Hasta siempre Mauricio

Ésta es sin duda la columna más difícil que me ha tocado escribir en los meses que Medio Tiempo me ha abierto este espacio. La noticia de este sábado sacudió al entorno futbolístico, y más...

Ésta es sin duda la columna más difícil que me ha tocado escribir en los meses que Medio Tiempo me ha abierto este espacio. La noticia de este sábado sacudió al entorno futbolístico, y más a las personas que tuvimos el privilegio de conocerte.

Imposible decirte adiós sin experimentar un sabor metálico en el paladar y una aguda pena en el interior. Ese cáncer, esa maldita enfermedad que sigue siendo indescifrable en nuestros días, terminó por cortar tu existencia.

Aún al redactar estas líneas cuesta creer que la muerte abrió la brecha definitiva.

Qué difícil es ignorar los momentos con el amigo, para rescatar los recuerdos del futbolista.

Parece que fue ayer ese junio del 2009, cuando fuiste a tu primera pretemporada con Rayados. Eras un remolino de buen humor y positivismo a tus 21 años de vida. El apellido Aguirre empezaba a figurar en el plantel. Realmente prometías bajo el arco.

Vino el primer trago difícil. En enero del 2010, estando en la Interliga de Los Ángeles fuiste enterado de que tenían que amputarte el dedo índice de la mano izquierda por una extraña infección sufrida meses atrás. Tu carácter salió a flote: sin la fuerza ideal en la mano, y jugando la posición que más la requiere, jamás renunciaste al futbol. Volviste.

Y la motivación llegó pronto. Me compartiste tu reto tras muchos entrenamientos, un gesto que no se olvida. “Oscarín, voy a ser papá”… “Oscarín, van a ser gemelitos”… “Oscarín, te presento a mis bebés, Patricio y Ana Sofía”.

Me contagiaste vía telefónica de tu gran triunfo en abril del 2010, cuando debutaste ante el Morelia en la fecha 17 del Bicentenario. Inolvidable el gol que le arrebataste a Elías Hernández volando contra la línea.

En diciembre volvió la sombra. La infección que había cobrado tu brazo ahora amenazaba ser algo más serio. Con un nudo en la garganta me confirmaste que el mal había generado un cáncer y que el pronóstico era reservado. Pero pese a tu juventud, lo afrontaste con una sabiduría digna de admirarse.

En tu último viaje con el equipo a finales de abril, te mostraste deteriorado físicamente pero con más ganas de vivir que nunca. En Salt Lake City volviste a sorprendernos por tu valor. “Ya soy del club de los pelones compadre, para que no se agüiten el ‘Chupete’ y el ‘Chaka”. Era sorprendente verte siempre con una sonrisa, teniendo tantos motivos para borrarla.

Por eso, al saber tu sufrimiento de las últimas semanas, sólo quedaba rezar.

De verdad Mauricio, no exagero, jamás conocí a nadie que afrontara una enfermedad tan terrible como la tuya, con el aplomo que mostraste en cada momento. Esa última plática que tuvimos hace unos días suena como un eco en mi cabeza.

Es extraño, pero irrefutable, que con tan corta carrera te hayas ganado un rincón en la historia del equipo. Tu entrega y enorme carisma le llegaron a la afición. Tienes un lugar valioso, pero especialmente imborrable, entre todos los que tuvimos el privilegio de conocerte, y más entre los que reconociste con tu amistad.

Hoy el sentir es de coraje, impotencia, frustración, y dolor. Nos dejas un hueco en el interior, pero a la vez una semilla de determinación, al ponernos el ejemplo de cómo se encaran las cosas cuando la adversidad nos asfixia. Luchaste valiente hasta el último aliento.

Y llega el momento de decirte ‘hasta luego compadre’, aunque hoy sea lo último que desearíamos pronunciarte. Lo hacemos con una sonrisa para ocultar un enorme dolor, tal y como nos enseñaste en estos últimos meses.

Hasta siempre Mauricio. Te vamos a extrañar.

Vaya con Dios amigo.

twitter @oscaradrian_vzz

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