Ante la ausencia de evidencia, duda

Los seres humanos no tenemos, en general, mucha capacidad estadística. Tendemos a pensar en historias más que en números, lo que hace nuestras vidas más entretenidas, pero menos precisas.

A raíz de mi última columna, me llegaron mails y comentarios en protesta a la idea de que el técnico de un equipo sea 10% del trabajo de un equipo. En mejor o peor tono, el consenso de esos mensajes fue que el entrenador es mucho más importante de lo que yo expresé. Y para ello me daban algunos ejemplos, como el Puebla del Chelís, los Tecos de Vucetich o el Atlante del “Profe” Cruz.   El problema es que dichos casos no llegan a representar ni siquiera el 1% del total. Tratemos de imaginar todos los posibles momentos en que un técnico le ha sacado mucho más jugo a un plantel de lo que indicaría por nombres en los últimos 20 años. ¿Cuántos podemos pensar? ¿Diez? ¿Veinte?   Sean los que sean, van a resultar demasiado pocos. Pensémoslo así. Cada año hay, por lo menos, 18 técnicos en Primera División, más una cantidad importante de cesados y cambios. Dejemos el número en 25 (aunque, en la práctica, son muchos más, desde el inicio de los torneos cortos). Si multiplicamos esos 25 por los veinte años, tenemos 500 entrenadores. Así es que, para poder pensar que el valor de un técnico es más que 10% tendríamos que encontrar por lo menos 50 ejemplos.   Difícil, ¿no? Lo que sucede es que los seres humanos no tenemos, en general, mucha capacidad estadística. Tendemos a pensar en historias más que en números, lo que hace nuestras vidas más entretenidas, pero menos precisas. Nos gusta encontrar ejemplos, y eso funciona para mejorar nuestras vidas y que tengan más colorido, pero no realmente para explicarlas.   Por ello, vivimos entre mitos e informaciones erróneas. Creemos que es más fácil morir asesinados que por accidentes porque en las noticias salen las matanzas pero no los choques, o que, cuando hace frío, hay que taparse para evitar que nos dé gripa porque nos lo dijo nuestra abuelita. Y el futbol no está exento de ello, por el contrario. Nuestro deporte favorito está plagado de afirmaciones dudosas y concepciones equivocadas.   “El 2-0 es el marcador más engañoso”, dice un comentarista por ahí. “Equipo que estrena técnico gana”, afirma un narrador por otro lado. “Tal equipo perdió porque sus jugadores no le echan ganas”, gritan desde la tribuna. “Tal jugador mexicano no triunfó en Europa porque su entrenador tenía algo contra él”, era una afirmación bastante común en el pasado.   Y no sólo son las frases populares, sino también las teorías de la conspiración. El aficionado al futbol vive en un mundo paralelo, en el que los jugadores le tienden la cama al técnico, tal entrenador sólo selecciona a los futbolistas que le indica su representante y donde siempre, en todos los casos, los directivos son los culpables de las crisis de los equipos.   Por supuesto, no digo que eso no suceda pero, como vimos en el ejemplo que puse al principio de la columna, quienes queremos realmente entender al mundo futbolístico lo que tenemos que buscar es evidencia. No es suficiente escuchar lo que nos dicen en la televisión y repetirlo como si fuera mantra. Tampoco suponer que, lo que hemos repetido durante muchos años es necesariamente cierto porque nos parece cierto, sino que necesitamos confirmación.   No les pido, por supuesto, que se pongan a sacar cifras y datos de cada cosa, sino que, por lo menos, duden de todas las afirmaciones que no incluyan por lo menos algún tipo de respaldo.   Déjenme darles dos ejemplos. Durante todo el verano, un “insider” de ESPN en español con nombre en inglés, se pasó dando información “exclusiva” sobre traspasos a Europa y alineaciones de la selección. Casi sin excepción, sus notas eran siempre equivocadas. Cuando decía que empezaba Talavera, lo hacía Ochoa, cuando decía que Gio ya había empacado para ir a España, resulta que se quedaba en Inglaterra. En el Twitter ya era motivo de risa con mis amigos, porque cuando sus “fuentes” le decían algo, ya sabíamos que nunca pasaría.   La otra fue una afirmación más delicada de un ex jugador, ahora comentarista, en el sentido que José Manuel de la Torre alineó a Sergio Pérez por órdenes de su promotor. Con toda sinceridad, no tengo idea de si sea cierto, pero en mi libro, cuando uno hace un comentario de ese tamaño, tiene que respaldarlo, de otro modo es difamación y pone en riesgo el prestigio y la carrera de dos profesionales. Por supuesto, no hubo confirmación alguna, pero para muchos aficionados, esas palabras ya quedaron en la mente y volverán a surgir como rumor en cualquier momento.   En los próximos meses, trataré de buscar evidencia de muchos de esos lugares comunes que escuchamos en el futbol y, si tienen ideas sobre investigaciones, pásenmelas, para que podamos resolver todas las preguntas posibles. Por lo pronto, lo único que les pido es que, ante la ausencia de evidencia, duden. Ya sea de comentaristas y de aficionados sabihondos, de esos que siempre tienen una respuesta elaborada para todo. Y que, a partir de ahí, juzguen quién merece respeto y credibilidad, y quién sólo busca llamar la atención.   Como siempre, para comentar de éste y otros temas pueden hacerlo en el mail de arriba y en www.twitter.com/martindelp, y si quieren leer textos más profundos o de otros temas, pueden hacerlo en www.martindelpalacio.com.

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