El Gran Greg

El día de hoy cumple 56 años de edad, el mejor clavadista olímpico norteamericano: Greg Louganis.

Saludos Enchilados amigos de Medio Tiempo. El día de hoy cumple 56 años de edad, el mejor clavadista olímpico norteamericano: Greg Louganis. El atleta que gano cinco campeonatos mundiales, una medalla de Plata en los Juegos Olímpicos de Montreal 76, dos medallas de Oro en Los Ángeles 84 y en Seúl 88.

Greg ha tenido que luchar con una vida compleja, tuvo una niñez atormentada y con grandes depresiones por ser adoptado y asmático. “Una infancia así le da forma a quién eres”, ha dicho Louganis. Tristemente y como pasa en muchas ocasiones, después de la fama vino el declive y a estas alturas de su vida, Louganis apenas va saliendo de los múltiples problemas que ha enfrentado. Las malas compañías, malos manejos financieros y su carácter débil lo llevaron a perder todo, al grado, de casi subastar sus medallas olímpicas.

Su caída comenzó después del retiro, cuando en 1994 anunció al mundo que era gay, reveló haber sufrido abusos de una pareja y ser VIH positivo. La noticia en esos tiempos, estremeció al deporte y ante la ignorancia y la moral, perdió la mayoría de sus patrocinadores.

Cabe mencionar que a Greg Louganis tuve la suerte de conocerlo en una entrega de premios de una televisora, sabía de su grandeza como atleta, pero ese día tuve la oportunidad de ver al ser humano. Me lo encontré de frente cuando iba rumbo al foro del evento, lo salude y se detuvo sin problema alguno para platicar escasos minutos conmigo. Le comenté que una tía siempre estuvo enamorada de él y que alguna vez dijo, que hubiera sido la primera en lanzarse a la alberca para sacarlo, cuando su vida estaba en peligro, después de abrirse la cabeza con la plataforma en Seúl 88 y caer semiinconsciente a la fosa que inmediatamente se tiño de rojo.

Su reacción a mi comentario fue muy tímida, de agradecimiento, contrario a una estrella de su magnitud, y me digo: muchas gracias, dale mis saludos y si quieres ¡llévale mi firma! No sé de dónde, aparecieron varias hojas de papel y una pluma, que sirvieron para llevar su autógrafo y darle una enorme felicidad a mi tía, que aún recuerda y se sonroja con la anécdota.

Así como esa tarde lo percibí, dicen que el mundo lo hacía cuando competía, esa mezcla de parecer tan vulnerable, pero a la vez, ser una verdadera fiera cuando tiraba un clavado desde la plataforma, lo hizo el más grande en la historia.

Hoy, con la venta de su casa de Malibú (donde vivió los últimos 29 años), ha salido de sus deudas, vive al día y ha decidido empezar de nuevo. La moraleja es muy simple: los grandes atletas nunca se rinden…porque ellos están hechos de algo que los hace diferentes. ¡Felicidades y mucha suerte Greg!Nos leemos el próximo viernes y recuerden: “Máscaras habrán muchas, pero Enchilada… sólo una”.

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