Un desastre con nombres y apellidos

La verdad, para cualquier antiamericanista que se precie de serlo, la temporada actual de las Águilas ha sido una maravilla. ¿Último lugar general? ¿durante varias jornadas? ¿ocho puntos? Ni en...

La verdad, para cualquier antiamericanista que se precie de serlo, la temporada actual de las Águilas ha sido una maravilla. ¿Último lugar general? ¿durante varias jornadas? ¿ocho puntos? Ni en nuestros sueños más alocados nos hubiéramos imaginado una situación así.

Y, sin embargo, hay algo perturbador en la situación. Es como si el balance de la fuerza se hubiera ido por completo del lado de la luz. Se vuelve aburrido incluso. Las bromas a los americanistas ya ni siquiera hacen gracia, por lo repetitivas que se han vuelto.

El "ódiame más" no se lo cree nadie ahora. Que América ande tan mal le quita sabor al futbol mexicano. Prefiero verlo perder en la Liguilla, en el último minuto de la Semifinal que en la situación actual.

Durante todo este periodo se ha hablado sorprendentemente poco de la catástrofe de las Águilas y sobre todo, de las razones por las que ha sucedido. Todos sabemos que están plagadas de lesionados que, salvo Cabañas, sus extranjeros han sido un desastre y que sólo Ochoa y Villa están a la altura de la historia del equipo.

Pero, ¿cómo llegó la situación a este punto? Este desastre, por supuesto, tiene nombres y apellidos. Y no son los de Enrique Esqueda, Richard Núñez y Rubén Omar Romano. Los problemas vienen de mucho más atrás…

El América ha sido, desde hace mucho tiempo, un nido de grillos. Y en buena medida, quienes lo propician son los que pusieron a las Águilas en el lugar en donde están ahora.

En los ochenta, no hubo otro equipo más dominante en el futbol mexicano. Zelada, Tena, Brailovsky, Ortega, Bacas, Bravo, Farfán. Fue una generación espectacular, que se volvió simbólica y que ahora los americanistas ven con nostalgia.

Sin embargo, el hecho de que hayan sido grandes jugadores no implica que sean, ni mucho menos, buenos técnicos. De hecho, si analizamos los resultados de esos ex jugadores como entrenadores, podemos encontrar muy pocos éxitos. Y ninguno con la casaca americanista.

Hasta hace un par de años, el América tenía una estructura bien establecida. Lapuente era el Vicepresidente Deportivo, Carrillo (o los que le siguieron) el técnico, Almaguer el Director Deportivo y Jaime Ordiales el entrenador de la Primera "A". El equipo mezclaba altas y bajas pero ganaba títulos y peleaba hasta el final en la Libertadores.

Entonces llegaron los ex americanistas. En una de las decisiones menos afortunadas en la historia del equipo, Guillermo Cañedo decidió echar a Lapuente y todo su equipo se fue con él. Llegaron los ex americanistas y con ellos el desastre actual.

Los Tena fueron una calamidad. Consiguieron en pocos meses, deshacer toda la estructura creada. Contrataron a personajes como Juan Antonio Luna o Cristóbal Ortega y le dieron más peso a otros, como José Enrique Vaca. Todos grandes ex jugadores con poco más que presumir, y que grillaron como nadie cuando había otras personas en el campo, que no tenían un pasado azul y amarillo. Paradójico, son los símbolos quienes ahora simbolizan el caos en que está metido el equipo.

Como por arte de magia, el equipo de Primera pasó de pelear por el título a estar en el fondo de la tabla. El equipo de Primera "A" dejó de estar en la Liguilla y por segundo torneo consecutivo, es el último lugar general. De las Fuerzas Básicas mejor ni hablar pero valdría la pena que se hiciera una investigación de fondo al respecto de las cosas que pasan adentro de Coapa.

Se fue Luis Fernando Tena y llegó Brailovsky, a quien pese a todo, me parece que echaron demasiado pronto, porque el equipo no andaba tan mal. Pero el "Ruso" trajo a otros ex americanistas para sumarse a la colección. Y el desastre siguió siendo el mismo. Con Romano el equipo ha tocado fondo, pero el problema es mucho más profundo y viene de más atrás.

Vale la pena dejar algunos puntos para la reflexión. Chivas tiene en este momento, a la mejor cantera de México, de la que suben cada torneo, nuevos jugadores. ¿Y América? ¿Dónde están Fernando Julien, Joaquín Martínez y otros jóvenes que tanto prometían apenas unas temporadas atrás?

Se habla de limpia al final de la temporada. Pero esa no tiene que llegar en la cancha. Los dueños del equipo tienen que entender que, para ganar, hay que contratar a los mejores, en todos los puestos.

Si son símbolos, mejor aún. Pero el amor al equipo no da capacidad. Si esos ex jugadores emblemáticos no saben cómo hacer el trabajo para el que fueron contratados, mejor darles una pensión vitalicia, hacerles un homenaje y pasar a otra cosa. Porque, por más divertido que sea para los que lo odiamos, el América no debería ser el hazmerreír del futbol mexicano.

P.D. ¿Alguien entendió la lista que dio Jesús Ramírez? ¿Por qué nunca la Selección está compuesta de los mejores jugadores del país?Opina de esta columna aquí.

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