Adiós al gigante

Hay futbolistas que tienen la innata virtud de marcar a toda una generación, y ése es sin duda el caso de Miguel Calero.

Hay futbolistas que tienen la innata virtud de marcar a toda una generación, y ése es sin duda el caso de Miguel Calero.

El portero colombiano acepta la hora de colgar los guantes, y pese a anunciarlo a los 40 años de edad, lo hace en medio de los reflectores nacionales. Muchos seguidores a favor; otros tantos en contra. Odiado y amado, aborrecido y exaltado; cualquier emoción menos el olvido, ley que sólo aplica para los fuera de serie.

Con su forma de vivir el futbol, Calero rompió el molde de los guardametas sobrios. Combinó en su estilo polémica y espectáculo, sin perder el objetivo de ser eficiente.

Es cierto, sus mejores estampas forman parte del pasado. Su dimensión del tiempo y el espacio se fue perdiendo en una posición que no perdona errores. Pero lo que nunca dejó de lado fue su personalidad, ésa que le permitía levantar a toda una tribuna - ya fuera para aplaudirlo o para abuchearlo- con simplemente pararse en el campo.

Cada año llegan a México decenas de extranjeros para reforzar la Primera División. Pocos como Miguel.

Pocos saben que siendo una promesa, El ‘Cóndor’ estuvo a punto de llegar al Monterrey en el 92’, cuando finalmente el equipo regio se decidió por el paraguayo Rubén Ruiz Díaz. A la larga, su destino lo encontró siendo pilar del Pachuca.

Calero se va, y se lleva con él la época dorada de los Tuzos. Con sus atajadas, y hasta goles, se volvió un emblema de un conjunto hidalguense en la época que más estrellas cosechó.

Su legado es simplemente envidiable. Cuatro títulos de Liga, tres Copas de Concacaf, una Copa Sudamericana y tres participaciones en el Mundial de Clubes.

Si se hiciera un recuento de sus 10 mejores atajadas habría mucho de dónde escoger. Si se hiciera un recuento de sus errores más graves, también. Pero si se hiciera una votación de cuál fue el mejor portero extranjero de las últimas décadas, no hay duda que estaría en la terna.

Es de los guardametas con la extraña habilidad de robar cámara a los delanteros. Y siempre seré de la idea que pudo ser ídolo en cualquier plaza a la que hubiera llegado en el país.

Por eso, cuando pasen los años será inevitable referirse a la primera década del siglo XXI como aquélla donde jugaba un gigante colombiano de apellido Calero, que ganó todo con el Pachuca, y que dejó los frutos de sus manos de héroe para la posteridad.

¿Te acuerdas?

Oscar.mediotiempo@gmail

Twitter: @oscaradrian_vzz

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