Juan Carlos Osorio y las ideas preconcebidas

Casi siempre, nuestro ego gana la batalla contra el sentido común.

Al ser humano le es muy difícil asumir que no sabe nada sobre algo. Cuando nos preguntan, por lo menos intentamos dar una opinión aproximada, para no quedar como unos ignorantes. Casi siempre, nuestro ego gana la batalla contra el sentido común.

Cuando empezó el rumor de que Juan Carlos Osorio podría ser el entrenador de la selección mexicana, la pregunta obvia fue “¿quién?” Pese a su corta estancia como entrenador del Puebla, la verdad es que el colombiano era (y es) un perfecto desconocido para el futbol mexicano.

Las ligas donde ha hecho la mayor parte de su carrera no se ven en México, y aunque se podían encontrar algunas entrevistas en la red, el técnico seguía siendo una enorme interrogante para el público general y los periodistas. Pero había que opinar, porque nos hemos acostumbrado a ello, y al no poderlo hacer con elementos reales, nos basábamos en nuestras propias ideas preconcebidas.

Que si es extranjero. Que si no tiene tanto cartel. Que si viene de un país que no ha ganado nada a nivel selección. Y del otro lado, los menos, casi todos sudamericanos, diciendo que era una excelente contratación y que estaría a la altura del puesto, también sin exponer argumento alguno de por qué así sería.

En resumen, estamos juzgando a Osorio no por sí mismo sino por las ideas que tenemos de otros como él, cuando en realidad, salvo, quizá, algunas excepciones, no tenemos la menor idea de lo que puede aportar.

Por supuesto, tampoco ayuda que la Federación no haya aclarado, en lo más mínimo, el proceso que se siguió para contratarlo. Cuando se elige una opción tan alejada de lo que indicaría el sentido común, lo lógico, lo elemental es explicar de dónde salió la idea. Quizá haya sido buena, pero hay que enterarse cuáles fueron las motivaciones.

Durante todo el proceso de selección del técnico, lo poco que escuchamos fueron esos extraños discursos de Decio de María en los que mezclaba tácticas motivacionales con colmilladas para darle la vuelta a lo que preguntaban los periodistas, y que al final terminaban en lo mismo en que empezaban.

Uno de los problemas más grandes de México es la opacidad, pasa en la política, pasa en la vida cotidiana y pasa en el futbol. ¿Cómo evitar, entonces, la sospecha eterna? Ante la duda, piensa lo peor, y eso es lo que sucedió en este caso. Pero obviamente no es lo ideal.

Lo ideal, me parece, habría sido reconocer nuestro desconocimiento y esperar a que los resultados hablaran por sí mismos. A final de cuentas, todas nuestras opiniones actuales quedarán obsoletas en el momento que el Tri se ponga sobre la cancha contra El Salvador y ruede el balón. Lo más que podremos hacer es decir “se los dije” o “me equivoqué” (aunque eso también nos cuesta, pero es tema de otra columna).

Es posible que resulte como Casey Stengel y Joe Torre, los managers más exitosos en la historia de los Yankees, cuyos currículums rebosaban de malos resultados antes de tomar al equipo neoyorquino y cuyas contrataciones fueron recibidas con críticas y burlas de los periodistas especializados.

También puede ser que el resultado sea un nuevo Zlatko Petricevic o un José Luis Trejo cuando fue a Pumas. En realidad no tenemos la más remota idea, pero es precisamente por eso que en un caso así es mejor tener mesura y esperar acontecimientos.

Porque, además, la presentación del técnico arrojó más de lo mismo. Habló a detalle y sin que se lo pidieran de su idea de juego y por qué creía que sería exitosa en México. Rápidamente salieron aquellos que lo consideran un maestro a defenderlo y a quienes les molesta que sea extranjero y desconocido a atacarlo, sin siquiera analizar lo que dijo en la conferencia.

En mi opinión, fue interesante, conoce, por lo menos en teoría, al medio mexicano, parece saber de futbol y se concentrará en la cancha y no en hacer publicidad. ¿Funcionará? No tengo la más remota idea. Así de claro. No podré decirles “se los dije” o “me equivoqué”. La verdad es que no lo sé. Y creo que la mayoría de los mexicanos tampoco.

Así que, a esperar. Pero tampoco a chuparse el dedo. La Federación debe aún una buena explicación del proceso que se siguió para contratar al colombiano. Puede ser bueno o malo, pero para saberlo necesitamos esa información. Para que después no se quejen de que los periodistas opinan sin saber.

Como siempre, los invito en el mail de arriba, la sección de abajo y en www.twitter.com/martindelp.

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