ¿por qué?... y tiene varias respuestas, todas ellas relacionadas a los actores que integran nuestro futbol.

Contra lo que uno podría pensar, los primeros "culpables" no son los directivos o los jugadores, sino los representantes. En el balompié actual no hay traspaso que se haga sin un agente. Salvo los equipos que tienen una red global de buscadores, son los promotores los encargados de dar a conocer a los futbolistas y estimular sus traspasos.

Los representantes argentinos, uruguayos y brasileños saben que su oportunidad para conseguir una mina de oro es transferir a un jugador joven barato a Europa, aunque constituya un riesgo a corto plazo. Si triunfa, su siguiente traspaso será millonario y el agente en cuestión será un magnate de la noche a la mañana.

En México es otra historia. Los clubes tienen dinero para pagar, los sueldos son altos y los traspasos locales exorbitantes. ¿Para qué un promotor se arriesgaría a transferir a, digamos, Luis Landín al AEK de Atenas por 1 millón de dólares, cuando puede colocarlo en Tigres por 3? No piensan a largo plazo, ni les hace falta, con sus comisiones en México tienen yate en el Pacífico y coches último modelo.

Los segundos culpables son los directivos. Es evidente que el mercado mexicano no está tan cotizado como los sudamericanos. ¿En qué cabeza cabe entonces, tasar a un jugador en 8 millones de dólares? El concepto de abrir mercado no les cabe en la cabeza. No entienden que, si venden a un jugador barato -o incluso lo prestan- y triunfa, los clubes europeos querrán más y ahí sí será el momento de ir por el premio mayor. Como siempre, nadie piensa a futuro.

Los terceros responsables son, por supuesto, los jugadores. El mejor ejemplo de eso está en Jesús Arellano. Después del Mundial 98, Valencia y Chievo hicieron una oferta a Chivas por el jugador. Los tapatíos aceptaron pero el "Cabrito" dijo "no". ¿La razón? "Me pagaban lo mismo que en Guadalajara, así que para qué me iba a un país que no es el mío". Imposible discutir con una lógica semejante.

En realidad, la mejor consecuencia del éxito reciente de los mexicanos en el extranjero es que han mostrado a sus compatriotas que realmente se puede triunfar; que el "Síndrome del Jamaicón" es cosa del pasado y que Europa puede quedar a sus pies si se deciden y toman el riesgo.

Y, por supuesto, la mejor manera de abrir el mercado mexicano es con los buenos resultados. ¿Los jugadores quieren ir a los grandes europeos? la respuesta está al alcance de sus pies: ganar la Copa Oro y la Copa América. Es en esos torneos donde se debe demostrar si es verdad que estamos a la altura de cualquiera y si, en el futuro, serán los mexicanos los que dominen el futbol del Viejo Continente.

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