La sustancia detrás de una opinión

Muchas veces, cuando publico una columna, algunos lectores se sorprenden sobre por qué empiezo hablando de libros que parecen no venir al caso, o de dónde saco una idea que no estar realmente...

Muchas veces, cuando publico una columna, algunos lectores se sorprenden sobre por qué empiezo hablando de libros que parecen no venir al caso, o de dónde saco una idea que no estar realmente en línea con lo que otros publican al respecto de un tema, o que a veces me quejo de que no hay temas cuando uno parece evidente ("¿por qué no hablas de la recuperación de Chivas?", por ejemplo). Quiero aprovechar la columna de hoy para contarles un poco el proceso que sigo al escribir. Quizá pueda servir a quienes están interesados en dedicarse a esto, pero también a los que leen opiniones semana tras semana y quieren saber de dónde diablos salieron. Por supuesto, antes de empezar, simplemente aclarar que lo que voy a contar es mi proceso de trabajo en ese sentido, no tengo idea cómo funcionen los demás, creo que en unos pocos casos es parecido ,y en la mayoría, radicalmente distinto. En primer lugar, mi selección de temas nunca es accidental. Trato siempre de que se trate de algo de interés general, aunque sea un detalle muy específico. Me explico. Si hablo de la crisis de un equipo grande, me parece que decir mi opinión como tal no es suficiente. La razón es que, probablemente, ustedes ya hayan leído o escuchado cientos de ellas, en uno u otro sentido, y de pronto se vuelve irrelevante si una persona simplemente añade algunas palabras al coro de lo que se dice. Lo mismo si mi opinión sobre un tema va en el mismo camino que la de la mayoría de los periodistas. Hablar de que el Chicharito Hernández es un gran delantero o decir solamente mi punto de vista sobre un partido México-Jamaica (o Colombia, o Brasil, lo que sea), no es divertido para mí, ni interesante para ustedes, y lo único que mostraría es mi propia desidia, en la línea de "uf, no tengo nada de qué escribir hoy así que voy a hablar de la jornada 11 del futbol mexicano". Así, cuando hay un tema que me parece importante busco un ángulo distinto, o por lo menos algo que permita que más lectores se identifiquen con él. Por eso, cuando hablo del Barcelona trato de no sólo limitarme al papel que juega Messi, sino que menciono el papel que juega el azar en su sistema, y además lo extrapolo a la vida real, no sólo al futbol. Así deja de ser un tema que se acabe hoy, y la intención es que mi artículo permanezca en la mente de mis lectores la mayor cantidad de tiempo posible. Muchas veces, incluso, sigo el proceso completamente inverso. Estoy leyendo algo en un libro que me parece interesantísimo, y entonces pienso cómo podría aplicarlo al futbol y a las columnas. Busco ejemplos y trato de que sean lo más relevantes posible. Y entonces los escribo, pero también debo obviamente citar la fuente original de donde saqué la idea y el trabajo mental que me llevó a ella. Por ejemplo, las razones por la que hoy escribo esta columna son las siguientes. No hay ningún tema coyuntural que me fascine; ya escribí sobre la selección preolímpica, el campeonato mexicano está en una etapa medianamente intrascendente, y en el español, aunque hay varias cosas que llaman la atención, me parece que es demasiado pronto para sacar conclusiones. En esos casos, si no tengo cosas interesantes que aportar, prefiero no hacerlo, y dedicar mi espacio a algún tema menos del día pero que, por lo menos, me ha dado vueltas en la mente por bastante tiempo. Además, ya van varias veces que leo en los comentarios o en los mails, preguntas de por qué escribo tal o cual cosa, o por qué viene al caso este ejemplo o este libro. A veces incluso me acusan de tratar de dar clases, y de tomar una posición moral demasiado alta. Me parecía que valía la pena también contestar a esos cuestionamientos porque creo que no sólo un periodista se debe a sus lectores sino que tiene que ser capaz siempre de aportar algo distinto. A final de cuentas, nosotros nos dedicamos a esto, mientras que el aficionado lo hace por hobby y eso nos obliga a aportar algo más que lo que diríamos en una charla de cantina con nuestros cuates. Por último, en ese proceso de escribir una columna, la hueva está descartada. Cada texto tiene que ser pensado y planeado. Aprovechando la diferencia de horario, yo suelo redactarlo el mismo día de su publicación, y normalmente escribo muy rápido, pero en general, llevo días dándole vuelta a un tema, pensando cómo podría empezar a escribir de él, imaginando ejemplos, incluso escribiéndolo en mi cabeza. De ese modo, consigo tenerlo bastante claro cuando me siento frente a la hoja en blanco y no me bloqueo. Espero que esta columna haya servido de algo, por lo menos para que entiendan las razones de algunos de mis textos, y cómo llego a ellas. En realidad, ser periodista deportivo es relativamente fácil si tienes más o menos facilidad para escribir o hablar, ganas de dedicarte a eso y empeño suficiente para entender que todo es cuestión de practicar. Lo difícil es tratar de ser diferente en un mundo de iguales. Ese es mi intento, a veces sale bien y otras no tanto, pero tengan por seguro que cada vez que lean algo mío estará escrito para que les sirva de algo, y no para que se olviden en el momento de cambiar de página.

Lamento no haber hablado de futbol esta vez, pero como siempre, y con todo gusto, puedo responder a las preguntas en www.twitter.com/martindelp y en el correo electrónico que aparece arriba. Si les interesa leer textos más detallados o de otros temas, pueden hacerlo en www.martindelpalacio.com

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