Adiós trotamundos

Primero que nada, una disculpa por el nuevo retraso en mi columna. Los fines de semana de Eliminatorias son asesinos para mí y me obligan a trabajar hasta altas horas de la noche.

Primero que nada, una disculpa por el nuevo retraso en mi columna. Los fines de semana de Eliminatorias son asesinos para mí y me obligan a trabajar hasta altas horas de la noche, y eso muchas veces me impide enviar a tiempo mi colaboración para MedioTiempo, a cuyos editores le agradezco la paciencia, lo mismo que a ustedes. Mi intención hoy era hablar sobre la cantera del Toluca. Como desde el momento que lo vi jugar por primera vez, sigo impresionado con el potencial de Raúl Nava, y también tengo claro que no es el único talento que despunta de la academia roja. Pero hay un tema obvio que me hace posponer el proyecto y dejarlo para una mejor ocasión. Curiosamente, cuando pensaba en qué escribiría en esa columna, una de mis ideas era mencionar cómo el último centro delantero que joven me generaba el mismo entusiasmo que Nava era Antonio de Nigris. Y hoy en la mañana me despertaron con la llamada ominosa de su fallecimiento, tan inesperado como lamentable. Decir que me ligaba una amistad con Toño sería mentir por completo. Mi contacto con él era, esencialmente, por medio de llamadas telefónicas cada pocos meses. Era uno de los pocos futbolistas mexicanos en Europa que nunca se negaba a contestar unas preguntas. Quizá era porque no jugaba en una liga de primer nivel, o porque no era tan mediático como otros, pero quiero pensar que era más bien por una cuestión de decencia y de educación. Cada vez que hablábamos, me quedaba la idea de que el mayor de los De Nigris era un muy buen tipo. Esa es una de las causas por las que su muerte es tan difícil de digerir. Con tantos asesinos, secuestradores e hijos de p... en general  que existen en el mundo, la muerte súbita de un deportista de 31 años, en el mejor momento de su vida, resulta inexplicable y absurda. Treinta y un años. Nada. Tenemos casi la misma edad y me cuesta trabajo hacerme a la idea de ir a tu cama una noche y no despertar al día siguiente. ¿Por qué eso nunca le pasó a los Pinochet, Videla, Mugabe y Francos del mundo, y sí a los Puerta, Feher y De Nigris? Por lo menos, (y de poco consuelo resulta), Antonio decidió atreverse a vivir su vida. Cuando otros se hubieran conformado con su coche último modelo y buen sueldo en un equipo de media tabla, De Nigris se fue a la aventura. No siempre le fue bien. En Villarreal, Once Caldas, Pumas y Poli Ejido tuvo pasos aceptables. En Santos de Brasil y sus otros regresos a México no tuvo mucho éxito. Pero siempre volvía a apostar por el inconformismo y hacía las maletas de nuevo. Sea como sea, lo bailado nadie se lo quitó nunca. Por fin, encontró una estabilidad futbolística en Turquía que le permitió volver con la selección. No era el delantero de 21 años que prometía ser el mejor 9 de México, pero sí un jugador que podía ser útil en momentos determinados con su juego aéreo y físico. Tras la salida de Hugo Sánchez no volvió a ser considerado para vestir de verde, pero su mirada estuvo siempre en Sudáfrica. Tras malos momentos en su última etapa turca, parecía resurgir en Grecia. Me llaman mucho la atención los comentarios de aficionados del Larissa, su equipo actual, en su página de videos de YouTube. “Adiós Antonio, nuestro guía”, dice uno. “Se va un grandísimo jugador”, dice otro. Y eso que sólo jugó unos cuantos partidos en su nueva escuadra y no anotó ni una vez. No vi ningún partido suyo con su nuevo equipo, pero esas palabras dejan constancia de la importancia que había adquirido. Me consta también que, desde hace un par de años, Toño quería volver a México. Se lo impedía el estúpido “pacto de caballeros”, por el que Monterrey quería cobrar lo que ya había cobrado una vez cuando se fue a Villarreal. Y ahora, seguramente, los Rayados le harán un homenaje. Pero tampoco vale la pena echar culpas gratuitas cuando nadie esperaba lo que pasó. No quiero entrar en la cursilería habitual. De Nigris era un buen jugador, un delantero efectivo aunque irregular y un tipo que luchaba los noventa minutos supliendo sus carencias técnicas. Pero, mucho más  importante aún, fue un tipo que nunca se dejó vencer por la adversidad y trató siempre de encontrar un camino alterno cuando el principal estaba cerrado. Y, en mi poca experiencia con él, puedo decir que era una buena persona. Eso es lo que más se va a extrañar. Mi pésame a su esposa y a su hija. Descansa en paz trotamundos.

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