El poder al pueblo

Durante muchos años, los dueños de los clubes en el mundo abusaron de sus jugadores. El futbol tenía lo más parecido a un sistema feudal en el que los futbolistas tenían que militar en la escuadra...

Durante muchos años, los dueños de los clubes en el mundo abusaron de sus jugadores. El futbol tenía lo más parecido a un sistema feudal en el que los futbolistas tenían que militar en la escuadra que quisieran los directivos e incluso con el sueldo que les impusieran.

Hasta hace unos cuarenta años, en España, si eras extranjero no tenías posibilidad de trabajo porque estaban bloqueadas las transferencias internacionales. En Alemania no existía el profesionalismo, y los futbolista internacionales, incluso campeones del mundo, tenían trabajos fantasma.

En Inglaterra el salario mínimo era equivalente a 4000 pesos actuales al mes, una suma ridícula para la cantidad de dinero que recibían los clubes de los aficionados que llenaban semana con semana los estadios del país.

Con el paso del tiempo la cosa fue mejorando, sobre todo en cuanto a los salarios, aunque sin llegar jamás a alcanzar la libertad laboral que tenían otros trabajadores de elegir las empresas que más les convinieran. Si estabas en un club, te tenías que quedar ahí hasta que el club quisiera venderte y punto.

Hasta que, con la Ley Bosman todo cambió. La entrada de la Unión Europea para solucionar el caso de un futbolista belga abrió el mercado y obligó a la FIFA a redactar un reglamento que cambió por completo la balanza del poder en el futbol mundial.

De pronto, los futbolistas podían emigrar al club que quisieran al terminar sus contratos sin que nadie tuviera que pagar un quinto. Los salarios aumentaron de una manera impresionante, el mercado se movió más que nunca y los precios se dispararon. Futbolistas como Nicolás Anelka han cambiado de clubes seis o siete veces en los últimos años en operaciones que rebasan las 100 millones de libras esterlinas.

Fue un gran salto para la democracia en el balompié mundial. Sin embargo, con el paso de los años habría que preguntarse si el poder de los jugadores no es ya demasiado. Esta mañana, el Presidente del Tottenham inglés, Daniel Levy, hizo un reclamo ante la FIFA, sus grandes estrellas, Dimitar Berbatov y Robbie Keane habían llegado a acuerdos con otros clubes a sus espaldas, sin haber acabado el contrato que los unía con los Spurs.

El directivo anunció que el club no tenía ninguna intención de vender a sus jugadores, pero dada la presión de los mismos, no le quedaba de otra más que hacerlo, porque, de lo contrario, el ambiente en el vestidor se pudriría.

Lo mismo ha sucedido con el caso Cristiano Ronaldo. El portugués ha protagonizado una verdadera, y cada vez más aburrida, telenovela con su posible traspaso al Real Madrid. A pesar de tener todavía contrato vigente, el portugués ha apostado por apretar lo más posible al Manchester para que lo venda a España (por lo menos según lo que dice la prensa española, que no es muy confiable que digamos).

Lo mismo parece estar pasando ahora con Kaká en el Milán. ¿Qué alternativas tienen los clubes en esos casos? Muy pocas. Si no venden al jugador, éste estará insatisfecho y su rendimiento bajará. Si lo castigan, entonces su cotización bajará y, en la práctica, perderán dinero, además de a una de sus estrellas.

En general, en el mundo común y corriente, los contratos se respetan, y ese era el espíritu con el que la FIFA creó su reglamento de transferencias. Por ello no es bueno lo que está sucediendo ahora en el futbol mundial.Tampoco se trata de ponerse del lado de los empresarios que ganan millones con sus equipos y que también han propiciado esta situación de salarios bestiales. Pero sí es una lástima por los aficionados. Berbatov es el gran ídolo de los fanáticos del Tottenham, que esperaban verlo con la camiseta del club por los dos años que le quedan de contrato. Ni qué decir de Ronaldo y Kaká.

Creo que habría que encontrar un justo medio, tal como con las transferencias de menores de las que escribí en la columna pasada. Porque está muy bien que los jugadores tengan el poder –finalmente son los que hacen el espectáculo-, pero si firman un compromiso con un club y sus fanáticos, lo menos que tendrían que hacer es cumplirlo.Aunque bueno, en realidad lo peor del caso es que en México ni siquiera tenemos esas discusiones. En nuestro país sigue existiendo el ridículo sistema feudal de hace cuarenta años gracias a ese genial "pacto de caballeros". Esa sí es una verdadera tristeza.

Opina de esta columna aquí.

Newsletter MT
Suscríbete a nuestro boletín de noticias deportivas.
No te pierdas