Tierra de nadie

En estos últimos días, España ha estado inmiscuida en una polémica interesante. Hace un par de meses, en una polémica asamblea de socios, el Ciudad de Murcia equipo de la Segunda División, decidió...

En estos últimos días, España ha estado inmiscuida en una polémica interesante. Hace un par de meses, en una polémica asamblea de socios, el Ciudad de Murcia equipo de la Segunda División, decidió dejar la ciudad y trasladarse a Granada, donde formaría el nuevo Granada 74.

Los aficionados, obviamente, protestaron por la mudanza, aunque la justificación los implicaba directamente a ellos. Con un promedio de 1,500 fanáticos por partido, era realmente difícil que el equipo se mantuviera económicamente y, según los directivos del club, la otra opción era la bancarrota.

Hasta ahí, nada más allá de una polémica regional. Pero de pronto la noticia dio un vuelto extraordinario. Joseph Blatter, Presidente de la FIFA y Michel Platini, Presidente de la UEFA, mandaron un comunicado a la Federación Española pidiendo que no dejara inscribir al Granada en la Segunda División.

El texto dice así: "la inscripción del Granada 74 viola un principio fundamental del futbol, según el cual la promoción de un club se obtiene mediante resultados deportivos en el terreno de juego y no por operaciones de índole financiera o comercial".

No es un caso aislado. En Inglaterra se armó un escándalo mayúsculo cuando el Wimbledon se mudó a Milton Keynes, tanto que los decepcionados aficionados formaron su propio club, el AFC Wimbledon. Por otro lado, cada vez que un club quiere cambiar su estadio y moverlo algo más lejos de su posición original, estalla la rebelión y los planes son usualmente abortados.

Por supuesto, durante todo el tiempo que llevan leyendo esta reseña, deben haber estado muriéndose de risa. Si el mundo está escandalizado, en México una noticia así no ocuparía ni siquiera la página 46 de un periódico deportivo nacional. ¿Un equipo de Primera "A" cambiando nombre y sede? Cosa de todos los días.

Y, siendo sinceros, esa indiferencia es una de las más grandes tristezas de nuestro futbol. Supuestamente, un club es el portaestandarte de una región, parte de su idiosincrasia. Pero para nosotros es simplemente una franquicia que se mueve aquí y allá.

El paralelismo noticioso es igual, aunque toda proporción guardada, obviamente, con las notas sobre contaminación o ejecuciones. Cuando empezó el problema todos estábamos en shock, después ya no tanto y ahora, enterarse sobre algo que pasó es "ahh… otra vez", y cambiarle de canal a la tele.

Y es por ello que la Primera "A" es un chiste. Nadie la respeta, porque sus propios miembros no se respetan a sí mismos. En estos días, con Rhett Nieto, un amigo de Veracruz tratábamos de buscar los planteles actualizados de Primera "A" para un juego de computadora. Fue imposible.

Por supuesto, se entiende el futbol-negocio. Si un equipo no tiene el arrastre económico para sobrevivir, entonces no tiene sentido tenerlo. Ser románticos en el Siglo XXI equivale a seguir pensando que algún día el hombre se va a poner de acuerdo y que la paz total en el mundo es alcanzable.

Pero la situación se podría resolver con organización. Si en México no hay 42 plazas (el número de equipos entre Primera y Primera "A"), entonces para qué seguir con la pantomima de ocupar esos espacios. ¿Liga Premier? Por supuesto, pero con otras reglas.

Cuando se habla de suprimir el descenso, están yendo por el camino equivocado. Mejor tener dos divisiones de 14 o 16 equipos cada una, con tres ascensos y tres descensos. La seguridad económica estaría garantizada y caer a la división inferior no sería un gran trauma porque hay una buena oportunidad de regresar al año siguiente.

Mientras tanto, y en lo que los directivos se deciden a hacer algo habrá que ver lo que deciden FIFA y UEFA sobre el caso del Granada 74 y soñar con que un día la CONCACAF tenga a su Michel Platini, que busque poner orden en nuestro futbol. Claro, habrá que esperar sentados, porque como sucede siempre, para el futbol México es tierra de nadie.

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