Crisis de ídolos en la Liga MX

En una lista de superestrellas, el primer nombre que se me vino a la mente fue André-Pierre Gignac.

Hace una semana, una revista internacional me pidió que mandara un listado de las superestrellas de la Liga MX. El primer nombre que me vino a la mente fue inmediato: André-Pierre Gignac. En este momento, el francés no solo es la cara más conocida de nuestro futbol sino de toda la región.

Hora de pasar al siguiente. Rafa Márquez. Por reputación, más que por nivel actual, pero vale. No todos los campeonatos tienen la suerte de poder contar con el segundo mejor jugador en la historia del país, aunque ya tenga casi 37 años y el cuerpo empiece a traicionarlo cada vez más a menudo.

¿El siguiente? Aquí la cosa empieza a complicarse. En la revista sugerían a Darío Benedetto. El americanista es un buen futbolista, pero ni siquiera me parece el más emblemático de su equipo. Otro nombre que les venía a la mente era Carlos Sánchez. Jugadorazo, sin duda, pero que solo lleva un mes en la liga y, tras una primera incursión decepcionante con el Puebla, aún necesita mostrar su calidad en México.

Otros nombres que me venían a la mente tampoco terminaban de llenar los requisitos. ¿Oribe? Quizá hace un par de años. ¿Sambueza? Para los americanistas, lo mismo que Sosa para los Pumas. ¿Funes Mori? Quizá en Monterrey pero no en el país entero. ¿Sobis, Pizarro, Nahuel? Extraordinarios pero a la sombra de Gignac, por lo menos mediáticamente. ¿Hirving, Damm? Prometedores, pero con camino por recorrer.

¿Montes, Talavera? Buenos jugadores, pero en equipos de poca difusión, y ni siquiera son indiscutibles en Selección. ¿Gullit? Que demuestre que puede con Chivas.

Por lo menos en principio, la Liga MX parece pasar por una etapa en la que solo tiene un par de ídolos excluyentes. Pero, antes de seguir, vale la pena preguntarse, ¿qué es una superestrella? ¿cuáles son sus características? No se trata solo de calidad, hay otros factores que inciden en que a un futbolista se le considere de esa forma.

En mi opinión y, por supuesto, se puede diferir, debe cumplir con por lo menos tres de estos cinco postulados. 1.- Debe superar con creces el nivel promedio de los jugadores de la liga. 2.- Su fama debe ser a nivel nacional, no tiene que generar discusiones regionales. 3.- Tiene que ser seleccionado indiscutible en su país. 4.- Tiene que ser reconocido internacionalmente, aunque sea solo en el continente. 5.- Debe haber sido una leyenda mundial.

Nuestro futbol los ha tenido sin duda en el pasado. Cardozo y Cabañas eran las figuras de la Selección paraguaya cuando jugaban en México. Campos era una de las caras de Nike a nivel planetario. Luis Hernández, Aspe, Cuauhtémoc y Luis García habían jugado varios Mundiales. Ronaldinho, Zamorano, Hugo y Butragueño llegaron con pasado ilustre. Y así nos podríamos seguir yendo.

En mi opinión, la razón de la falta de superestrellas en el presente tiene que ver más con una tendencia mundial que un problema inherente de la liga. En la actualidad, la diferencia de calidad –y de poder adquisitivo- entre los campeonatos europeos y de otras regiones es cada vez más grande y eso incide en el tipo de jugadores que se pueden ver en cada uno.

La Selección Mexicana que disputó Francia 98 estaba completamente basada en el país. En la actualidad, ninguna de las estrellas del Tri juega en México. Los talentos más prometedores han emigrado, y lo mismo sucede con los de otros países de Sudamérica, que ahora se van directamente a Europa sin hacer escala en ligas intermedias, por más buenos salarios que se paguen. Y si, por casualidad aparece uno, rápidamente es tentado por las sirenas españolas, inglesas u holandesas.

Eso no quiere decir, sin embargo, que no se pueda hacer nada. Los clubes de la Liga MX podrían inspirarse en el ejemplo de Tigres, que ha buscado llevar talentos distintos a sus filas. Y la liga misma debería trabajar más en materia de mercadotecnia para darle vuelo a sus jugadores.

Pese a no haber superestrellas, la calidad del torneo sigue siendo muy alta para estándares regionales, y los aficionados aún están pendientes de sus futbolistas, así que la oportunidad está ahí.

Y si no se puede, no es el fin del mundo. A final de cuentas, siempre será mejor tener una liga con una mayoría buenos jugadores y no con 10 superestrellas y 200 de segunda, como pasa en la MLS. Pero en la Liga MX deben entender que, si quieren evitar que les pase lo que en otros países donde nadie hace caso al futbol local, hay que cuidar el producto, y los ídolos son una parte esencial.

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