Cuestión de honestidad

El caso de doping de Salvador Carmona y la turbia historia que inició durante la Copa Confederaciones del 2005 en Alemania parece no tener fin alguno.

El caso de doping de Salvador Carmona y la turbia historia que inició durante la Copa Confederaciones del 2005 en Alemania parece no tener fin alguno.

Todo comenzó aquella tarde durante el entrenamiento del Tricolor en el estadio de Frankfurt cuando José Luís López Salido, reportero en ese entonces del diario "Récord" y un servidor notamos que faltaban dos seleccionados en el terreno de juego.

Al bajar a la zona mixta (lugar en donde se realizan las entrevistas) le pregunté al entonces técnico nacional, Ricardo La Volpe sobre la ausencia de Carmona y Galindo a lo que respondió: "Se manejan algunos códigos internos de disciplina y por faltar a ellos han sido separados del plantel"; minutos después acudimos con el Director de Selecciones Nacionales, Guillermo Cantú, y todo empeoró ya que calificó de "muy grave" lo que había sucedido. Al llegar al hotel de concentración, todos los jugadores se manejaron el el mismo sentido al no mencionar más que los mentados "códigos internos", y de ahí fue imposible sacarlos.

Esto se fue convirtiendo en una ola de mentiras por  parte de todos los involucrados, empezando por el Presidente de la Federación Mexicana en ese entonces, Alberto de la Torre. Fue tal su cinismo que se atrevieron a mentirle a FIFA.

En fin, usted conoce la historia al día de hoy. Sin embargo al parecer aún hay voces que escuchar y versiones que pronunciar. Seleccionados nacionales dicen que alguien debería decir la verdad, esto quiere decir que aún hay capítulos por agregarle a esta historia.

Lo más importante de esto y  que al parecer los clubes, dirigentes y jugadores involucrados no entienden, es que este asunto es una cuestión de honestidad y responsabilidad deportiva: ¿Por qué Alberto de la Torre solicitó a CONCACAF y FIFA el perdón para Salvador Carmona para que pudiera jugar el Mundial a sabiendas que había dado positivo nuevamente a principios del 2006? ¿Por qué Cruz Azul puso a jugar a Carmona sabiendo que estaba suspendido? ¿Por qué apoyó a su jugador para sacar un amparo federal sabiendo que los asuntos legales del futbol se arreglan dentro del futbol?

Son preguntas que nunca serán respondidas, y por más argumentos legales que esgrima Víctor Garcés, sabe muy en el fondo que se equivocó y que quiso aprovecharse de una situación ilegítima.

Cruz Azul hubiera podido salvar su eliminatoria, o al menos pelearla en la cancha si hubieran actuado de manera correcta, apegados al sentido común y respetando el espíritu del deporte, ya que ellos sabían perfectamente que Salvador Carmona había vuelto a dar positivo. Les faltó honestidad y respeto al fubtol, y ese mensaje, quieran o no, es transmitido de manera directa o indirecta a sus jugadores, entrenadores, escuelas filiales y afición.

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