¿Y los gringos dónde están?

Una de las características principales del mexicano es que, pese a ser realmente nacionalista, no pierde la oportunidad de criticar lo que se hace en el país, a comparación del “excelente trabajo” que

Una de las características principales del mexicano es que, pese a ser realmente nacionalista, no pierde la oportunidad de criticar lo que se hace en el país, a comparación del “excelente trabajo” que se hace en el extranjero. Pasamos del “como México no hay dos” al “eso sólo podría pasar en México” con una facilidad inaudita. Hace un par de años volvió a surgir una nota que ya había causado cierta controversia en el pasado. Por alguna razón que no entiendo bien, los medios nacionales revivieron su interés en un plan de Estados Unidos llamado “Proyecto 2010”, que fue credo en 1998 por Carlos Queiroz, en teoría para que los de las barras y las estrellas ganaran el Mundial de Sudáfrica. Como siempre, surgieron los comentarios. “En Estados Unidos sí se sabe planificar”, decían algunos. “¿Por qué en México somos incapaces de trabajar a largo plazo?” decían otros. “Justino Compeán y Decio de María deben irse por corruptos”, decía José Ramón Fernández. En general, el consenso era que en el país del Norte se trabajaba con seriedad, mientras que en el nuestro se privilegiaban los intereses comerciales más que los futbolísticos. Avancemos 24 meses en el tiempo. En ese período, se jugó el Mundial de Sudáfrica que, por supuesto, Estados Unidos no ganó. También dos Copas Oro, en las que los nuestros vencieron al archirrival con absoluta claridad para retomar su dominio en la zona. Se disputó un Mundial Sub-17, donde México se coronó por segunda vez en seis años, mientras los de las barras y las estrellas fueron despedazados por Alemania en Octavos de Final. Incluso el último fracaso en la Copa América tiene un aspecto positivo que mencionarse. El equipo de México en el torneo fue una mezcla de suplentes y juveniles, e incluso suplentes de los juveniles. Y, pese a ello, no se hizo un ridículo monumental. Se podrá decir lo que quiera y mencionar culpables (que los hay, y muchos, desde Tena hasta la FMF), pero que nuestra selección Sub-22 B, con una semana de preparación, haya perdido por un gol ante Uruguay y Chile no es para hacer drama. Y no es sólo eso, en unas semanas se jugará el Mundial Sub-20. México parece tener un buen equipo, con potencial para llegar lejos. Pero, aunque no lo haga, su actuación ya será mejor que la de los gringos, que increíblemente perdieron contra Guatemala y no lograron clasificar a Colombia 2011. ¿Quién mira con envidia ahora hacia el norte de la frontera? ¿Quién se acuerda del mentado Proyecto 2010? Absolutamente nadie. Lo divertido es que, para empezar, dicho plan nunca fue realmente implementado en Estados Unidos. Se creó la Academia de Bradenton, se inició una búsqueda de talentos… y nada más. Había quien afirmaba que los gringos se convertirían en una potencia mundial cuando el futbol se masificara. En el país del norte ahora se juega más que en ninguna otra parte en ligas juveniles organizadas, y de potencia, nada. Lo que sucede es las cosas nunca son tan simples en el balompié. Les explicaré mi teoría de las potencias futbolísticas. Dividamos las selecciones en A, B, C y D de acuerdo con su calidad. A son Brasil, Alemania, Argentina, etc. Los mejores de los mejores. B son los que están abajo, buenos equipos pero incapaces de ganar grandes torneos consistentemente, entre ellos Portugal, Inglaterra, Uruguay… y México. Después están los de categoría C, mediocres, que a veces llegan a algún Mundial, pero no con continuidad. Y después los D, lo peor de lo peor. Con un poco de dinero, pasar de D a C es facilísimo. Pasar de C a B no es tampoco tan complicado, si eres un país grande, inviertes lo suficiente y te organizas bien. Hacerlo de B a A es casi imposible. Se necesita tradición, una liga consolidada, un gran plan y muchísimo trabajo. En los últimos 30 años, sólo tres países lo han conseguido: Francia, España y Holanda. Y son más los que han bajado de categoría que los que han subido. Así, era absurdo pensar que sólo con dinero y ganas los estadounidenses iban a poder dominar el futbol. Y más aún porque, aunque no lo crean, sus métodos de trabajo son malísimos. El sistema universitario aún domina la mentalidad, y ese no sirve para el futbol. La Federación es una burocracia aún peor que la mexicana. Los clubes no tienen el incentivo de detectar talento porque la liga no tiene mucho rating. Sigue existiendo la idea a lo británico de que el físico es lo más importante. Y ya hemos visto cómo le ha ido tanto a los propios ingleses como a los gringos. En México los clubes sólo ven por sus intereses, es cierto. Y son una especie de mafia. Pero sucede que esos intereses son generar rating, y para hacerlo tienes que dar espectáculo. Para ello necesitas buenos jugadores. Y para ello necesitas detectarlos y generarlos. Es un sistema egoísta y corrupto, pero de algún modo funciona. Por ello, creo que hay que investigar un poco antes de afirmar que en otros países se hacen mejor las cosas. Darse cuenta de que en todos los países los directivos son un asco. En todos lados la gente piensa que su equipo está en manos de ladrones. Y, salvo por los campeones del mundo, en cualquier parte el pasto es más verde que en nuestro propio país. Como siempre, si tienen comentarios, háganlos en la dirección de correo de arriba o en www.twitter.com/martindelp, y si quieren textos más específicos o de otros temas, el lugar es www.martindelpalacio.com

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