Kit para crear una superestrella

Desde hace ya varios meses estoy obsesionado con entender cómo surgen los deportistas de alto rendimiento y por qué México no tiene tantos como otros países con condiciones similares.

Desde hace ya varios meses estoy obsesionado con entender cómo surgen los deportistas de alto rendimiento y por qué México no tiene tantos como otros países con condiciones similares. Salvo por contados ejemplos, el talento generado en nuestro país no corresponde con los 110 millones de habitantes con los que cuenta, y me parece fundamental entender las razones.

Este camino me ha llevado a descubrir abundante bibliografía, que en general apunta hacia la misma dirección. Para explicar lo que sucede, me basaré esencialmente en un libro que acabo de terminar, llamado “Bounce”, escrito por el ex Campeón de Inglaterra en tenis de mesa Matthew Syed.

Esencialmente, su tesis (compartida con varios autores más) es que, contra lo que usualmente se piensa en el mundo del deporte, no hay un componente genético en el talento. Es decir, la idea de que los Maradona y Messi surgieron de la nada para dominar a sus compañeros a los 11 años de edad es completamente falsa. Incluso, Syed dedica un capítulo a echar por tierra el supuesto componente genético por el que los atletas negros son más exitosos que los de otras razas en atletismo, futbol americano o basquetbol.

“¿Si no nacemos con talento, cómo se genera entonces?” Es la obvia pregunta. La respuesta es la suma de tres factores: práctica, medio ambiente y entrenamiento. Ya en una columna anterior les había contado sobre la regla de las 10,000 horas. Esencialmente, a lo que se refiere es que los grandes genios en la historia de la humanidad, en cualquier disciplina, han dedicado por lo menos ese tiempo para refinar su arte. Desde Mozart (considerado el niño prodigio por excelencia), hasta Tiger Woods.

El futbol, por supuesto, no es la excepción. Hace unos días entrevisté a Paolo Suárez, el hermano de Luis, el famoso delantero del Liverpool y me contaba cómo fue la infancia de los dos. “Desde muy chiquitos todo en casa era fútbol, aunque mi papá nunca fue muy bueno. Vivíamos a 100 metros de las canchas que eran el centro de reunión de todos los chicos de la zona. Desde muy niños nos metíamos a jugar con gente más grande. De hecho, cuando yo tenía 12 años, Luis tenía 4 ó 5 y saltaba a la cancha con mis amigos. Cuando jugaba en su categoría, no creían que tenía la edad, mi mamá tenía que mostrar el acta de nacimiento”.

En esta pequeña historia se engloban dos de los tres factores que les mencioné. Luis Suárez comenzó a jugar a los 4 años, con muchachos mucho más grandes que él. Además, no se trataba de cualquiera, sino de los amigos de su hermano, que también terminó siendo futbolista profesional. En otro momento de la charla que pronto podrán leer en FIFA.com, Paolo me contaba como los dos hermanos preferían pasar todo el día en la cancha, porque en su casa a veces no había ni para comer. Así, el actual seleccionado uruguayo practicaba por horas y horas en un medio ambiente muy competitivo.

Una de las grandes quejas de los ex profesionales es que los futbolistas de hoy son detectados demasiado pronto, sin cumplir su antigua “formación” en el futbol callejero. La teoría es que, en la calle, el niño se acostumbraba a rebotes raros y condiciones difíciles, lo que lo hacía más pícaro. El concepto es correcto, pero la teoría equivocada. En realidad, al quitarles el futbol callejero, los niños pierden horas de práctica en un medio ambiente que celebra la picardía. En tu cuadra, si haces un túnel de tacón te lo celebran todos, en un entrenamiento, el técnico te ajusticia por “arriesgar demasiado el balón”.

De hecho, es el entrenamiento la tercera parte de la ecuación. En el libro, Syed hacía referencia a la enorme suerte que para él representó que, en la escuela a la que asistía, el maestro de educación física estaba obsesionado con el ping pong. De su barrio surgieron cuatro de los mejores jugadores de Inglaterra, en buena medida gracias a este sensacional profesor y, por supuesto, al hecho de que practicaban uno contra el otro por horas y horas. Si el encargado de educación física hubiera sido como aquellos que abundan en México, gordos y con más ganas de platicar de deporte que de enseñarlo, otro hubiera sido el cantar.

¿Cuál es entonces la fórmula para crear superestrellas? La primera parte es facilitar a los niños el acceso al deporte que quieran, desde lo más temprano posible. Pondré otro ejemplo: el tenis mexicano está en crisis perpetua, y no va a salir de ahí.

¿La razón? No hay canchas. Como ex juvenil, en mis viajes, siempre me llama la atención la cantidad de instalaciones públicas disponibles para el deporte blanco en los países en los que estoy. Estados Unidos, Brasil, Austria. Niños jugando en todos lados. Por eso ellos tienen tantos tenistas en el Top 100 y nuestra mejor raqueta en singles está debajo del 400. Mientras tanto, el país está lleno de gimnasios donde se practica el taekwondo a altísimo nivel desde hace años. ¿Ven la relación? Lamentablemente, la situación en México ha hecho casi imposible usar la calle para jugar como antes. Pero sería bueno crear más deportivos populares, con canchas para distintas disciplinas. Después, tener un programa efectivo de detección de talentos pero, sobre todo, entrenadores preparados. Eso crearía el medio ambiente para generar las superestrellas del futuro.

No hay ninguna barrera natural que impida a México ser potencia en disciplina alguna, como siempre, los obstáculos nos ponemos nosotros.

Tengo muchos más ejemplos sobre el tema y puedo contestar preguntas en www.twitter.com/martindelp o en el mail que está arriba. Para textos más detallados o no relacionados con el futbol, entren a www.martindelpalacio.com

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