Conclusiones mundialistas

De regreso en Barcelona tras 46 eternos días en Sudáfrica, es momento de escribir el balance de esta Copa del Mundo. Pero antes una nueva disculpa por no publicar mi habitual columna la semana pasada.

De regreso en Barcelona tras 46 eternos días en Sudáfrica, es momento de escribir el balance de esta Copa del Mundo. Pero antes, una nueva disculpa por no publicar mi habitual columna la semana pasada. Y no voy a poner pretextos, lo que sucedió fue que en un Mundial los días de la semana se vuelven todos iguales, y no me di cuenta que ya era jueves sino hasta que fue demasiado tarde… consecuencias del exceso de trabajo, supongo. En fin, a nuestro tema. Sudáfrica 2010 es el octavo Mundial en mi memoria. El primero fue España1982, que fue el que me hizo fanático del futbol en una familia a la que no le interesaba para nada, aunque el primero que recuerdo vívidamente fue Italia 1990, que para mí fue inolvidable, incluso sin México y el hecho de que después me di cuenta que el futbol que se había jugado había sido aburridísimo. Por eso, lo primero que diré sobre esta Copa del Mundo que acaba de pasar es para los lectores que nunca habían vivido una antes: ojalá que la hayan disfrutado muchísimo, seguramente la recordarán por el resto de su vida con nostalgia y… les prometo que el próximo va a ser mucho mejor. Aunque no ha pasado tanto como en otras ocasiones, ya hay gente que ha dicho que este es el mejor Mundial de la historia. Nada más lejos de la realidad. Sudáfrica 2010 fue un torneo pobre en el terreno de juego, con pocos partidos memorables y, sobre todo, muy decepcionante fuera de él. En términos de ambiente, este es el peor Mundial que me ha tocado vivir. Sudáfrica es un país con una democracia muy joven y una sociedad muy segmentada. Para que se den una idea, no hay una regla escrita, pero hay discotecas de blancos y discotecas de negros. Aunque el Apartheid cayó hace dos décadas, la división sigue siendo clarísima. Además, el país estuvo aislado por años, precisamente por la política racial de su gobierno. Eso causó que los blancos se hicieran fanáticos del rugby y que los negros nunca conocieran cómo se jugaba al futbol lejos de sus fronteras. En resumen, no hay cultura futbolística en el país, ni tampoco una sociedad preparada para vivir unida un torneo de esta magnitud. Hay que sumarle que el Mundial fue en invierno y que casi no había turistas. Por ello, muchos estadios estaban vacíos. Por eso los FanFests no funcionaron. Por ello, lo único que se les ocurría para apoyar a sus equipos era soplar las horrendas vuvuzelas, no tienen nada más, ni cánticos, ni porras. Los locales le pusieron entusiasmo, pero no había ambiente mundialista. El primer Mundial africano fue un éxito en organización, lo que ya es para celebrar, pero fue un desastre en cuanto a la experiencia para el aficionado. Sobre el futbol, tratando de recordar, sólo puedo pensar en un partido que se volverá un clásico: Uruguay-Ghana. Hubo otros tres de muy buen nivel, Holanda-Brasil, Inglaterra-Alemania y Holanda-Uruguay. Lo demás, muy intenso, muy luchado y poco espectacular. En suma, como Italia 1990. Si en ninguno de los encuentros que mencioné estaba incluido España es porque los de Vicente del Bosque nunca enfrentaron a un rival que se atreviera a jugarles de igual a igual. La Furia Roja enfrentó a las mejores defensas del torneo, una tras otra: Portugal, Paraguay, Alemania, Holanda. Ganó 1-0 cada vez, pero si alguien hubiera tenido los pantalones de jugarle a la ofensiva se hubiera llevado muchos goles en contra en el intento. Sobra decir que, en mi opinión, el Campeón fue más que merecido. También se puede afirmar que, salvo por españoles, chilenos y mexicanos, Sudáfrica 2010 fue el Mundial del contragolpe. La tendencia táctica general fue jugar 4-2-3-1, esperar atrás y tratar de ganar por velocidad. Lo hizo Brasil, lo hizo Holanda y lo hizo Alemania. Argentina buscó proponer, pero sin técnico, defensa y medio campo, la cosa nunca le iba a salir bien. Cada quien habla, por supuesto, de acuerdo a cómo le fue a su equipo. Los uruguayos tendrán una mejor percepción del torneo, y yo también debo reconocer que mi imagen general queda manchada por la intrascendencia de México en el Mundial. Normalmente, el Tri siempre deja algo para el recuerdo. La gran generación de EUA 1994, el futbol ofensivo de Francia 1998, el gol de Borgetti en 2002, el partido ante Argentina en 2006. Ahora lo más que se puede decir del equipo habla de un error arbitral monumental. Fuera de eso, muy poco. Y no es por criticar a Aguirre, que cometió sus errores, pero tampoco hizo tantas locuras como la prensa busca denunciar. Creo que nos tocó un torneo inter-generacional, con jugadores o muy jóvenes o muy veteranos, y así es muy difícil. Yo me la hubiera jugado con la nueva generación pero, siendo realistas, sea como sea, no se iba a poder conseguir mucho más. Mi primer torneo como Periodista fue Atenas 2004. Tras la ceremonia de clausura tomé corriendo un avión para ver el famoso Real Madrid-Pumas en el Bernabéu y unos días más tarde volví a la capital griega. Verla vacía, sin emblemas olímpicos y sin aficionados me partió el corazón. Ahora, tras 46 días en Sudáfrica, lo único que quería era irme de ahí.  Y no era el único. Ninguno de los periodistas que estábamos ahí lamentó demasiado que terminara este Mundial… Brasil, sin duda, será diferente. Síganme en www.twitter.com/martindelp

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