Es hora de dejar de ser una isla.

El fin de semana pasado no tuve ningún compromiso, lo cual me permitió ver las distintas jornadas de fútbol a nivel mundial. Pude contemplar juegos de la liga española, inglesa, italiana y...

El fin de semana pasado no tuve ningún compromiso, lo cual me permitió ver las distintas jornadas de fútbol a nivel mundial. Pude contemplar juegos de la liga española, inglesa, italiana y obviamente la liga de nuestro fútbol, la mexicana.

Y sin hacer un intento profundo por analizar a fondo por qué cada una de las tres ligas que mencione al inicio sobresale a nivel mundial, podemos encontrar que éstas están compuestas por una serie de jugadores de distintas nacionalidades que enriquecen el fútbol de cada uno de estos países y lo hacen más fuerte. Y, como característica esencial, los futbolistas locales juegan y se desarrollan en su territorio, siendo muy extraño y se podrían contar con los dedos de una mano, los jugadores ingleses fuera de su país, así como los españoles o italianos que figuran en alguna otra liga de alta competitividad.

El no exportar jugadores puede ser una muestra del poderío de una liga, un síntoma de una alta competitividad o simplemente puede ser parte de una agonía lenta y decadente. Esto lo menciono pensando en nuestro torneo, ya que, en los últimos años, el fútbol mexicano ha tenido fuertes fracasos, siendo el más marcado el acontecido en el Mundial de Japón-Corea 2002. Justo ahora vemos como sufre una selección Sub 23 al tratar de conseguir un boleto para la justa olímpica de Atenas 2004 y, por más que analizo tratando de descubrir las similitudes entre nuestra liga y las tres antes mencionadas, me encuentro con que, las pocas cosas que nos caracterizan son, primero, los altos salarios que se manejan; segundo, lo difícil que resulta que los jugadores mexicanos salgan a otras ligas y tercero, que la infraestructura de la mayoría de los clubes es de alto nivel.

Es tiempo que los directivos empiecen a ver claramente que las distancias se están acortando, que nuestro fútbol esta dejando de ser el más importante de la zona y que los nuevos valores simplemente no llegan. Es hora de dejar de ser una isla que sólo recibe, es tiempo de empezar a importar, empezar a crecer de nuevo y buscar los caminos para retener y hacer real de nueva cuenta el mote de “El Gigante de CONCACAF”.

Es hora de hacer reformas para impulsar nuevas generaciones de jóvenes que puedan aportar y darle una sangre nueva a nuestro balompié. Tal vez es hora de reducir el número de plazas para extranjeros, de hacer nuevas reglas que le den forma al torneo con el objetivo de hacerlo más competitivo, de buscar nuevos caminos para la comercialización y de encontrar distintas maneras para que sea más rentable un conjunto profesional. Hay que determinar los procesos de una forma clara para poder alcanzar el objetivo de ser una liga realmente organizada desde los pies hasta la cabeza, aprovechar lo sembrado y aprender de los errores que el día de hoy nos han dejado a una selección Sub 23 preocupada por calificar.

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