Se buscan líderes

Durante los pasados meses, seguí con mucha atención la campaña Presidencial de los Estados Unidos. Incluso desde las primarias demócratas, me gustó mucho el discurso de Barack Obama. Articulado,...

Durante los pasados meses, seguí con mucha atención la campaña Presidencial de los Estados Unidos. Incluso desde las primarias demócratas, me gustó mucho el discurso de Barack Obama. Articulado, lógico y con sentido. Además, con una energía muy poco común en un político.

En general, los hombres de estado están totalmente desprestigiados. Y se lo han ganado a pulso. Promesas vacías, falta de honestidad, ansia de poder. Parecería que la misión de hacer la vida mejor para los gobernados pasara a segundo término y en primero estén las rencillas personales, la grilla en general y el enriquecimiento ilícito.

Por ello el discurso de Obama es tan refrescante. Además, y sobre todo, porque habla como cualquiera de quienes lo escuchan. Sus palabras tienen sentido, el auditorio se identifica con ellas y confía en que las lleve a la práctica.

¿Qué tiene que ver esto con el futbol mexicano? Que en nuestro balompié (y en el país en general) no existen líderes así. Es más, no estamos ni cerca. Y vaya que nos hacen falta, dentro y fuera de la cancha.

¿Alguno de ustedes se siente identificado con Jorge Vergara, Justino Compeán o Guillermo Álvarez, por mencionar a algunos? ¿Creen que les hablan derecho? ¿Entienden las razones detrás de sus actos o se sienten satisfechos con la manera en que explican sus movimientos?

Yo no. A veces lo que hacen me parece incomprensible. Otras, parece que se les ocurriera una idea un día, media hora más tarde otra y después hicieran un revoltijo para acabar con una más que no tiene nada qué ver. Unas más, parecerían actuar como se les pega la gana, sin reflexionar. El entusiasmo de los aficionados por sus equipos se disipa cada vez que escuchan a sus dueños.

De los entrenadores, ni hablar. El último que habló sin cortapisas fue Javier Aguirre. Quizá nadie como él en el futbol mexicano ha sido tan similar a Obama en franqueza y energía. Después tuvimos a Ricardo La Volpe, sus excentricidades y su delirio de persecución.

Y luego a Hugo Sánchez con su protagonismo y ambición desmedida. Ahora Sven-Göran Eriksson, tranquilo y coherente como es, nos queda demasiado lejos, aunque se le agradece su claridad al explicar cada situación, por absurda que nos parezca.

En el torneo mexicano, lo mismo. Del entorno de Raúl Arias se sabe poco y se habla menos, Galindo transmite mucho menos en la banca de lo que hacía en el terreno, a Ferreti, auténtico como nadie, lo traicionan los ataques de rabia.

En la cancha pasamos por un momento de sequía de liderazgo. Rafa es un ejemplo a seguir… cuando juega en el Barcelona. En la Selección lo traiciona la pasión y comete errores de juicio impensables vestido de azulgrana. Pardo es inteligente y quizá el más capacitado para asumir ese rol, pero le falta esa energía contagiosa. Oswaldo es demasiado intenso y no genera consenso en cuanto a su capacidad. Los demás son muy jóvenes.

Lejos estamos de la generación del 94, que tenía referentes en todas las líneas. O incluso la del 98, con el Manuel Lapuente más lúcido y brillante y García Aspe, Claudio Suárez y Ramón Ramírez en su mejor momento.

Al futbol mexicano le faltan líderes. Personajes que, al escucharlos, uno sienta que están hablando derecho, que no tienen miedo a tomar decisiones y tampoco a explicarlas a la gente que quiera saberlas.

Directivos que pongan al equipo antes que a ellos, técnicos que hablen con claridad con la prensa y reconozcan sus errores, jugadores que en la cancha no pierdan la cabeza ni tengan miedo y fuera de ella enseñen a los más jóvenes y sean ejemplo a seguir para los aficionados.

Claro, para ello sería bueno que la sociedad mexicana pusiera el ejemplo.

Lamentablemente, en la vida social estamos igual. Sería maravilloso que surgiera un Obama de alguna parte, aunque la verdad no se ve claro por dónde. Ni en las urnas, ni en las cámaras, ni en los medios de comunicación.

Por lo pronto, el futbol tendrá que rascarse con sus propias uñas. No tengo duda de que la falta de líderes es una de las razones de nuestra crisis actual de resultados. Y, mientras no surja uno, el "sí se puede" seguirá saliendo de las tribunas y no de adentro de la cancha, que es donde más importa.

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