Naturalizados: la enésima polémica

De nuevo otra convocatoria de un naturalizado, y de nuevo la misma polémica de costumbre. ¿Leandro sí o Leandro no? ¿Es mejor que los "mexicanos" en su posición? ¿Se hace lo mismo en Francia,...

De nuevo otra convocatoria de un naturalizado, y de nuevo la misma polémica de costumbre. ¿Leandro sí o Leandro no? ¿Es mejor que los "mexicanos" en su posición? ¿Se hace lo mismo en Francia, Italia o Polonia? Son argumentos que se escuchan desde que Gabriel Caballero fue convocado por primera vez antes del Mundial de Corea/Japón.

Recuerdo que en aquel entonces yo trabajaba en Canal 40, y tuve una acalorada discusión con otro conductor que estaba en la misma televisora. Él argumentaba que había mexicanos de primera y mexicanos de segunda. Y, por ello, estaba absolutamente en contra de los naturalizados en la Selección.

Mi punto de vista era, y es, el contrario. Como se ha repetido también hasta el cansancio, la Constitución no hace distinciones, pero mi postura va mucho más allá. A lo largo de la historia del país, incontables extranjeros han ayudado a formar la identidad nacional.

Desde el Himno Nacional de Jaime Nunó, un catalán cuyo verdadero nombre es Jaume Nunó, hasta los millones de mexicoamericanos de segunda generación que, a pesar de haber nacido al norte de nuestras fronteras siguen mandando dinero a sus familias en el país y ayudando a soportar la cada vez más maltrecha economía nacional.

Muchos, si no es que casi todos los mexicanos, tenemos sangre extranjera corriendo por nuestras venas. Ya sea por el mestizaje español o, como es mi caso, por línea directa. Mi madre es extranjera y sus padres fueron también extranjeros en el país donde nació. La guerra, las dictaduras y la intolerancia los obligaron a emigrar, pero eso nunca impidió que amaran a sus países adoptivos y que dieran la vida por ellos.

Uno no elige el lugar donde nacer pero sí los símbolos que quiere representar. Y, en cierta medida, hacerlo conscientemente es una decisión más importante. La tierra nativa siempre llama, pero hay que admirar siempre a los que dejan que su corazón sea ganado por otro sitio, y deciden representarlo, en el ámbito que sea.

Me da gusto, además, darme cuenta que quienes avivan la polémica ahora son los mismos que lo hacían antes. Periodistas de una generación que va de salida, que no ha entendido que en el mundo del siglo XXI las fronteras son cada vez más difusas, y el libre albedrío gana cada vez más sobre el acta de nacimiento.

Eso sí, jamás estaré a favor de la naturalización por conveniencia. Hace unos años la FIFA prohibió que la Selección de Qatar naturalizara a tres brasileños que nunca habían pisado el país. Tiene lógica. Finalmente, los representativos nacionales son de los pocos símbolos capaces de catalizar los nacionalismos hacia la diversión lúdica y no hacia la violencia, y por ello hay que hacer lo posible porque sean respetados.

Sobre los ejemplos en otros países, vale la pena considerar un poco el caso de Francia y España, y no precisamente en el futbol. ¿Sabían que, como residente en una ciudad en ambos países, puedes votar para elegir a tus gobernantes directos? La lógica detrás de la medida es que, aunque no hayas nacido en el lugar en que vives, las decisiones de sus gobernantes te afectan directamente.

Como es lógico, no estoy en contra del llamado de Leandro. Tampoco creo que valga la pena considerar un límite para naturalizados. Nuestro país tiene reglas muy claras sobre la naturalización y tampoco es tan fácil conseguirla así que el "peligro" de que México sea representado alguna vez por 11 naturalizados es francamente mínimo.

Eso sí, como cualquier mexicano, un naturalizado tiene que competir con los 100 millones para conseguir su trabajo en igualdad de circunstancias. ¿Futbolísticamente, el contención de Pumas puede aportar? Estoy convencido que sí, aunque creo que los titulares en esa posición deberían ser Pardo y Torrado. ¿Puede hacerlo el Guille Franco?También. ¿Sinha? En ese caso, creo que México tiene mejores jugadores en el medio campo.

Pero es la misma polémica que con cualquier otro, y me da gusto que, cada vez más, en México se abra la puerta a la tolerancia y que los que sigan alentando el debate sean las mismas voces que, en unos cuantos años, van a ser sólo parte del recuerdo.

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