Oportunidad de oro contra la corrupción

El sistema deportivo en México está podrido entre compadrazgos, amiguismos y nula transparencia.

Hace más de diez años me tocó vivir de primera mano cómo trabajaba el Comité Olímpico Mexicano. Por azares del destino, tuve que negociar con su oficina de prensa para conseguir una acreditación para que La Afición, periódico del que yo era Coordinador General, pudiera asistir a Atenas 2004.

Lo que me encontré en esas negociaciones parecía haberme llevado veinte años atrás en una máquina del tiempo. Compadrazgos, mentiras, burocracia, trámites laberínticos. Se trataba de una oficina de gobierno de la era de López Portillo. Al final, el trámite resultó infructuoso. El tercer periódico deportivo más importante del país no recibió acreditación, pero varios medios regionales minúsculos que eran amigos del jefe de prensa sí lo hicieron.

En ese periodo también pude platicar varias veces con Nelson Vargas, que intentó una cruzada para que el Comité y sus federaciones afines pudieran rendir cuentas. Me consta la frustración del ex dirigente deportivo ante la terrible opacidad del deporte mexicano, y la aceptación final de su derrota personal. Por más que lo intentó, no fue capaz de conseguir la apertura que buscaba. Ni siquiera se quedó cerca.

Los aficionados al fútbol tienden a criticar a la FMF por sus manejos, pero no tienen idea de cómo funcionan otras federaciones. Los directivos de futbol tendrán una gran cola para pisarles, pero la verdad es que, para estándares del deporte mexicano, su Federación es profesional, moderna y autosuficiente.

En el resto de los deportes, el sistema es perverso de por sí. Reciben dinero del gobierno y no tienen ninguna obligación de rendir cuentas. Sus presidentes pueden, en principio, pagarse los sueldos que quieran, ir a los viajes que se les antoje, nombrar a los entrenadores que les dé la gana, dar apoyo a los deportistas que les caigan bien y decidir por decreto. Y lo mejor es que sus puestos son casi vitalicios porque la reelección es legal y quienes votan son delegados estatales, que en muchas ocasiones son designados por los propios presidentes.

No es de sorprenderse, entonces, que el deporte mexicano de alto rendimiento entregue resultados lamentables cada cuatro años. Se repartieron 302 medallas de oro en Londres 2012, México ganó una, y fue en fútbol, la única Federación que no depende del gobierno. Países como Azerbaiyán, Rumania, Bielorrusia, Irán y Lituania tuvieron más. ¿En serio no se puede hacer mejor?

Alfredo Castillo no es, ni mucho menos, santo de la devoción de nadie. Llegó a la CONADE por ser cuate de Peña Nieto y no tiene ningún pasado relacionado con el deporte. Pero, por la razón que sea, está intentando hacer algo bueno en el deporte mexicano: acabar con un podrido sistema caciquil que se ha perpetuado por más de medio siglo.

La idea es simple. El gobierno es quien financia a las federaciones, en consecuencia las federaciones deben rendir cuentas. Y, a partir del buen manejo de esos recursos y los resultados deportivos, se decidirá el presupuesto para los años siguientes. De lógica elemental.

Es obvio que las federaciones mismas estén intentando resistirse a ese cambio. Y por añadidura lo hacen el Comité Olímpico Mexicano, desde cuyas oficinas se designa a muchos de los dirigentes de esas federaciones, y el Comité Olímpico Internacional, que asocia a todos los entes similares en el mundo y goza de la condición autonómica de las grandes multinacionales deportivas.

De ahí ha surgido la información de que a México se le impediría participar en los Juegos Olímpicos de Río. La noticia es falaz en sí misma. Es cierto que no aparecería nuestra bandera y no sonaría el himno nacional, pero los atletas sí estarían en la cita olímpica. En resumen, tendríamos a quien apoyar en verano del año próximo.

Pero incluso si no fuera así, y nuestros deportistas no pudieran viajar a Brasil, el sacrificio valdría la pena. Estamos ante una oportunidad histórica para limpiar, aunque sea un poco, el deporte mexicano. Ojalá llegue hasta las últimas consecuencias y pueda aprovecharse como se debe. Y quizá, a partir de ahí descubramos que es posible luchar contra la corrupción también en otros ámbitos.

Como siempre, los invito a opinar en el mail de arriba, la sección de abajo y en www.twitter.com/martindelp.

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