Ronaldinho y las libertades de los cracks

El 12 de noviembre de 2001, Cuauhtémoc Blanco, salvador de la Selección Mexicana en la eliminatoria rumbo al Mundial 2002, decide, de improviso, convocar a una conferencia de prensa.

El 12 de noviembre de 2001, Cuauhtémoc Blanco, salvador de la Selección Mexicana en la eliminatoria rumbo al Mundial 2002, decide, de improviso, convocar a una conferencia de prensa. En ella, para sorpresa de todos los presentes, anuncia su retiro del Tricolor.

¿Las razones? Maltratos por parte de la Federación en boletos de avión y circunstancias extra futbolísticas.

El número "10" no había abordado el avión que llevó al Tri a España, para un partido amistoso contra La Roja, en teoría, por ese sorpresivo retiro, pero unas horas más tarde comenzaron a surgir otras versiones. Blanco no habría llegado al aeropuerto por haber celebrado de más el triunfo definitivo ante Honduras el día anterior.

Nunca se confirmaron esos rumores, pero lo cierto es que su "retiro" duró apenas unas semanas. Más allá de las razones, Cuauhtémoc volvió al Tri y no se hicieron más preguntas. Javier Aguirre, sabedor de la importancia que tenía el creativo en su equipo, lo aceptó con los brazos abiertos, y el jugador fue el mejor del equipo en la Copa del Mundo asiática.

Siete años más tarde, Blanco volvió a anunciar su retiro de la selección. El técnico SvenGöranEriksson lo había apartado después de que, ésta vez sí, confirmado, llegara a las 5 de la mañana a la concentración del Tri. Se le organizó incluso una despedida.

Apenas unos meses después, el "10" volvía al equipo. Javier Aguirre, sabedor de la importancia que tenía el creativo en el vestidor, lo recibió con los brazos abiertos.¿Por qué, pese a esos desplantes, Cuauhtémoc pudo siempre volver a la selección?

Porque Aguirre sabía que los cracks deben regirse bajo otros códigos. Incluso en 2009, cuando Blanco estaba lejos de ser el jugador decisivo de antaño, el “Vasco” le abrió las puertas a su regreso, porque la influencia de ese tipo de futbolistas va mucho más allá de un terreno de juego.

Todo esto viene a colación, por supuesto, por lo sucedido con Ronaldinho ayer en la noche. En breve, Víctor Manuel Vucetich sacó al brasileño al minuto 44 del partido ante Pachuca y el delantero, furioso, se bañó y se fue del estadio. Algunas versiones indicaron incluso que hubo gritos entre jugador y técnico en el vestidor durante el medio tiempo.

En minutos, las redes sociales ardieron. Muchos, muchísimos periodistas y aficionados opinaron que Querétaro, “si fuera una directiva seria” tendría que dar de baja de inmediato al brasileño, y que su actitud era imperdonable. Por supuesto, olvidaban que los cracks tienen un código distinto, pero quién sí lo recordó fue el propio Vucetich, quien le quitó fuego a la situación y declaró que no había que hacer mucho escándalo.

Quizá sabía que había faltado al respeto al delantero al sacarlo segundos antes de que terminara la primera mitad. A ningún jugador se le hace eso, pero muchísimo menos a un Balón de Oro. Lo que hizo Ronaldinho es reprobable, pero tuvo sus razones. Pocos futbolistas de ese cartel han llegado a México, y esos futbolistas no están acostumbrados al maltrato. Lo que hizo el técnico fue rudeza innecesaria, podía perfectamente haber esperado 20 segundos a que acabara la primera mitad.

El Gaúcho ya no es, por supuesto, el que era, pero ha sido el futbolista más mediático del Querétaro en el último año. Es el jugador que ayudó a poner al equipo en el mapa futbolístico y quien se ha convertido en la bandera del club. Es totalmente cierto que fue Vucetich quien cambió la suerte de los Gallos ya entrada la temporada pero, para bien o para mal, se recordará a este equipo como el Querétaro de Ronaldinho, y más aún si de algún modo recupera la desventaja y sale campeón.

Así como sucedió a Cuauhtémoc en el 2008-09, su valor va más allá del campo. Es una cuestión de experiencia, prestigio y cartel. Estoy convencido que ningún jugador del Querétaro se quejará de que se le hagan concesiones. En el futbol se sabe que los cracks reciben otro trato, precisamente porque son distintos. Quien no lo sepa es porque o bien nunca jugó –ni en el llano- o bien tiene una memoria muy corta.

Y, a final de cuentas, creo que todo se reduce, de nuevo, al concepto de negro y blanco. No podemos ponernos moralinos o radicales en todas las circunstancias. Hay enormes escalas de grises y en este caso Vucetich nos muestra que, por lo menos él, sí lo entiende. Sería buenísimo que nosotros lo hiciéramos también.

 

Como siempre, los invito a opinar en el mail de arriba, la sección de abajo y en www.twitter.com/martindelp

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