El talento no es lo más importante

En las últimas semanas he leído mucho sobre el papel que juega la suerte en todos los aspectos de la vida, entre ellos el deporte.

En las últimas semanas he leído mucho sobre el papel que juega la suerte en todos los aspectos de la vida, entre ellos el deporte. Mientras más investigo, más me convenzo de lo fundamental que es saber aprovechar las oportunidades que nos presenta la suerte, ya sea en un terreno de juego, en conocer al amor de nuestra vida o en conseguir el trabajo que queremos. Esta semana terminé un libro llamado “Outliers”, que trata sobre aquellas personas que han tenido un éxito inusitado, y a las que el mundo entero considera superdotadas. El autor, Malcolm Gladwell, desmenuza estas historias de éxito y concluye, con argumentos más que sólidos, que sus triunfos tienen que ver con el talento, pero también en muy buena medida con la suerte y, sobre todo, con la práctica. De acuerdo con estudios recientes, hay que entrenar o practicar alrededor de 10 mil horas antes de volverse realmente bueno en algo. Así, Bill Gates tuvo la enorme ventaja de haber nacido en la época en que empezaban a surgir las computadoras personales, en asistir a una preparatoria donde había computadoras (algo muy poco común en sus tiempos) y que a sus padres no les importara que pasara incontables horas frente a un monitor. Del mismo modo, Mozart, a pesar de que la leyenda cuenta que compuso su primera sinfonía a los 5 años, en realidad no se distinguió demasiado de otros compositores de menor nivel hasta llegar a los veintiún años, precisamente cuando sus horas de práctica llegaban a los 10 mil. Hace un par de semanas entrevisté a Hugo Sánchez, y uno de los temas de la plática tuvo que ver con las razones por las que ya no se ven remates de chilena con la facilidad con las que él los realizaba. Su respuesta fue simple. Desde niño, cuando vio a su papá hacerlo, decidió que se volverían su especialidad. En su casa pasaba horas practicándolos y, ya como profesional, se quedaba una hora después del entrenamiento con la finalidad de perfeccionarlos. Los mismos factores, la suerte de haber sido hijo de quien fue y la disposición a entregarse por completo para maximizar esa fortuna. Pero el libro no solamente habla de casos aislados. Hay uno que es muy interesante en el tema que nos concierne. En su primer capítulo, Gladwell habla de una liga juvenil de hockey sobre hielo, que es el mayor vivero de talentos de Canadá, la principal potencia mundial en ese deporte. Año tras año, los scouts de la NHL se congregan en la final de dicho torneo que, por supuesto, incluye a los mejores talentos del país. Ahí relata cómo, analizando las plantillas de ambas escuadras, dos amigos suyos repararon en un detalle: más del 50% de los jugadores habían nacido en los primeros meses del año. Gladwell se puso a analizar entonces las estadísticas de años anteriores, y el resultado era el mismo. ¿La razón? La fecha de corte para cada categoría en las ligas infantiles es el 1 de enero, y cuando uno tiene de 6 a 12 años la diferencia física que hace nacer en enero a hacerlo en diciembre es enorme. Así, los niños más grandes tienen ventajas obvias en su desarrollo, y son los seleccionados. Volviendo a lo que mencionaba antes, esos niños tuvieron suerte, que además se complementa con entrenamiento porque, al haber sido elegidos para las mejores escuadras, pueden practicar con otros niños del mismo talento y desarrollarse mejor, mientras que los niños más pequeños tienen que conformarse con ligas menos fuertes, donde se entrena menos y, en consecuencia, retrasan aún más su desarrollo deportivo. Por supuesto, cuando tienen 18 años, la diferencia física entre los nacidos en enero y diciembre no es tan grande, pero sí lo es la práctica que tuvieron desde las categorías infantiles. Hace unos años, cuando revisaba la lista de la Selección Sub-17 de México que ganó el título en Perú, recuerdo que me llamó la atención la misma circunstancia, así que me puse a revisar de nueva cuenta. Veamos los resultados: en el Mundial Sub-17 de Nigeria 2009, 16 de los 21 jugadores del Tri habían nacido en los cuatro primeros meses de 1992. En Perú 2005, fueron 15 de 20, y ninguno nacido después de julio. En Finlandia 2003 fueron “sólo” 11 de 20, pero sólo cuatro jugadores del plantel nacieron en los últimos cuatro meses del año. En la categoría Sub-20, la misma historia. 9 jugadores de la plantilla de 21 que disputó Canadá 2007 nacieron en los primeros cuatro meses de 1988, pero sólo cuatro en los últimos seis meses del año. En Emiratos 2003, fueron 10 de 20, y sólo uno en los últimos tres meses del año. En Nigeria 1999 fueron 9 de 18, y sólo 5 de los últimos seis meses del año. Como se puede ver, en cada selección de categoría menor en México por lo menos 50% de los integrantes nacieron en enero, febrero, marzo y abril. En realidad, eso sucede en todos los países del mundo, porque en todas partes las categorías se cierran el 1 de enero. Pero también quiere decir que se está desperdiciando una enorme cantidad de talento, de niños que nacen de julio a diciembre, y en un mundo futbolístico que cada vez se cierra más, tomar las acciones correctas podría dar una inesperada ventaja competitiva. Por ejemplo, ¿qué tal si se hicieran dos grupos por categoría infantil, una con cierre el 1 de enero y otra el 1 de julio? En poco tiempo, México tendría el doble de talento sin hacer inversión alguna. Esa es, en realidad, la gran lección del libro. La suerte y el entrenamiento son los dos factores principales para el éxito. El talento es fundamental, pero no es lo más importante. Y esa es una gran noticia, porque quiere decir que, si se alteran las condiciones, esa suerte puede alcanzar a más gente, y con el entrenamiento necesario, se duplicaría el talento. Ojalá que algún día se hiciera algo al respecto en el país, que realmente lo necesita. Pueden seguirme en www.twitter.com/martindelp y también, para temas que no necesariamente tienen que ver con futbol, pueden leer mi blog en www.martindelpalacio.com, en estos momentos estoy en la India, y trato de contar las cosas que me están sucediendo en este país tan extraño como interesante. Ojalá que les guste.

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