Construcción contra destrucción

Las últimas han sido semanas muy intensas para el futbol mexicano. El doping, la Copa Oro, las prostitutas, los traspasos al futbol europeo.

Las últimas han sido semanas muy intensas para el futbol mexicano. El doping, la Copa Oro, las prostitutas, los traspasos al futbol europeo. Lo que debería haber sido el mejor momento del año ha resultado un calvario de debates, opiniones encontradas, mala leche y, pese a todo, la gran alegría de ver a nuestra mejor selección en las últimas décadas. Para mí todo este proceso ha sido realmente desgastante. Quienes me han seguido desde hace tiempo saben que una de mis banderas es evitar el sensacionalismo, el ataque que da rating y tratar de buscar lo que pasó en realidad en lugar de dejarme llevar por el instinto. No ha sido fácil. Lo del dopaje estaba claro desde el principio, pero hubo que escribir y escribir para hacer contrapeso a los comentaristas cuya única misión era golpear sin pensar. Lo de las prostitutas es, si cabe, más delicado aún. Al enterarme me quedó claro que el castigo era obligatorio. Cuando se conoce un reglamento y se rompe, no hay cortapisas. Y, con todo, no es que lo que hayan hecho afectara su rendimiento en la cancha. Y, francamente, perderse la Copa América y añadir seis meses de suspensión me parece una exageración por haber hecho algo que no es ilegal. Y después está el papel de los medios en todo esto. Déjenme ponerles un ejemplo. Cuando estaba en la prepa nos fuimos a jugar un torneo nacional al interior de la república. Un día antes del primer partido, algunos de mis compañeros llevaron cervezas al cuarto y nos llamaron a algunos otros para tomárnoslas. El entrenador se enteró y nos cayó de sorpresa. Habíamos faltado al reglamento, y nos correspondía una sanción, incluso a los que estábamos ahí y no bebimos ni una gota. Al final nos dieron una buena regañada, y nos cayó el veinte de lo que estábamos jugando. Afortunadamente, no había algún periodista dispuesto a remover la basura con ganas de ganar nota y sacar rating. Al final, gracias a ese regaño a tiempo, quedamos en tercer lugar en ese nacional. Si nos hubieran expulsado a todos del equipo eso, por supuesto, no hubiera pasado. Y la regañada fue suficiente para aprender la lección. Ya sé lo que me dirán. Que cómo me atrevo a insinuar que haya que tapar la verdad. El asunto es que hay verdades más importantes que otras. Creo que al futbol mexicano le vendría mejor saber por qué fallamos tanto en jugadas a balón parado o si Torrado y Castro son tan poco efectivos como la gente piensa, en lugar de conocer si a tal jugador le huele el aliento o si tal otro engañó a su mujer. Sobre todo, si esa misma gente también se va con prostitutas, también engaña a sus mujeres, también se emborracha en horas laborales. Qué fácil es tirar piedras sin mirarse al espejo. Si unos directivos están desviando dinero en beneficio de sus clubes es mucho más importante que si estaban al corriente de lo de las prostitutas, y sin embargo (y saben a quiénes me refiero) esos dirigentes siguen en sus puestos y nadie se ha atrevido a hacerles una investigación. Pero eso sí, cuando se trata de hacer teorías conspirativas, es mucho más fácil, porque vende más y porque siempre es más fácil destruir que construir. De hecho, algo que en estas semanas me ha dado vueltas en la cabeza es cómo saber cuándo hay algo que vale la pena en los periodistas y aficionados y cuando no. En mi interior lo sé, cuando leo una columna o escucho una opinión, la bilis me avisa por dónde va la cosa, pero tenía que haber una explicación más racional, y hoy por fin la encontré. La lección que me ha dejado este periodo es la siguiente. Hay dos tipos de personas en el mundo, y más aún en el mundo del futbol. Las que quieren construir y las que quieren destruir. Las primeras son las que buscan realmente que las cosas estén mejor analizan, critican y proponen. Las segundas son las que ven por sus propios intereses, que atacan por método y que sólo se sienten contentas cuando obtienen sus pequeños objetivos egoístas o cuando otros comparten sus opiniones virulentas. No sé si se han puesto a pensar, pero, ¿cuándo ha habido un presidente de la Federación al que hayan dejado trabajar en paz? ¿Cuándo hemos tenido una selección a la que no critiquen aunque gane jugando bien? ¿Cuándo hemos pensado que el futbol mexicano va por buen camino? nunca. Y no porque no sea así, algo se tiene que estar haciendo bien para que México siga ganando torneos y calificando a segunda ronda en Mundiales. Pero es más fácil destruir que construir. Siempre lo será. Es muy fácil entonces elegir bando. Y también juzgar cuando alguien opina o actúa de cierta manera. Yo ahora ya lo tengo claro, y voy a dejar de perder el tiempo con la gente que sólo quiere destruir. Que vivan en su mundo de amargura. Que ganen dinero con ella. Que tengan rating. Que monopolicen las conversaciones en las fiestas con sus teorías de la conspiración. Yo voy a seguir hablando de futbol, analizando, criticando cuando sea necesario y construyendo siempre. Y doy la bienvenida a quien quiera unirse. Los demás por mí pueden irse a donde les pegue la gana. Como siempre, pueden opinar de esto y mucho más en el correo que está arriba o en www.twitter.com/martindelp y si quieren textos más a fondo pueden encontrarlos en www.martindelpalacio.com. Hasta la próxima. P.D. Por las razones que expuse, he escrito ya demasiado sobre periodistas. A partir de mi próxima colaboración y por varios meses, dejaré de hacerlo. Creo que ya es hora de hablar de futbol.

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