¿Quién llora a Estudiantes?

Pocas veces las llamas del descenso habían tocado a una minoría tan marcada en el futbol mexicano. Estudiantes, con su micro universo, está siendo consumido sin resistencia por el fuego del fracaso.

Pocas veces las llamas del descenso habían tocado a una minoría tan marcada en el futbol mexicano.

Estudiantes de la UAG, en su micro universo, está siendo consumido lento y sin resistencia por el fuego del fracaso.

No existe un milagro visible para un equipo que camina dócil a su despedida de la Liga. Y lo hace sin manotear, sin patalear, como resignado a lo inevitable.

El adiós emplumado está por firmarse con un cubo de hielo. No se le ve el brillo en sus ojos de quien desea quedarse. No hay un movimiento de rescate detrás de su incipiente calvario.

 

Anteriormente, en otras plazas, con otros implicados, el riesgo de perder la categoría movilizó masas, iniciativa privada, gobiernos y hasta medios de comunicación.

Tecos está solo.

Y esto va sin menospreciar a los seguidores de la UAG, y a la institución educativa detrás de su escudo. Con ellos, la palabra fidelidad toma otra dimensión. Tampoco es descargo a la directiva y los dueños, sobrados de buenas intenciones pero sin capacidad para concretarlas.

Más bien es caer en que a diferencia de otros descensos, esta lucha está cifrada en un círculo vicioso de varios años que nadie se atrevió a romper.

Su problemática se gestó franca, frontal, perfumada de apatía y maquillada de ganas. En el silencio comenzó la caída. Y en el silencio está por consumarse.

La fórmula con que el cuadro zapopano se despide es la misma que un día lo encumbró: inversiones pobres, ligera ambición deportiva, subyugado siempre a la ley de la oferta y la demanda, con un crecimiento nulo en muchos renglones. Una veleta para fines protagónicos.

Jamás en lo que recuerde vi unos Tecos concebidos para ser campeones. Y ni siquiera ahora, arrancando en agonía, los vi seriamente reforzados para permanecer. Siempre mantuvieron el bajo perfil, cómodos en la aspiración de ponerse el traje del caballo negro.

 

Deportivamente su aporte es totalmente prescindible. Dieron al clavo con muchos refuerzos, eso sí, siendo los visores no oficiales del resto de los equipos. Pero ése fue su mérito y también su perdición. Atinaron con muchos jugadores de importación tan valiosos como baratos, que tras cotizarse enfilaron invariablemente a otras playeras. Se me ocurren al menos 10 ejemplos de protagonistas de la Liga que llegaron al país por la puerta del Tres de Marzo. Hoy la lógica se impone y su nómina es el espejo de sus estadísticas.

Y ni se hable de una etapa negra o una racha que entierra a una víctima. Esta misma fórmula que una vez alcanzó para un título es la misma que hoy lo sepulta. Que no se diga que el campeón del 94’ fue producto de un proyecto, o de un trabuco que estremeciera un draft. El descendiente actual mantiene el perfil organizacional de varias décadas, salpicado con excepciones.

 

Ni ganar afición, ni ganar entradas, ni ganar partidos, ni ganar historia. 

Por ello, en medio de la parsimonia, surgen las preguntas ¿Quién llora a Estudiantes Tecos? ¿Quién haría algo por este equipo tan ignorado? ¿Quién se contagiará de luto en una ciudad tan inmune a su tragedia? ¿Será el club capaz de regresar si se oficializa su adiós? Pero sobre todo ¿Cuántos, afuera de sus colores, desearían su regreso?

Dicen que cuando una tradición necesita ser salvada, ha dejado de ser tradición.

Y este equipo, en su nivel tradicional, parece descendido desde hace un tiempo… aunque las matemáticas digan que aún puede salvarse.

Mail: oscar.mediotiempo@gmail.com

Twitter @oscaradrian_vzz

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