¿Partidos moleros? ¡Sí, por favor!

Mañana México termina su recorrido por el año futbolístico.

Mañana México termina su recorrido por el año futbolístico. Pese a las dudas y nuestro escepticismo congénito, 2011 fue, probablemente, el mejor de la historia del Tri. Salvo el fiasco de la Copa América, todas las selecciones cumplieron con los objetivos marcados. Pero también fue el primer año sin partidos moleros. Por primera vez en muchísimo tiempo, todos los encuentros que disputó el Tricolor fueron con sus mejores jugadores. Ahora, no hay que confundir correlación con causa. La falta de amistosos moleros no fue la razón del éxito de México. Simplemente, como la selección nacional tuvo tanta actividad oficial este año, las únicas fechas libres fueron las fechas FIFA, así que no se pudieron programar esos juegos que tanto se acostumbran en nuestro futbol, entre un Tri alternativo contra rivales disminuidos. Pocas veces ha habido consenso entre aficionados y periodistas pero parece haberlo en este caso. En los últimos años, nos hemos acostumbrado a repetir frases como: “están estafando a nuestros compatriotas del otro lado de la frontera”, “van a matar a la gallina de los huevos de oro”, “es sólo otro plan de Televisa para sacar dinero”, “en México, lo único que importa es lo económico, nadie pone atención a lo futbolístico”. Ya desde hace tiempo me parecía que había algo que no encajaba realmente bien en todas estas afirmaciones, en buena medida porque, aun con jugadores que no son los habituales, yo disfruto viendo los partidos de la selección. Pero sólo hasta ahora me puse a jugar al abogado del diablo y tratar de hacer un análisis más profundo. ¿Qué es tan malo de los amistosos moleros? Es verdad que están hechos principalmente para el beneficio económico de la Federación y las televisoras. Quien dude de ello es, o tonto, o demasiado inocente. La selección es un imán de rating, sea la que sea, juveniles, femenil, absoluta, todas tienen mayor audiencia que los partidos de liga normales. Eso, sin hablar de los enormes ingresos en dólares por las taquillas del otro lado del Río Bravo. Ahora, más allá de la incomodidad que nos causa estar enriqueciendo a los ricos, ¿tienen algún beneficio futbolístico? Veámoslo así. Jugar un partido internacional es siempre una experiencia distinta para un jugador. A diferencia de lo que sucede en casi todo el mundo, los mexicanos siempre han llegado a los Mundiales con una dilatada trayectoria portando la camiseta verde. Sea contra quien sea, y en la circunstancia que sea, jugar con el Tri es distinto que con tu club. Además, los partidos moleros dan la posibilidad de probar jugadores que normalmente no tendrían cabida en el equipo nacional, pero a quienes esos partidos les dan oportunidad de demostrar que están listos para el reto. Por ejemplo, desde hace meses que considero que Hugo Ayala debía estar en el Tri, pero Chepo de la Torre tenía a otros centrales por encima suyo en la lista. Si se hubieran jugado un par de amistosos moleros, Ayala hubiera estado ahí, sin duda, y hubiera podido mostrar su capacidad con la verde (o la negra, estos últimos tiempos). Quizá en el pasado esto no hubiera sido tan importante. A final de cuentas, lo común era que 22 de los 23 jugadores mexicanos estuvieran en la liga local. Pero ahora, con 10 u 11 futbolistas allende las fronteras, probar a otros se hace esencial. ¿Alguien podría decirme quién es el lateral derecho suplente del cada vez más flojito Juárez? ¿O qué jugador, del perfil de Torrado, tenemos en la contención? ¿Será capaz Javier Aquino de mostrar con la absoluta lo que no han podido otros jugadores de su corte, como el Hobbit Bermúdez? Todo eso podríamos haberlo empezado a comprobar con dos o tres amistosos con jugadores locales. Y no me salgan con que “se devalúa la camiseta”. Brasil lo ha hecho en los últimos 20 años y no se ve a un solo futbolista amazónico que piense que la verde-amarelha no es, en realidad, el scratch du oro. La camiseta se devalúa cuando pierdes partidos, o cuando cambias a tres entrenadores en un proceso, o cuando dejas que las concentraciones sean un caos. Y hay, además, un punto objetivo en todo esto. Los amistosos moleros cuentan para el ranking FIFA. Para quienes no lo saben, la clasificación no toma en cuenta los mejores resultados de un equipo, sino que hace una media de todos. Y las derrotas no arrojan puntos, sean ante quien sean, pero los triunfos sí, y el rival es el factor principal, sin contar si los equipos estaban completos o no. Por ejemplo, si México B le gana a Argentina B, cuenta como si hubiera sido un amistoso entre las dos selecciones mayores. El Tri suele ganar esos partidos, y el ranking siempre lo ha reflejado. ¿Cínico? Tal vez, pero cuenta y eso es lo importante. Me imagino que los amistosos moleros volverán, porque los directivos no se van a aguantar sin hacer negocio. Yo les daré la bienvenida, por todas las razones que mencioné, y también porque me gusta ver a la selección. ¿Y ustedes? Si quieren comentar sobre este tema o cualquier otro, háganlo al correo que está arriba o a www.twitter.com/martindelp, y si quieren leer textos más detallados, o sobre otros temas no relacionados al futbol, pueden hacerlo en www.martindelpalacio.com.

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