Martín del Palacio

El Tri, la precaución extrema y la generación de juego

Sábado 8 de Junio del 2013



Con excepción de algunos pasajes del amistoso contra Nigeria, la Selección Mexicana no ha jugado bien en todo 2013. En realidad, yo incluso diría que no ha jugado bien desde la Final de la Copa Oro 2011, que ganó en una demostración de futbol desequilibrante y ofensivo, y en la que el 4-2 final se quedó muy corto del resultado final.

El año pasado, durante la excelente racha de resultados que obtuvo el equipo, los triunfos obviaron algunos aspectos que han pasado factura en los últimos meses. Si hay una palabra que puede describir al Tri del “Chepo” de la Torre es “sólido”. Es rarísimo que lo agarren mal parado, prácticamente no recibe goles a pelota detenida y aunque los porteros se han destacado por jugadas puntuales, tampoco es que le generen muchas oportunidades en los partidos. El problema es que esa solidez llega a cambio de una enorme precaución, y de un sistema táctico muy rígido, en el que la diferencia entre victoria, empate y derrota se vuelve demasiado pequeña.

En 2012, México ganó varios partidos en los que, con un rebote distinto o circunstancias menos afortunadas, el resultado no habría sido el mismo. Me viene a la mente sobre todo el de San Salvador, pero también ante Costa Rica en el Azteca e incluso el amistoso ante Brasil. Las circunstancias de los partidos fueron las mismas, el Tricolor privilegió el orden defensivo y generó pocas llegadas de gol. La diferencia es que los delanteros estuvieron un poco más afortunados.

Por eso, cuando el “Chepo” de la Torre habla de que no se definen las oportunidades que se tienen, está diciendo una verdad a medias. Si se compara estrictamente con lo que sucedió el año pasado, puede ser cierto, pero cuando el paralelo se alarga a lo que hacen otros equipos, o el propio México en otras circunstancias, la verdad es que el problema real es que no genera suficientes opciones de gol y las que tiene no son suficientemente claras.

En mi opinión, mucho tiene que ver el sistema táctico. Para el técnico, la prioridad es defender bien, pero eso significa que se hacen concesiones importantes a la hora de ir al frente. Como casi todos los equipos en el mundo (salvo el Barcelona, el Bayern Munich, España y algunos más), el Tri tiene un sistema 4-2-3-1 en el que lo principal es recuperar la pelota en la transición defensa-ataque del rival y lanzar contragolpes buscando aprovechar una posible superioridad numérica. Quien mejor lo hace en el mundo es el Real Madrid y, recientemente, también el Borussia Dortmund. Y, pese a que esos dos clubes también enfrentan a rivales que se les encierran atrás, suelen encontrar o generar los espacios que necesitan. México no, y hay razones tácticas para ello.

La más importante tiene que ver con la generación de juego. Contra lo que se podría pensar, el flujo de un partido no tiene necesariamente que pasar por un número 10, sino que se puede generar desde más atrás e incluso por las bandas. Casi todos los equipos en el mundo que juegan al contragolpe tienen a uno o más jugadores por quienes pasa la pelota y que cuya función es aprovechar los espacios para lanzar a los compañeros. El Madrid lo hace con Xabi Alonso, Modric y Ozil. El Dortmund con Götze y Reus. Francia lo hace desde la banda, con Ribery. Italia no sólo tiene a Pirlo, sino también a De Rossi.

En México nadie cumple esa función. “Chepo” suele poner a dos contenciones de recuperación. Primero Zavala y Salcido y luego Torrado. Giovani dos Santos es un extraordinario segundo punta, pero su juego es totalmente vertical. Aquino es un extremo puro. Quien, en teoría debería hacerlo es Guardado, pero no se siente cómodo en ese rol, porque en ninguno de sus equipos lo ha desempeñado (en el Depor lo hacía Valerón).

Pero además, México tiene otro problema importante. Cuando no se puede ser eficiente en ataque con pocos hombres, lo ideal es conseguir ventajas numéricas añadiendo jugadores. En un equipo que depende tanto del juego por las bandas como el Tri, esos tendrían que ser los laterales. El problema es que en el sistema de “Chepo” raramente rebasan la línea de medio campo. En los últimos partidos ha tratado de solucionarlo con el regreso de Salcido, pero el jugador de Tigres, aunque significa una mejora sobre Torres Nilo en ese aspecto, tampoco es el de hace algunos años.

Así, las opciones de México se han reducido a enfrentamientos uno a uno entre sus extremos y los laterales rivales. A veces funciona, como ante Jamaica, que tenía a un carrilero que debutaba en selección, pero en general no es así. Pero, incluso cuando sale bien, el enfoque tiene sus obvias limitaciones. No se pueden ganar todos los partidos con centros al área, esperando que el 9 resuelva.

¿Cómo solucionarlo? No soy técnico, así que mis opiniones deben tomarse de quien vienen, un periodista que ha estudiado. Partiendo de la base de que “Chepo” mantendrá el sistema, se necesita alguien que genere juego. El problema es que en México no abundan. Reyna lo ha intentado, pero juega a una velocidad inferior al resto del equipo y su juego horizontal no ayuda para el contragolpe.

Una opción sería hacerlo desde más atrás, pero el único contención que más o menos podría hacerlo es Héctor Herrera, que tampoco es una solución ideal. Quizá adelantar a Diego Reyes, aunque no tiene aún la experiencia ni está suficientemente pulido para tener esa responsabilidad. Por eso he insistido tanto con el regreso de Carlos Vela, porque aun jugando en la misma posición que Gio, él sí tiene las características necesarias y de hecho lo hace en la Real Sociedad. Junto con Messi, fue el único jugador de la liga española en el top 10 de goles y asistencias.

Como se puede ver, la cosa no está fácil. En realidad lo ideal sería que el técnico dejara un poco la precaución en el armario y se atreviera a apostar por un contención más técnico y laterales con más proyección. Pero mientras el equipo no pierda, creo que no sucederá y seguiremos viendo a este Tri sólido, pero tan precavido que la diferencia entre un triunfo y un empate se reduce a un gol a balón parado o que el “Chicharito” salga en un buen día.

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