El mejor portero del mundo

Me lo dijo un colega argentino en Seúl. "Qué nervioso estaba en el México-Argentina de la Copa América. En el primer tiempo estaba seguro de que nos iban a ganar. Y después llegó el gol ese. ¿Cómo...

Me lo dijo un colega argentino en Seúl. "Qué nervioso estaba en el México-Argentina de la Copa América. En el primer tiempo estaba seguro de que nos iban a ganar. Y después llegó el gol ese. ¿Cómo se le ocurre a Hugo Sánchez poner a un buen portero, Oswaldo Sánchez, en lugar de uno de los mejores del mundo, como Ochoa? Porque no tengo duda que es uno de los mejores del mundo".

El comentario me sorprendió. Sobre todo porque no es muy común que a los jugadores que están en el campeonato mexicano se les reconozca tan fácilmente en el extranjero.

Es verdad que, en los últimos años, los partidos de Copa Libertadores y las transmisiones de televisión de Fox Sports han permitido que Latinoamérica conozca un poco más al futbol de nuestro país pero, aún así, un comentario de esa naturaleza, hecho, además, por un argentino –tierra de grandes porteros- no dejó de llamarme la atención.

A partir de ahí, me puse como objetivo observar a Ochoa en la siguiente oportunidad que tuviera. Y nada mejor que el partido contra Brasil. En la Copa América, el bautizo de fuego del portero americanista fue precisamente ante la Verdeamarelha, y valía la pena observar si era capaz de mantener el nivel o, como le sucedía en el pasado, fallaba en situaciones de presión.

Mientras veía el juego en mi computadora (porque en España no pasan este tipo de partidos en la televisión), lo iba comentando por messenger a un amigo inglés que no tenía oportunidad de verlo. No miento si digo que, de 20 frases que escribí, 10 decían algo así como "otra atajada espectacular de Ochoa".

No vale la pena describir en estas líneas la actuación del portero nacional. Todos la vieron. Lo que sí quiero decir es que ahora pienso que mi colega argentino tiene razón.

Hay pocos guardametas en el mundo con las cualidades del mexicano. Serenidad, técnica bajo los postes y sangre fría.

Además, Guillermo heredó la principal aptitud de la escuela de porteros mexicanos: la capacidad de manejar la pelota con los pies. Da gusto ver como controla la pelota y la toca al compañero mejor ubicado en situaciones en las que Coupet, Robinson o hasta Buffon la hubieran reventado al arcoiris.

México siempre ha sido tierra de buenos porteros. El mejor de los últimos tiempos, sin duda, Jorge Campos, a quien el mundo nunca le reconoció en su máxima medida sus impresionantes cualidades y los aportes que hizo a la posición de guardameta.

Los que siguieron después fueron buenos, pero no la crema y nata del planeta. Ni Oswaldo Sánchez -que tuvo un gran torneo en la Confederaciones y después se fue apagando-, ni Óscar Pérez estuvieron a la altura de su ilustre predecesor.

Por lo que se ha visto, Ochoa tiene todas las condiciones para ser un grande y, poco a poco, se le está reconociendo en el mundo. Sólo una palabra de advertencia: mejor que se vaya pronto al extranjero. No tanto por una diferencia de calidad, sino porque, en México, inevitablemente lo van a inflar hasta volverlo insoportable y cuando esas burbujas se revientan las caídas suelen ser muy dolorosas.

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