Sobre la hipocresía

(Antes que nada, de ahora en adelante publicaré mi columna los jueves, porque hacerlo el fin de semana ya era muy complicado para mí. Muchas gracias a Medio Tiempo y a ustedes por su paciencia).

(Antes que nada, de ahora en adelante publicaré mi columna los jueves, porque hacerlo el fin de semana ya era muy complicado para mí. Muchas gracias a Medio Tiempo y a ustedes por su paciencia).

Fue hace ya más de 20 años. Yo jugaba en México Soccer, mi escuela de futbol de toda la vida. Enfrentábamos al Club Alemán, que era el líder del campeonato, invicto, goleando a todos. Con 10 minutos por jugarse, estábamos al borde de la hazaña. 1-1 y aguantando todos atrás, esperando a que se acabara el tiempo.

De pronto, córner para ellos. Serie de rebotes hasta que uno de sus delanteros la empujó a la red. Gol, y la hazaña se escapó… o no. Julio, el mejor jugador de nuestro equipo, corrió hacia el Árbitro gritando “¡Entró por afuera, entró por afuera!”, muy pronto todos reaccionamos y lo imitamos. El réferi, que por cierto era medio tuerto, dudó. Se acercó a la portería y descubrió que había un agujero enorme de un lado de la red. Cambió la decisión. Saque de meta y, muy pronto, final del partido con empate.

Supongo que ya saben hacia dónde va este texto ahora. Pero no se preocupen, no repetiré  lo mismo que se ha escrito hasta el cansancio sobre el Francia-Irlanda. Más bien iré en sentido contrario. Y, aunque sea con una semana de retraso, escribiré algo que no he visto publicado en ningún lado hasta ahora.

A raíz de la Main de Dieu, todo el mundo se sintió con derecho de opinar de futbol y valores fundamentales. Nadie podía creer que Henry no hubiera tenido la rectitud moral de ir con el Árbitro y señalar su falta. De pronto, el planeta estaba lleno de personas con sólidos principios, que nunca han mentido en su vida. Leí columnas de Periodistas con el pasado más negro posible, gritando a los cuatro vientos la inmoralidad del jugador.

Y, curiosamente, vi muy pocas condenas de quienes realmente importan: los futbolistas. ¿Por qué? Porque ellos hubieran reaccionado exactamente igual. Quien diga lo contrario nunca se ha puesto unos shorts y ha saltado a una cancha, al nivel que sea. Es fácil criticar desde la comodidad de tu sillón, pero mucho menos cuando estás corriendo en una cancha, jugando ante la mayor presión posible, con tanto en riesgo.

Viendo la jugada, estoy casi seguro que “Titi” lo hizo a propósito, aunque de forma instintiva. Mil veces, en una acción, cuando la pelota te bota mal, por reacción inmediata le metes el brazo. Si el Árbitro la ve, no pasa nada, si no la ve, es su problema. Lo único que realmente me molestó fue la manera de celebrar, pero también lo entiendo, tanta presión liberada en un segundo.

Que no se piense que justifico lo que hizo. Sólo lo explico. Sin duda su falta debió haber sido señalada. Y hubiera sido maravilloso que se detuviera y le dijera al Árbitro que metió la mano. Pero no es parte de la naturaleza de un deportista de alta competición. Y siento decírselo a quienes los idealizan, o a quienes se sientan libres de pecado para tirar la primera piedra.

Esta semana leí la famosa biografía de Andre Agassi. Como lo esperaba, los pedazos que salieron publicados en la prensa esconden una historia mucho más grande y mucho más compleja. De un chico con muchos traumas, que perdió su infancia y adolescencia por el tenis. Hizo tonterías, como todos los de su edad.

Y, una vez que decide contarlo todo, entonces lo critican porque esas verdades son dañinas para la reputación del tenis. No entiendo nada. ¿Entonces qué queremos?, ¿mentiras o verdades? Si mintió en el pasado, mejor que siga mintiendo, porque a veces eso es mejor que decir la verdad. De nuevo, la actitud moralizante, pero en sentido contrario.

El colmo del ridículo fue el de Sergi Bruguera, ex tenista que perdió con Agassi la Final de los Juegos Olímpicos de 1996. El catalán se atrevió a sentirse “robado” y a pedir que le dieran su Medalla de Oro, por la revelación del estadounidense de haberse drogado. Alguien tenía que decirle que eso sucedió en 1997, y que, además, no se trató de una droga para aumentar su rendimiento. Pero para criticar sin pensar todos somos buenísimos.

A lo que voy con esto es que es mucho más fácil ver la paja en el ojo ajeno. Desde nuestro altar de hipocresía opinamos sobre los demás, con toda tranquilidad, sin nunca vernos en el espejo. ¿Los deportistas mienten? Bienvenidos al mundo. Todos mentimos. Y no lo digo yo, sino incontables estudios. No es algo hermoso y todos tenemos la obligación de ser las mejores personas que podemos ser, pero sucede, en todos lados y con todo el mundo.

Que esto que pasó sirva para que la FIFA por fin acepte el uso de la tecnología en el futbol. O para que la ATP mejore sus exámenes antidoping. Incluso para que poco a poco vaya cambiando esa cultura deportiva, tan competitiva. Ojalá.

Y para los que se sienten mal por los “pobres” irlandeses, valdría la pena que revisaran este video del partido Irlanda-Georgia hace unos meses (da clíck aquí). ¿Por qué Robbie Keane -que estaba tan enojado ante Francia- no dijo que no había penal en este caso? ¿O que él bajó la pelota con la mano antes de la jugada? Lo mismo, la paja en el ojo ajeno.

Para concluir. Unos años después de aquel partido contra el Club Alemán, me tocó compartir equipo con algunos de sus jugadores. Todos habían nacido en 1975, y ese encuentro era de categoría 1977. Cachirules. Por supuesto, me sentí indignado, pero ya nada qué hacer. Si se trata de cambiar, tenemos que cambiar todos.

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