La sanción más absurda de la historia

Ayer la Comisión Disciplinaria tomó una de las decisiones más ridículas de su historia.

Ayer la Comisión Disciplinaria tomó una de las decisiones más ridículas de su historia. La sanción a Emanuel Villa no tiene precedentes en el futbol mundial y, en cambio, sí abre uno muy peligroso de cara al futuro. No hay justificación para la suspensión, ni tampoco explicación lógica. Es, en suma, un monumento a la estupidez. Repasemos los hechos. En el partido entre Cruz Azul y Atlante, los celestes empataron con un gol en el que la pelota claramente rebotó en la mano del delantero argentino. Es difícil determinar la intención, pero eso no es importante, Villa se ayudó con la mano, y la jugada debió haber sido marcada como infracción, pero ni el árbitro Fernando Guerrero ni sus asistentes vieron la falta y convalidaron el tanto. Terminó el partido y José Antonio García manifestó su total –y justificada- indignación. Como los medios están llenos de atlantistas, la historia se expandió rápidamente, con las consabidas teorías de la conspiración de las que les hablé la semana pasada. “¿Por qué siempre a nosotros?” “El Atlante es un equipo chico y por eso lo perjudican” bla, bla, bla. Por supuesto, ninguno de ellos tuvo el tino de apuntar que nunca existió falta en el penal para el segundo gol del Atlante. El jugador celeste claramente toca el balón antes, y apenas roza al azulgrana, que se deja caer como si le hubieran disparado con una ametralladora. Como ya sucediera en el Francia-Irlanda antes del Mundial 2010, por alguna razón que no me queda clara, los dedos acusadores apuntaron a Emanuel Villa, que reaccionó como el 99.99% de los jugadores lo han hecho en situaciones similares, y no al incompetente de Guerrero, que no vio una jugada que el 99.99% de los árbitros hubieran visto. Como de costumbre en estos casos, los medios actuaron con la hipocresía habitual. Que si Villa atentó contra el Fair Play, que si es un tramposo, las mismas ridiculeces de costumbre. Esos mismos medios, y esos mismos periodistas son los que han publicado notas que no son ciertas, inventado rumores, analizado partidos de forma parcial y cometido innumerables errores en sus análisis. Nadie, por supuesto, los acusa de tramposos o de atentar contra el Fair Play. Lo de la Comisión Disciplinaria es mucho peor. Como ya apuntó Jorge Witker en su columna, el organismo muy pocas veces actúa para castigar jugadas a posteriori, aunque lo ha hecho en el pasado. Lo ridículo en esta ocasión se puede resumir en dos puntos. El primero, que la falta por sí misma jamás hubiera sido de tarjeta roja. De haberlo visto Guerrero, tendría que haberlo amonestado, y hasta ahí, final de la historia. El segundo es aún peor, está claro que Sabater actuó por presión mediática. De otro modo, ¿por qué no lo hizo en el Tigres-Querétaro, donde existió otro gol igual de antirreglamentario? Jugando el mismo juego que los amantes de las teorías de la conspiración, preguntaría ¿será porque Querétaro no tiene aficionados en los medios? Y terminamos con la Comisión de Arbitraje. En mi columna pasada expresaba mi irritación por la constante falta de valor de los equipos al culpar a los de negro por sus derrotas. Pero eso no quiere decir que no me dé cuenta que hay un serio problema con la “clase baja” de los árbitros en México. En realidad es una constante en el mundo, la diferencia entre los silbantes internacionales y los otros en inmensa, pero sólo en México la Comisión reguladora decide, de un plumazo, sancionar a sus mejores exponentes por faltas absurdas y dar las riendas de los partidos a árbitros que claramente no tienen el nivel. Sumemos, además, las inconcebibles decisiones del pasado, como nombrar a Marco Rodríguez como árbitro de la final, cuando es probablemente el que tiene peor criterio en el país, o seguir manteniendo al terrorífico Jorge Gasso, pese a que cualquiera que haya visto un partido arbitrado por él sepa que no es digno ni de la Liga del Ajusco. Está claro que el organismo rezuma incompetencia, y que tienen que tomarse medidas. Cruz Azul debe apelar, sin duda. Se ha creado un precedente peligrosísimo. El camino está abierto para que la Disciplinaria sancione a cualquiera por las razones que le dé la gana, no por las decisiones del árbitro en la cancha. Y es momento también de evaluar a Padilla y Sabater. Así como los clubes echan técnicos a la menor provocación, deberían también ser capaces de echar directivos cuando está claro que no tienen la capacidad para ocupar sus cargos. Agradezco a MedioTiempo por dejarme publicar esta columna extemporánea y como siempre, si quieren opinar de este o cualquier otro tema, pueden hacerlo en el mail de arriba o en www.twitter.com/martindelp, y si quieren textos más detallados o no relacionados con el futbol, pueden encontrarlos en www.martindelpalacio.com.

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