De cábalas y clase media

Mariano Trujillo jugará la próxima temporada en el Skoda Xanthi del futbol griego. Es un equipo modesto, esencialmente formador de jugadores, que aspira a poco más que estar por encima de la mitad...

Mariano Trujillo jugará la próxima temporada en el Skoda Xanthi del futbol griego. Es un equipo modesto, esencialmente formador de jugadores, que aspira a poco más que estar por encima de la mitad de la tabla. Sin embargo, la noticia no deja de ser relevante, por una razón: es un jugador de "clase media".

El medio izquierdo no ha sido nunca una de las grandes figuras del país. Tuvo una etapa de gloria al principio del segundo período de Hugo Sánchez con los auriazules, en la que anotó 12 goles (casi todos de penal) en el ejercicio 2002-2003. Fue convocado a la Selección y después se fue al Morelia.

Los Monarcas pagaron un millón de dólares por su carta, más el pase de Ismael Íñiguez. Una operación que, a posteriori, parece haber beneficiado a los universitarios, que consiguieron dos títulos en el ejercicio siguiente. Aunque Trujillo mantuvo cierta regularidad, se apagó poco a poco y dejó sin ruido los primeros planos.

Es, sin embargo, un jugador regular y será titular sin problemas en su nuevo equipo. A sus treinta años, es muy difícil que tenga un impacto, pero su buen rendimiento será importante para la valoración del mercado mexicano.

A diferencia de nuestro país, en donde salen sólo las figuras, en Brasil, Argentina y Uruguay los emigrantes son de todas edades, niveles y posiciones. Los equipos europeos, de distintas categorías, saben que pueden voltear a esos futboles para cubrir sus necesidades.

La mayoría de las veces, esos jugadores fracasan. Pero hay algunos garbanzos de a libra. Futbolistas, aparentemente de "clase media" que florecen en otro ambiente, maduran y después se vuelven material de Selección. Curiosamente, el mejor ejemplo es Mauro Camoranesi, pero hay otros, como Aldo Duscher, Afonso Alves e incluso Vicente Sánchez o Carlos María Morales.

Es importante que México se vuelva parte de ese ciclo y que no sólo sean los grandes talentos los que emigren, sino que el mercado dé también para ese tipo de ejemplos.

Además, la salida de Trujillo significará que el Sub-20 Adrián Aldrete tendrá la responsabilidad de la banda izquierda de Monarcas, lo que sin duda ayudará a su desarrollo.

Para terminar, esta historia de Mariano Trujillo me recordó una anécdota de hace unos cuantos años, en la que el jugador, entonces de Pumas, fue fundamental. Quizá el mejor partido que le recuerdo fue aquel triunfo de 3-1 contra Peñarol en la Copa Libertadores de 2003. En un segundo tiempo de locura, destrozó a los uruguayos por la banda izquierda y cerró su actuación con el gol del pase.

Un año antes, al principio del Verano 2002 al terminar un partido que Pumas perdió 3-4 contra Santos en CU, compré un sombrero para protegerme de los 30 grados que derretían a los pocos asistentes que ocupaban la Zona Puma ese día. Como el calor siguió a plomo, a partir de entonces lo llevé al estadio para que mi cabeza no se volviera una sartén.

Coincidentemente, los Pumas empezaron a ganar. Cada vez que yo estaba en la tribuna con el sombrero, los universitarios no perdían. Sumaron 8 encuentros sin caer en el México 68 y sobrevivieron a visitas difíciles como América (dos veces), y Toluca. Fueron eliminados en Semifinales por las propias Águilas, un día en el que, sin darme cuenta, me olvidé el sombrero en el coche.

Siguiente temporada, más magia del sombrero. Fue testigo del triunfo contra Veracruz y después se me perdió. Pumas cayó con Toluca y América y empató con Querétaro de local. Desesperados, Roberto Velázquez y su familia, con quienes asistía cada partido, me obligaron a buscarlo, hasta que por fin apareció.

Tras un empate contra Cruz Azul, volvió el hechizo. Ocho partidos en la tribuna, cero derrotas. Como coincidencia, ese torneo Trujillo marcó ocho goles y no falló un solo penal. En el siguiente torneo, no pude ir a los primeros dos partidos, ante Colibríes y Monterrey. Dos derrotas y ultimátum de la tribuna: el sombrero no podía faltar.

Al volver, nueva racha sin descalabros, hasta que llegó el partido contra Peñarol. Pumas tenía que ganar por dos goles y esperar resultados. Yo estaba del otro lado de la ciudad pero no podía perderme el encuentro. Además, llovía a cántaros y mientras atravesaba el periférico hacía CU, oía la transmisión de radio. Pumas jugaba pésimo e iba cayendo uno cero con los uruguayos.

Llegué al medio tiempo, y cuando me vieron, los integrantes de nuestra parte de la Zona Puma ovacionaron. No a mí, por supuesto, sino al sombrero que, agradecido, se libró a su encanto. Los auriazules jugaron una segunda parte de ensueño. Anotaron 5 goles, (el último de Trujillo) de los que anularon dos al "Kikín" por fuera de lugar. Al mismo tiempo, Bolívar vencía 1-0 a Gremio y se hacía el milagro. ¡Pumas en la segunda ronda de la Libertadores!

Fue demasiado para un pobre pedazo de tela. Ese último hechizo acabó lo que quedaba de magia y el siguiente encuentro contra Cobreloa fue fatal. A pesar de dominar todo el encuentro y tener muchas oportunidades, los de Hugo Sánchez perdieron 0-1 en CU. El sombrero, agotado, se fue a descansar desde entonces en un rincón del clóset de mi casa en México.

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