La del estribo

Dicen que en el futbol uno es tan bueno como su último resultado. Normalmente ese tipo de frases, del estilo de "el último minuto también tiene sesenta segundos" o "equipo que estrena técnico gana"...

Dicen que en el futbol uno es tan bueno como su último resultado. Normalmente, ese tipo de frases, del estilo de "el último minuto también tiene sesenta segundos" o "equipo que estrena técnico gana" terminan por volverse lugares comunes que nada tienen que ver con la realidad, pero en el mundo de los torneos cortos y las especulaciones millonarias, la obligación por el rendimiento inmediato es más vigente que nunca. Hace poco más de quince días, la Selección Sub-23 de Estados Unidos derrotó 2-0 a México. El consenso general, mi opinión incluida, era que el Tricolor estaba muy lejos del nivel necesario para ir a los Juegos Olímpicos. En cambio, se hablaban maravillas del equipo estadounidense, y se hacían las sempiternas comparaciones de cómo ellos sí trabajaban con seriedad, y por eso eran favoritos bla bla bla bla. Todos sabemos lo que pasó. Los gringos no irán a Londres. En una extrañísima repetición de lo sucedido a México hace cuatro años, quedaron eliminados pese a formar parte del grupo más fácil de la competencia. Como le sucedió a nuestro equipo entonces, dominaron sus partidos pero no pudieron definirlos. Su eliminación fue un golpe durísimo a una generación que hace dos años tampoco había podido clasificarse al Mundial Sub-20, el mismo en el que varios de los chicos de esta Selección Preolímpica azteca terminaron en tercer lugar. En Estados Unidos no se ha hecho, lógicamente, el escándalo que se hizo en 2008 en México, pero sí se ha entrado en un importante proceso de recriminación y autoanálisis. Están empezando a preguntarse si realmente son gigantes en la CONCACAF, o si otros equipos los han alcanzado ya. Nadie se atreve a afirmar que están por encima de nosotros, y sienten que su edad de oro ha pasado ya. Estados Unidos debe hacer cambios estructurales, porque su sistema de creación de talentos no sirve para el futbol de alto nivel, pero eso no quiere decir que el fracaso de este equipo haya sido una consecuencia de ello. En realidad, en ese sentido México es la demostración perfecta de que cuando una generación no funciona, eso no necesariamente refleja el nivel de su balompié en general. Casi sin falta, el Tricolor suele calificar a una de cada dos competencias con límite de edad. ¿Ha afectado nuestro rendimiento en Mundiales? No, siempre quedamos igual, califiquen nuestros equipo Sub o no. El éxito o fracaso en los resultados de las categorías menores tiene que ver con muchos factores más allá de la calidad intrínseca de los futbolistas. A veces el técnico se equivoca al elegir, otras los jugadores aún no están maduros, en unas más (la mayoría en mi opinión) pasa que esa generación específica no tiene los jugadores del nivel adecuado. En realidad, las principales consecuencias de un fracaso suelen recaer, específicamente, en los participantes de esos partidos. ¡Cuántos talentos se han borrado tras vivir situaciones semejantes! ¿Quién recuerda al “Gonzo” González o a Cesáreo Victorino? ¿Alguien tiene conocimiento del paradero de Santiago Fernández? La razón de ello, me parece, tiene que ver con la facilidad con la que se atribuyen responsabilidades. Como pasamos tan rápidamente de la esperanza a la desilusión, lo primero que intentamos es buscar chivos expiatorios. Y cuando se trata de muchachos de 18, 20 o 22 años, la presión suele ser tanta que acaba con el potencial -mucho o poco- que solían tener, Es difícil, pero los análisis deben ir mucho más allá que el último resultado de un equipo. Ahora todos estamos contentos con lo que ha hecho la Sub-23 pero si, de casualidad, pierde con Canadá, entonces empezará el juego perverso de repartir culpas y apuntar con el dedo. Creo que, si queremos un mejor futbol, nosotros tenemos que ser mejores que eso. Se preguntarán, quizá, qué tiene que ver el título de la columna con su contenido. La razón del encabezado es que ésta es mi última columna en Medio Tiempo. No soy de lágrima fácil ni ese tipo de cosas, así que preferí despedirme como siempre traté de participar: trabajando. Me tocó vivir el crecimiento y la consolidación de esta página como la mejor de México y fue un verdadero honor. Me voy en los mejores términos posibles, para dedicarme a otros proyectos que consumen una enorme parte de mi tiempo y hacen incompatible seguir escribiendo aquí. Quiero agradecer a “Pato”, a Sergio, a la gente de Grupo Expansión y a todos los que hicieron posible este espacio en su momento. Y sobre todo a ustedes, que me acompañaron en estos seis años y espero que sigan haciéndolo. Por lo pronto y como siempre, si quieren platicar de lo que sea, pueden hacerlo en el mail que está arriba y en www.twitter.com/martindelp. Y si quieren leer otro tipo de textos los encontrarán en www.martindelpalacio.com. ¡Nos vemos por ahí!

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