De futbol, no sabemos nada

Es muy común que, cuando vemos un partido de nuestro equipo favorito, y las cosas no están saliendo bien, se nos ocurra la siguiente frase: "el técnico es malísimo, hasta yo podría hacerlo mejor".

Es muy común que, cuando vemos un partido de nuestro equipo favorito, y las cosas no están saliendo bien, se nos ocurra la siguiente frase: “el técnico es malísimo, hasta yo podría hacerlo mejor”. Pero no sólo lo decimos de dientes para afuera, en realidad sí lo creemos. De hecho, estamos seguros que, de ponernos en un banquillo, seguramente podríamos conseguir que un equipo, el que sea, tenga buenos resultados. Hace unos días, Claudio Borghi, el técnico de la selección de Chile, soltó una frase espectacular. “El futbol es como el sexo. Todos opinamos y todos creemos que lo hacemos muy bien”. En efecto, en los años que llevo como periodista deportivo, no hace falta más que decir mi profesión para que mi compañero de plática me llene de teorías futboleras, desde las más extravagantes hasta las más lógicas. Eso sí, todas dichas con total certeza, como si fueran la verdad absoluta, pero que, sorprendentemente, nadie las había descubierto antes. Pero, en realidad, sabemos muy poco, por no decir nada, de lo que sucede en un campo de juego. Esta realización me llegó después de haber conversado por más de una hora con Juan Manuel Lillo. Seguramente lo recuerdan como el técnico de Dorados cuando el equipo sinaloense bajó a Primera A, y quizá no lo tengan en muy alta estima por ese resultado. Si ese es el caso, es otro ejemplo de cómo los aficionados (y los periodistas) no tenemos mucha idea de lo que pasa en el futbol. Lillo es uno de los grandes teóricos del balompié actual, y el padre ideológico nada menos que de Pep Guardiola. La conversación fue caótica y compleja. Pueden leer una versión muy simplificada en versión entrevista en FIFA.com, pero quedó muchísimo en el tintero, y me dejó muy en claro que el público en general e incluso la prensa deportiva apenas atisba la superficie de lo que sucede dentro del Barça, y de cuáles son las razones de ese estilo de juego que ha conquistado al mundo. Nunca falta el técnico que diga, “vamos a jugar como el Barcelona”. Tampoco el periodista que afirme, seriamente, “la razón del éxito del Barça es su 4-3-3”. O el aficionado que no entienda por qué los otros equipos no pueden parar a los blaugrana. En realidad, la cosa es mucho más complicada de lo que parece. La estrategia está basada en miles de pequeños detalles y en una filosofía teórica más que elaborada. Para ser sinceros, yo tampoco entendí todo lo que me dijo, pero lo que logré interpretar fue fascinante y es esto, en resumen. La filosofía del Barça se basa en las teorías psicológicas estructuralistas, analiza las necesidades de cada jugador y maximiza sus talentos sin imponerse límites ni caer en los paradigmas habituales del futbol. Por eso a Guardiola no le da miedo experimentar con 8 mediocampistas en un partido, o poner a Xavi, Iniesta, Cesc y Thiago en un juego de alto riesgo, sin un recuperador claro. Pero además, cada partido se planea en un sinnúmero de detalles, lo que ellos llaman juego de posición, que no se refiere a defensas, medios o delanteros, sino a la posición que ocupa cada jugador en la cancha en cada momento del partido, y todo eso está planificado al máximo de maneras que ni siquiera estamos cerca de interpretar al verlo en televisión. Lillo me dio un detalle sencillo, que explica hasta qué punto se cuida cada situación. En el Barça, desde los equipos de niños, cada jugador aprende a recibir la pelota con el pie más alejado de donde viene el pase, porque eso le da un segundo más para pensar y hace más fluido el juego. Como ese detalle, hay miles. Y después está la aplicación práctica, porque todos estos conceptos deben simplificarse para que los jugadores lo realicen en la cancha. Y eso se consigue con simulaciones, y ejemplos específicos. Así, no sólo se necesita una teoría robusta sino que ésta haya sido traducida de la manera más gráfica posible para que se lleve a cabo en la cancha. Pero, además, todo este detalle puede borrarse en un plumazo, porque ninguna teoría resiste al azar que, para Lillo, lo gobierna todo. Si a tu jugador lo expulsan al minuto 2, se acabó la planeación. Si el otro equipo mete un gol de un disparo de 60 metros. O si, como lo decía en la entrevista, Essien despeja el balón en lugar de dárselo a Messi en el último minuto de la semifinal de la Champions. El mundo del futbol está lleno de “cisnes negros” contra los que es imposible hacer nada, sólo ajustarse a plan y esperar lo mejor. Insisto, lamentablemente lo que estoy escribiendo es apenas una probadita de la complejidad que entraña lo que dijo Lillo. En buena medida porque en una hora y media no podía explicarme todo, ni mucho menos, y también porque debo haber entendido la mitad. Y no digo que todos los sistemas sean así de detallados, ni mucho menos, por el algo el Barça es el Barça, pero lo que sí está claro es que en los terrenos de juego pasan estas cosas, de las que ni el aficionado ni el periodista tiene la más remota idea. Vamos dando palos de ciego, opinando sin realmente entender, y tratando de aproximarnos lo más posible. Lamento si la columna no es ni lo clara ni lo profunda que me gustaría. Voy a seguir investigando más al respecto y aprendiendo más. La relación con Lillo quedó abierta y planeo aprovecharla. Además, me recomendó un libro llamado “Modelo de juego del futbol club Barcelona” escrito por Óscar Cano, que ya ordené y que seguro me será útil. Lo único que digo es que la próxima vez que pensemos que podemos hacerlo mejor que un técnico, entendamos que la única manera será tomando un curso para ser entrenador. A fin de cuentas, por más que hayamos visto mucho porno, nadie podría ser un experto en la cama en su primera vez, ¿no? Como siempre, si quieren platicar de éste u otros temas pueden hacerlo a la dirección de mail de arriba o en www.twitter.com/martindelp. Y si quieren textos de otros temas pueden encontrarlos en www.martindelpalacio.com.

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