Manual para la reconstrucción de un equipo

Hace no mucho, el Levante estaba en quiebra. Había descendido a la Segunda División española, debía dinero a todo el mundo, sobre todo a sus jugadores, y se hablaba de desaparición.

Hace no mucho, el Levante estaba en quiebra. Había descendido a la Segunda División española, debía dinero a todo el mundo, sobre todo a sus jugadores, y se hablaba de desaparición. Hoy, tres años después, es el líder de la liga española. No le va a durar demasiado, porque su plantel no le da para competir con los mejores, pero lo hecho ha sido ya suficiente para salvarse tranquilamente del descenso, que era su objetivo de este año.

La historia del club Granota es un ejemplo, porque es la consecuencia de un trabajo planificado. Al tomar el cargo del equipo, el Presidente Quico Catalán decidió terminar con los gastos excesivos y a contratar sólo jugadores que entraran dentro de su presupuesto anual. Dejó la parte futbolística del equipo en las manos de Manolo Salvador, y se dedica sólo a la económica. Por su parte, Salvador ha mostrado un olfato magnífico para contratar jugadores y, sobre todo, entrenadores. Luis García primero y después Juan Ignacio Martínez, técnicos jóvenes y conocedores, que estaban muy lejos de los reflectores antes de llegar al equipo.

Trabajo, planeación e inteligencia. Tres palabras que suelen estar muy lejos de la manera en que se conducen los clubes en México. En este momento, hay varios que parecen estar obligados a una renovación. El más importante es, por supuesto, el América, pero los hay de todos colores, desde los realmente caóticos, como el Atlas, hasta los grandes hace no mucho y ahora mediocres, como el Toluca.

Ahora, ¿qué es lo que deben hacer esos clubes para enderezar la nave? El primer paso está en decidir cuáles son sus objetivos y el camino para lograrlos. Tomemos a las Águilas. En los últimos años, sus decisiones han sido erráticas, por decir lo menos. ¿Qué tienen en común Chucho Ramírez, Carlos Reynoso y Alfredo Tena? Absolutamente nada. ¿Qué idea futbolística comparten Jaime Ordiales y Luis Roberto Alves Zague? Ninguna.

En el Atlas el carrusel de entrenadores ha sido tan absurdo como risible, y ninguno dura más de unos meses en su cargo. Y todavía nadie entiende la contratación y posterior despido de Rafael Lebrija. Toluca, un equipo más estable por tradición, ha tratado de alejarse de las decisiones viscerales, pero tampoco parece tener una idea clara de qué es lo que quiere.

El segundo paso está en la contratación del personal idóneo para los puestos, y eso se refiere a capacidad, no a la camiseta. La lista de entrenadores y Directores Deportivos que han fracasado en América es monumental. Y muchos de ellos fueron contratados sólo por la “cualidad” de haber jugado en el equipo. Hay que entender que la inteligencia y el talento no tienen colores. Sólo para poner un ejemplo, en la NFL a nadie le importa en qué equipo jugaron los entrenadores a la hora de ser contratados. El proceso de selección se guía por sus conocimientos, no por su arrastre con la tribuna. Y una vez que se ha encontrado al personal idóneo, hay que dejarlo trabajar, no correrlo a la menor provocación.

El tercer paso está en la filosofía, y eso va más allá de los anuncios. Cuando llegó a Chivas, Jorge Vergara, por la razón que fuera, decidió que apostaría a las Fuerzas Básicas. Contrató a un holandés llamado Hans Westerhof, que estableció un plan muy claro para conseguirlo, incluso desde el punto de vista táctico. Desde entonces, Chivas juega 5-3-2 y sus equipos menores lo hacen también. No conforme, el Presidente rojiblanco contrató a los dos grandes nombres en cantera en el país, Efraín Flores y José Luis Real. Por suerte para Chivas, Vergara no se fijó en los colores, porque de otro modo Flores hubiera sido descartado por su pasado atlista.

A Vergara se le critica muchísimo la cantidad de entrenadores despedidos. Pero en realidad, en Chivas el técnico cuenta menos que en cualquier otro equipo del país, porque las bases ya están sentadas. Lo mismo sucede en España con el Sevilla, quien decide la filosofía y las contrataciones del club es Monchi, el Director Deportivo. Desde su llegada, técnicos han ido y venido, pero los resultados se mantienen.

El cuarto paso es el trabajo profesional. El futbol actual es demasiado preciso como para basarse en percepciones y recomendados. Uno no puede comprar o vender a un jugador sólo porque te pareció bueno o malo o porque un promotor que es cuate de uno de los socios lo recomendó, y se ajusta al presupuesto del club. En la actualidad hay herramientas estadísticas muy avanzadas, que es lo que utilizan muchos clubes en Europa. Si en México no lo hacen, es su problema, pero podrían ahorrarse millones.

Y, por último, hay que conseguir que la filosofía trascienda a todos los ámbitos del club. Lo dijo Hugo Sánchez, “yo fiché por el Real Madrid porque me di cuenta que todos, desde el Presidente, hasta el barrendero, tenían la idea de ser campeón cada año”. Y eso tiene que ver con el sentido común. Lo que pasó con Ángel Reyna nunca hubiera sucedido si el ambiente en América hubiera sido otro. Y no se trata de llegar al absurdo de imponer disciplina a rajatabla, como Néstor de la Torre, sino de que el respeto y la filosofía de trabajo emanen desde el edificio y lleguen hasta el último empleado.

Hay clubes que, de un modo u otro, lo han logrado en México. Pumas es uno. Santos también. En Jaguares lo están intentando. Y los resultados están a la vista. Trabajo, planeación e inteligencia. Por supuesto, se dice fácil, supongo que no lo será tanto, porque de otro modo muchos clubes estarían mejor de lo que están. Pero, por lo menos, algo de sentido común se podría pedir, ¿o no?

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