Escándalo silenciado

A últimas fechas, el Tricolor nos ha dado unas de cal, otras de arena y otras de hiel. En la cancha, ha ido de menos a más, pero fuera de ella ha sido totalmente decadente. Hoy por hoy, la afición...

A últimas fechas, el Tricolor nos ha dado unas de cal, otras de arena y otras de hiel. En la cancha, ha ido de menos a más, pero fuera de ella ha sido totalmente decadente. Hoy por hoy, la afición espera más la alarmante noticia que el resultado deportivo del equipo de todos.

Lo sucedido en Alemania, raya en la sorna. Tal parece que algunos quisieran ponerse de acuerdo para cometer actos graves y después demostrar que en nuestro país, normalmente, olvidamos cualquier cosa a los 4 días, -por terrible o benéfica que esta resulte-.  Carmona y Galindo festejaron el brillante triunfo ante Brasil y hoy expulsados, desterrados y señalados por sus compañeros de Selección Nacional, reposan ya en sus “merecidas vacaciones”, después de recibir el espaldarazo de su club. Los corrieron. Los desaparecieron de una competencia oficial sin mayor explicación. Se deshicieron de ellos dejándolos en ridículo pero sin mostrar las evidencias. Los acusaron, pero no se atrevieron a decir porqué.

La posible razón por la que haya sido, ya fue interpretada por todos, aumentada y minimizada a la vez.  Las versiones han ido desde una divertida fábula, hasta una densa escena gore.  La imaginación vuela y más cuando otros la alimentan.  Para efectos de este espacio, la causa no es el punto de discusión. El error o el pecado parece tener mucho más que ver con lo extradeportivo que con lo netamente futbolístico, por lo que el juicio tiene otro escenario y no este. Aquí de nueva cuenta lo que desafortunadamente destacamos es el modo de hacer las cosas. El estilo y no el contenido, la forma y no el fondo. Una expulsión, un error, por garrafal que sea, nunca deteriora tanto la imagen de una persona como lo puede hacer una suposición, un chisme.  Es un hecho que algún error cometieron, pero mayor yerro resulta el silencio cuando a la opinión pública la despiertan. La verdad no debe esconderse por terrible que esta sea. Lavolpe, se lava las manos y agradece al grupo la decisión. El grupo advierte que rompieron códigos secretos, lo que supone una traición. Y los directivos prefieren callar para no lastimar. Total que del proceso deportivo de casi tres años, hay que descontar a dos que se consolidaban como casi inamovibles.

72 horas después, aparecen por fin versiones: El presidente de la FIFA asegura que la expulsión de estos dos mexicanos fue por razones de indisciplina, al tiempo en el que el estratega celeste, -el técnico del Cruz Azul a miles de kilómetros de distancia y con poca “vela en el entierro”-,  es el único en declarar la versión de los castigados. Asunto de dineros, ya que las primas no fueron las pactadas.  Nosotros nos podemos quedar momentáneamente con las “oficiales”, antes que entrar en el terreno malsano de las suposiciones. Lo que es un hecho es que el incendio encendido, ha intentado apagarse a sombrerazos. La irresponsabilidad, ha hecho nuevamente su aparición y un escándalo internacional, se intenta silenciar con pocas palabras y mirándose todos entre sí.

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