Pumas, serenidad y paciencia

El mal momento de Pumas se ha convertido en un lugar común. Todos tratan de explicarlo, nadie puede resolverlo. Voy a contribuir un poco al tema, aunque intentaré evitar repetir conceptos.

El mal momento de Pumas se ha convertido en un lugar común. Todos tratan de explicarlo, nadie puede resolverlo. Voy a contribuir un poco al tema, aunque intentaré evitar repetir conceptos ya escritos en otra parte. En principio, me parece que hablar de crisis es exagerar. Es verdad que perder cinco partidos seguidos siendo Campeón no es particularmente agradable, pero desde que Ferretti tomó al equipo, ha pasado por varios bajones y ha sido capaz de recuperarse, así que pensar en medidas drásticas o pasar a la acción sería precipitado y poco inteligente. Creo que las causas son varias, y ninguna es demasiado preocupante. En primer lugar, Pumas es víctima de sus éxitos pasados. El equipo no estaba hecho para ser campeón (lo dijo el mismo “Tuca” durante el torneo pasado), y el título fue un gran resultado para una plantilla de buen nivel, pero no extraordinaria. Eso llevó a una relajación inicial en una Pretemporada de por sí corta. Es, como diría mi amigo Luis Herrera (que me ayudó en el análisis general), haberse ligado a Scarlett Johansson una noche de locura y después decidir no ir a trabajar al día siguiente para celebrarlo. En ese mismo tenor está la decisión de no contratar refuerzos. De nuevo, el equipo que tenían los universitarios el año pasado era de buen nivel, pero para nada dominante. Se trataba, además de una plantilla muy corta que tuvo la suerte de no tener ausencias de importancia y que nunca se apoyó en jugadores de Fuerzas Básicas para cubrir los huecos eventuales de los titulares. En una circunstancia así, perder dos jugadores (Cacho y Toledo), más contar con lesionados, ha desnudado la falta de banca que tiene Pumas este torneo. El rendimiento de los jugadores (y de cualquier trabajador) es cíclico, tiene subidas y bajadas. Pumas tuvo un momento colectivo muy importante, y es normal que algunos de sus jugadores estén a la baja ahora. Por eso los grandes campeones siempre contratan dos o tres jugadores para apuntalar a quienes puedan fallar. Los auriazules no lo hicieron, y están pagando las consecuencias. Y, para rematar, los malos momentos son profecías autocumplidas. Pumas no jugó mal contra Atlas y perdió con bastante mala suerte. Contra Cruz Azul, Darío Verón, la estrella del equipo, cometió el error de su vida. ¿Cómo recuperarse anímicamente de eso? Después el equipo estaba dando un partido razonable contra Toluca, recibió un gol tonto y no pudo recuperarse. Ante Tigres le expulsaron a dos jugadores vitales. Y ahora contra Tecos (me niego a decirle Estudiantes), la otra figura defensiva del equipo, Bernal, fue quien tuvo un fallo increíble. Es una mezcla de mala suerte, malas decisiones y falta de confianza, que provocan que la bola de nieve se haga más grande con cada partido. Y, ante esto, lo que debe privar es la calma. El equipo quizá no era tan bueno para ser campeón el año pasado, pero tampoco tan malo como para ser último lugar general. Pero también hay que aprender de los errores. No reforzarse fue una grave equivocación, como también lo fue no trabajar con las Fuerzas Básicas para generar jugadores capaces de cubrir los huecos de los traspasados y lesionados. No es lo mismo mandar a un equipo B a jugar la Concachampions, que alternar a los novatos con veteranos en partidos importantes, para darles fogueo. Como ejemplo hay que ver al Toluca, donde el recambio es natural y ha sido capaz de reemplazar incluso a su goleador, Mancilla, con un joven de la cantera (Nava, del que yo ya les había hablado hace un año y que considero que tiene las características para ser el 9 nacional muy pronto). El próximo partido de Pumas es contra Querétaro, otro equipo en crisis, con una plantilla de menor calidad y problemas internos. Los universitarios tienen que estar tranquilos, olvidarse del pasado y jugar como saben. Lo bueno de los círculos viciosos es que sólo hace falta romperlos para cambiar la inercia. Esa debe ser la mentalidad.

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