Resistiendo la agenda

Una de las primeras cosas que te enseñan cuando vas a alguna clase de periodismo es que hay que ser objetivo. Tratar de impedir que los sentimientos influyan en ti a la hora de tratar la...

Una de las primeras cosas que te enseñan cuando vas a alguna clase de periodismo es que hay que ser objetivo. Tratar de impedir que los sentimientos influyan en ti a la hora de tratar la información y llevarle al lector las noticias lo más "puras" posible, sin sesgos y sin doble intención.

Pero cuando se empieza a hacer periodismo deportivo de verdad, se descubre que eso es sencillamente imposible. El futbol es pasión y para un reportero es imposible abstraerse de su papel de aficionado. Cada derrota duele igual, y los triunfos dan el mismo entusiasmo.

Por ello, durante el tiempo en el que trabajé, junto con otros excelentes periodistas, en Milenio-La Afición y después en Excélsior, nuestro valor fundamental fue otro: fundamentar cada historia. De hecho, incentivábamos que los reporteros hicieran las crónicas de los equipos a los que eran aficionados, para que así pudieran dar una mirada de conocedor y que sus sentimientos reflejaran los de los miles de lectores que leían sus textos.

Pero eso sí. Cero premeditación, cero golpes bajos, mentiras, cero rabietas, cero excesos y cero venganzas. Se trataba de que cada nota fuera fundamentada, que todas las críticas tuvieran una razón y que los elogios reflejaran lo que pasó en la cancha. Que los protagonistas fueran siempre los jugadores y entrenadores y nunca los periodistas. Estoy casi seguro que lo conseguimos, pero si no, por lo menos lo intentamos al máximo.

¿Por qué cuento todo esto? Porque lo que es exactamente lo opuesto a lo que está sucediendo en este momento con la Selección Mexicana. Está clarísimo que hay una agenda detrás de cada cosa que se publica en algunos medios, y los cambios de discurso han sido, por decir lo menos, reveladores.

Los medios de comunicación son, ante todo, un negocio, y se entiende perfectamente que su prioridad sea vender. Pero también son una fuente de información, y como tal deben seguir un código ético que los obligue a tratar las noticias como se debe, sin sesgarlas para incentivar los beneficios del medio.

En este caso no ha sido así. Cuando las cosas iban mal en la Copa Oro, lo que más vendía era, por un lado, apoyar a la Selección -porque es una gran fuente de ingresos- y, por el otro, criticar a Hugo Sánchez –porque ese era el "sentir popular" y ayudaba a vender más diarios o a subir el rating-.

Era incluso divertido ver cómo a las notas de los jugadores simpáticos y comprometidos con el país y las arengas a unirse por la Selección, les seguían críticas tan demoledoras como poco fundamentadas. Pocos publicaron análisis de por qué la Selección no rindió al principio de torneo y muy pocos trataron de ir más allá del golpe bajo y entrevistar a los verdaderos implicados.

Un diario publicó una nota sobre lo contentos que estaban en Vélez con La Volpe –algo que, en rigor, no venía absolutamente al caso-. Otro pidió al "Ojitos" Meza de regreso –olvidando que dirigió a la peor Selección Mexicana de la historia-. Había que dejarlos a todos sin cabeza pero apoyándolos.

Y ahora, con el buen resultado ante Brasil, lo que vende es el optimismo desbordado. Ha muerto el lavolpismo, considera un diario. Es histórico, piensa otro. Las televisoras se dieron cuenta mágicamente que la Selección podía jugar bien, cuando su rendimiento ha ido constantemente en ascenso a partir del primer partido de la Copa Oro, tal como estaba planeado desde el principio.

Vender primero, vender segundo e informar hasta el final. El colmo del absurdo es la campaña contra los tres europeos que "traicionaron a la Selección". Antes eran históricos, pero ahora resulta que ya no los necesitamos. El sentir general es que, gracias a que no estuvieron, se le ganó a Brasil. Y así suben los ratings y se tiran más diarios.

No nos equivoquemos. Todas esas son decisiones editoriales que se toman en oficinas. Y está bien, porque, como dije, los medios son negocios y tienen que subsistir. Pero del mismo modo hay que intentar no traicionar a la información, que es la que, finalmente, le da de comer a los periodistas.

En otros países es esa fundamentación lo que da prestigio y ese prestigio es lo que vende. El País, Le Monde y France Football son los mejores ejemplos. Grandes medios, y los más poderosos de España y Francia. En México debería ser posible hacerlo también. Sería bueno buscar un equilibrio y olvidar las agendas. Sin matar la pasión, eso sí, porque de hacerlo matarían también lo que hace especial al futbol.

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