Ideas brillantes

Hace unos días, la Premier League anunció un plan con el que, al estilo de la NFL pero maximizado, sus equipos jugarían una jornada de liga fuera de su país. Asia y los Estados Unidos eran los...

Hace unos días, la Premier League anunció un plan con el que, al estilo de la NFL pero maximizado, sus equipos jugarían una jornada de liga fuera de su país. Asia y los Estados Unidos eran los destinos principales y los ejecutivos ingleses se frotaban las manos anticipando grandes entradas y generosas entradas de publicidad.

Sin embargo, el proyecto ha sido rechazado por todas partes. La Confederación Asiática, que desde hace años mira con desesperación cómo los aficionados del continente prefieren las ligas europeas a las propias, considera que sería el último clavo al ataúd de los torneos domésticos.

También la FIFA y la UEFA rechazaron tajantemente la idea. Para los organismos, los campeonatos tienen que permanecer locales y, seguramente se imaginan que, si la situación cambiara, volvería la idea del G-14 de hacer una Superliga europea, algo completamente inaceptable para ellos, porque también acabaría con el interés en las ligas locales.

Por último, también los poderosos comités de aficionados ingleses protestaron. El hecho de que los partidos de liga se vayan de su país es para ellos, una muestra más de cómo se han apoderado los millonarios de sus equipos, y de la famosa tradición del futbol inglés sólo queda el recuerdo.

Es una batalla más entre regionalismo y globalización. Mientras en el mundo las fronteras son cada vez más relativas, el futbol sigue siendo el paraíso de los localismos, en donde las antiguas rivalidades entre clanes aún son válidas, en el que no es políticamente incorrecto que se peleen católicos y protestantes, o ricos y pobres.

Y, curiosamente, como mexicano, la idea no me parece demasiado descabellada. Acostumbrados a que mi Selección no juegue nunca en el país, o a que el torneo que califica a los equipos a la Copa Libertadores se dispute en Estados Unidos, a nosotros esa globalización nos llegó mucho antes.

Claro, como ha sucedido antes con la Ley Bosman, o con el hecho de que una empresa tenga más de un club, aquí no pasó nada cuando se llevaron los partidos a otro país. Nadie reclamó y no hubo revuelo alguno. En México las grandes empresas han dominado el futbol desde que empezó, así que tampoco debe sorprendernos.

Así, visto desde una perspectiva neutral, ¿es bueno o malo el plan inglés? Pues la verdad es que a mí no me parece particularmente escandaloso. Creo que el futbol tiene que entender que ya está en la globalización, pero sin perder su esencia. Y si se hace de forma controlada, mucho mejor.

El problema es que no se puede confiar en que los empresarios respeten la pasión y no enloquezcan atraídos por los potenciales millones dólares. Así que quizá que sea mejor así, mejor que la puerta quede cerrada a que, por tratar de entreabrirla, terminen rompiéndola para siempre.

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