De renuncias, empates, y psicología

¿Puede un equipo cometer los mismos errores permanentemente? En el caso de Chivas, tal parece que sí.

¿Puede un equipo cometer los mismos errores permanentemente? En el caso de Chivas, tal parece que sí.

No hace mucho escribía lo que a mi juicio era un despido a destiempo, por correr a Quirarte tan temprano en el torneo. Hoy, para dolor de muchos rojiblancos, tengo que escribir que su sucesor, Ignacio Ambriz, se va con el mismo destiempo, pero por tardío, y en la misma campaña que llegó.

Y no es que los dos técnicos no tuvieran en su momento razones para darles las gracias. Pero esto se trata de planeación, y el Guadalajara parece que no entiende la dimensión de esa palabra.

¿Qué va a cambiar Alberto Coyote en dos jornadas, y sobre todo con la plantilla que tiene? ¿Qué mensaje debemos tomar de un equipo eliminado que cambia técnico en la fecha 16? ¿Qué se resuelve en el ambiente con su baja?

Es por orgullo, dirían muchos. Cierto. Pero ese malentendido sentimiento de pertenencia no puede ser la base para planear a un equipo profesional que se precie de serlo.

De esto tenemos que deducir que los razonamientos de Jorge Vergara siguen basados en arranques temperamentales, y que siguen rebasando a sus subordinados.

Porque millones de aficionados hoy clamaban por la cabeza de Ambriz. Pero la decisión de los que tienen el poder no puede pasar por un coraje. Decirle a Ambriz –y a su presidente- que sólo tenían la opción de terminar la campaña, era como pisotear la dignidad que se ahorraron al no renunciar en Ecuador o tras el juego de Tigres.

Y ahora, oootra vez a empezar de nuevo, y a fomentar el discurso donde de un falso proyecto institucional, que iniciará con la primera mancha para Johan Cryuff, que desde hace dos meses es de manera oficial el conductor de este vehículo maltratado por los caprichos de su dueño.

TU EMPATE, MI EMPATE

Está por darse a conocer la reinvención de la Liga, y ya asoman las primeras genialidades que se proyectan para mejorar el espectáculo.

Una de ellas es que los empates ahora tendrían clases sociales, apegados al trillado dicho de los narradores: ‘hay de empates a empates’.

Si no se ha enterado, le cuento que ahora la propuesta es que las igualadas sin goles no arrojen puntos para ninguno de los equipos, mientras que los empates de dos goles o más permitan tener dos puntos para cada protagonista. El empate de 1-1 sería el único que dé un punto, como ha sido siempre desde la historia la puntuación futbolera moderna.

Entiendo la esencia de la idea, que es fomentar el hambre de ir por más en los equipos. Pero de entrada me parece que se está eludiendo la mayor responsabilidad, que debiera ser elevar la calidad de los partidos, y no jugar con las matemáticas para maquillar igualadas.

El espectáculo real no vendrá cambiando los puntos que se reparten por las actuaciones, sino mejorando precisamente las actuaciones.

No le demos vuelta. Sólo en la medida que se eleve la calidad de los jugadores, principalmente los extranjeros, se llegará a crear el círculo virtuoso entre espectáculo, ratting, asistencia y ganancias.

En todo caso creo que quitar los puntos de los 0-0 bastaría. Pero ante todo, me gustaría saber que además de quebrarse la cabeza con el verbo empatar, nuestros directivos están realmente buscando traer jugadores de peso que eviten la abundancia de los 0-0 cada jornada.

PSICOLOGÍA DE FINAL

Monterrey volvió a dar cátedra de lo que es la mentalidad en la Fiesta Grande, y si nada extraordinario sucede en Torreón, Vucetich ratificará que tiene el toque de oro disputando duelos por el título.

Fuera de lo futbolístico, que desde luego es lo más importante, hoy quiero reflexionar que la psicología volvió a estar del lado de los albiazules, en contraste con el equipo de La Comarca, que nunca atinó a meterse al partido.

El segundo gol de ‘Chupete’ es una joya, complicada de replicar hasta en el Play Station. Pero fuera de su plástica, y que minutos antes pudo ser expulsado, me quedo con el terror en los ojos de la zaga lagunera, que liquidada mentalmente vio cómo un solo hombre anuló a cinco elementos con su sola presencia.

 

No hay nada peor que una derrota mental. Santos ayer perdió desde que se convenció que podría perder. 

El 2-0 pesa, pero aún no es definitivo. Y hoy la mayor complicación para los Guerreros deberá ser dar la vuelta a su propia psicología, para quitarse de la mente esa bomba de tiempo que representan tres finales perdidas al hilo, y que ayer le costó ponerse en ruta de sumar la cuarta.

Twitter @oscaradrian_vzz

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