Un futbol bananero

En columnas pasadas he escrito que, en el tiempo que llevo en Europa, he descubierto que la principal diferencia entre las mejores ligas del mundo y la mexicana no es futbolística. Es verdad que...

En columnas pasadas he escrito que, en el tiempo que llevo en Europa, he descubierto que la principal diferencia entre las mejores ligas del mundo y la mexicana no es futbolística. Es verdad que hay un abismo entre el Barcelona o el Manchester y el Pachuca, pero cualquier equipo azteca podría con el Aston Villa, el Betis o el Palermo.

Pero en donde sí se nota quién es de primer mundo es en los factores extra cancha. Y lo sucedido en los últimos días me lo dejó mucho más claro. Hace un poco más de una semana, el Chelsea despidió a José Mourinho. Fue un escándalo. ¿A quién se le ocurre echar a un técnico exitoso, Campeón de liga y que mantuvo al equipo siempre en los primeros planos?

Los aficionados lloraron, exhibieron pancartas y la prensa condenó unánimamente a Román Abramovich, el dueño del equipo inglés. Es verdad que no habían arrancado bien la liga, pero en un país en donde la continuidad es un arte, y los mejores técnicos se mantienen en sus equipos por décadas, la decisión fue tomada como un abuso de poder y un berrinche.

En México, las Chivas echaron a José Manuel de la Torre, el sexto técnico en la era Vergara. No importó que el "Chepo" le hubiera dado al equipo el campeonato que añoraba por más de una década, ni tampoco que lo llevara a una Semifinal de Libertadores o a la Final de CONCACAF. Los tapatíos no estaban jugando bien en el inicio de la temporada y, en consecuencia, toda la capacidad que había mostrado el entrenador en el pasado ya no servía. Hasta luego y muchas gracias por los servicios rendidos.

Pero eso no es lo más grave. Lo peor es que ya estamos acostumbrados. Los clubes echan a los técnicos a la menor provocación. Eso ya es un sobreentendido del futbol mexicano y hay que vivir con ello, como hay que hacerlo con los cambios de sede, el Draft de jugadores y las camisetas tapizadas de publicidad. Pasa tan seguido que a veces perdemos la dimensión de que son cosas que sólo pasan en torneos de futbol bananeros; y que el nuestro es el ejemplo perfecto.

Y ojo que yo no estoy de acuerdo con que la continuidad sea siempre buena. Si tomamos el caso de Miguel Herrera, nos damos cuenta de que la Directiva de Monterrey hizo todo lo posible por mantenerle la confianza hasta que su continuidad se hizo insostenible -y ojo que el "Piojo" es un gran técnico-. En casos así, un cambio es necesario. Por desgracia, en nuestro futbol esas situaciones son la aplastante minoria.

Y el triste estado organizativo de nuestro futbol se demuestra también en el arbitraje. Y es un problema de raíz. De concepto. Hace unos dos años, en Milenio hicimos un análisis cuantitativo de las tarjetas en México, comparándolas con otros campeonatos en el mundo. El resultado fue doloroso y nada sorprendente: En nuestro país se sacan casi el doble de amarillas y rojas que en cualquier campeonato importante de Europa o Sudamérica.

¿Es porque se juega un futbol más violento, mas físico? Para nada. Sólo hace falta ver un partido de la Premier o la Serie A para darse cuenta de lo contrario. Lo que pasa es que en el futbol mexicano se cree que la única manera de controlar un encuentro es mostrando cartulinas al por mayor.

El partido Necaxa-Tecos de la semana pasada es un gran ejemplo. En ninguna parte del planeta se puede expulsar a un jugador por dos tarjetas amarillas en dos minutos. Y después hacer un festival en la recta final del partido, como lo hizo Marco Antonio Rodríguez, que probablemente rompió un récord mundial al mostrar ¡siete amonestaciones y una expulsión en 10 minutos!

Pero, como siempre, ya estamos acostumbrados. Los jugadores fingen que las entradas son más fuertes para que el rival se gane una tarjeta fácil, los técnicos ya no protestan porque saben que los pueden echar a la menor provocación, los aficionados se enfurecen si con cada falta no hay una cartulina y los pocos árbitros razonables como Armando Archundia o Roberto García se suman también a la moda y reparten tarjetazos a diestra y siniestra.

Cuando Aarón Padilla dice que "las amonestaciones y expulsiones mostradas en los partidos fueron correctas", debería hacer un viaje de investigación por Europa. Quizá así descubriría que, como de costumbre en factores extra cancha, el futbol mexicano tiene un problema. Triste pero cierto.

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