Cuestión de criterio

Se ha escrito ya muchísimo sobre los abucheos en el Estadio Azteca y créanme que hice un esfuerzo por no seguir la tendencia. Pero no pude evitarlo. En primer lugar porque no hay ningún otro tema...

Se ha escrito ya muchísimo sobre los abucheos en el Estadio Azteca y créanme que hice un esfuerzo por no seguir la tendencia. Pero no pude evitarlo. En primer lugar porque no hay ningún otro tema en la mesa y en segundo porque estoy de vacaciones en México, fui al Estadio Azteca y me tocó vivirlo todo de primera mano.

Debo confesar que con los primeros reclamos me sorprendí un poco. Por un segundo pensé que eran para los paraguayos, pero luego empezaron los "olés" y entonces me quedó clarísimo que la bronca era contra el equipo que dirige Hugo Sánchez.

La verdad es que el asunto no me gustó nada. Pero no por el nacionalismo que esgrime el técnico nacional. Yo soy un convencido de que los aficionados no tienen que apoyar a toda costa. Si la cosa va bien, todo perfecto, si va mal, entonces hay que reclamar. Finalmente, es más fácil cambiar de novia que de equipo de futbol, y si nos peleamos cuando tenemos problemas conyugales, por qué no vamos a hacerlo por líos futbolísticos.

Lo que me puso de malas es que me parece que en ese caso no había razón para tomársela contra la Selección. Es el inicio de un proceso, contra un rival difícil, en un partido que, de lo malo que fue, hubiera merecido acabar con un empate a cero. Además, si algo no se le puede criticar a los mexicanos fue falta de ganas. Corrieron y pelearon, sin demasiado orden, pero dejaron el alma en la cancha.

Recuerdo –y no quisiera- aquella nefasta derrota contra Costa Rica en el Azteca en las Eliminatorias para el Mundial 2002. En esa situación, valía cualquier abucheo. Todo reclamo se quedaba corto ante el ridículo que había hecho el equipo entonces dirigido por Enrique Meza. Era un proceso lamentable, con jugadores que no tenían nivel para vestir la camiseta verde y nunca lo hicieron después de ese desastre. Había un desgaste marcado, que tuvo su horrible epílogo en el baile que nos puso Honduras en San Pedro Sula, y que se maquilló un poco con un gol de tiro libre de Víctor Ruiz.

Este no es el caso. Los mismos que abuchearon el martes eran los que gritaban "¡Cuauhtémoc, Cuauhtémoc!" o "¡Nery, Nery!". No se puede cambiar de opinión tan rápidamente, ni se puede ser tan radical. Es verdad que la manera de ser de Hugo Sánchez invita a que lo amen o que lo odien, pero hay que dejar trabajar al tipo y después juzgarlo por sus resultados.

Muy pronto vendrán compromisos importantes, en los que, ahora sí, se deberá juzgar a la Selección. El problema es que si el público ya pintó su raya en un partido intrascendente, ¿qué validez tendrá el mismo reclamo cuando –ojalá que no- de verdad haya que hacerlo?

Es cuestión de criterio, y de saber elegir las batallas. Como también lo es la reacción de Hugo Sánchez. Hace unas semanas le hice una entrevista para la revista World Soccer, en la que le pregunté sobre su cambio de actitud y si alguna vez volveríamos a ver al Hugo explosivo. Su respuesta fue "antes lo hacía como estrategia para sacarle presión a mis jugadores. Ahora no ha hecho falta, pero si llega la hora, no dudaré en volverlo a hacer". Bueno, pues ya lo hizo. Pero también fue demasiado pronto.

Es una batalla que tendría que haber peleado cuando de verdad el equipo esté en crisis. El más grave de los problemas de Ricardo La Volpe en su etapa al frente del equipo fue que caía en cualquier provocación. Sobredimensionaba el más mínimo problema y se ponía a boxear con rivales imaginarios.

Ojalá que Hugo no lo haga, como también espero que nunca más volvamos a ver un abucheo contra la Selección en el Estadio Azteca. O, si tristemente pasa alguna de estas dos cosas, que sea por algo que valga la pena.

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