Nunca se termina de aprender

Este comentario que envuelve todo lo acontecido en la serie de cuartos de final del torneo más importante de nuestro continente a nivel de clubes encierra varios matices, pero debe iniciar con el...

Este comentario que envuelve todo lo acontecido en la serie de cuartos de final del torneo más importante de nuestro continente a nivel de clubes encierra varios matices, pero debe iniciar con el entero reconocimiento para un valiente equipo mexicano como es el Guadalajara.  El conjunto más popular de nuestro país se ha lucido como en sus momentos más gloriosos. En la época profesional del balompié azteca suma 10 títulos. Es la única oncena “netamente mexicana”. El arrastre popular es espectacular en cada una de las canchas que se presenta y los triunfos históricos de los años 60, permanecen imborrables, pero lo que demostraron frente al equipo más popular de Argentina, provoca una emoción como muy pocas.

Las Chivas se bailaron al Boca en el juego de ida en el Jalisco,  un 4-0 que pudo ser incluso mucho más escandaloso, de no ser por el Pato (arquero xeneize). Las Chivas ganaron sin discusión en la cancha y fuera de ella. La convocatoria de sus jugadores para concentrarse con el Tricolor fue peleada con fiereza por la directiva encabezada por el pirotécnico Vergara. Las Chivas no se dejan y encararon a todos para no ser despojados de sus piezas clave (aún cuando Oswaldo y Salcido tuvieron que viajar a Alemania).

Pero, ¿qué me dicen de la forma en la que se pararon en una de las canchas más difíciles y temidas del mundo?  En el juego de vuelta, se mostraron ordenados, capaces y con gran personalidad (características comunes de los futbolistas mexicanos, aunque haya quienes aún no se enteren de ello). El Boca no encontró por dónde hacer el primero, mucho menos los demás. Un equipo argentino que sacó a relucir el cobre. Las patadas, los jalones, los insultos y la desesperación que salió a flote tras la incapacidad frente al conjunto mexicano. La expulsión al Bofo todavía no la entiendo, la misericordia hacia Schiavi menos, pero la escena que protagonizó Palermo es digna de un análisis de las autoridades en el deporte más bello y apasionante del planeta. Un jugador al que antes de esto se le recordaba más por los 3 penales fallados en un solo partido con su Selección Argentina en la Copa América del 99, que por brillar en España o en su obligado regreso al Boca. Palermo fue grosero, demostró no tener una pizca de deportivismo y mucho menos de amor a la esencia del futbol. La seguridad de la Bombonera evidenció el proteccionismo a sus paisanos (el policía que dejó pasar al aficionado agresor del Bofo, para después parodiar al genio de la comedia Chaplin  en el ridículo intento por alcanzarlo, antes de que este volviera ante sus ojos a la tribuna, fue lamentable). El escupitajo del llamado Chino Benítez (y vale una disculpa para los orientales que se sientan insultados por el sobrenombre de este sujeto), denigra la posición de líder, de cabeza de cualquier equipo, (a Benitez se le terminó la humildad demostrada al confesar no poder dormir después de la goliza en contra del primer enfrentamiento, ya que no aceptó culpa alguna por la bajeza con la que despidió al delantero Bautista en su tormentosa salida de la cancha boquense).

Las agresiones fueron de todos colores y sabores, y los integrantes del glorioso Guadalajara, ni se inmutaron. Las Chivas demostraron que el aprendizaje ha sido efectivo, asimilado. Tan sólo 7 años después de debutar en la Libertadores, los equipos mexicanos saben a qué jugar y contra quién hacerlo. Sólo 7 ediciones y México está dignamente representado en el deporte y en el deportivismo.  Gracias Chivas por seguir siendo grande y por seguir haciendo ver que los caballeros tienen que pelear pero con sus propias armas, lo demás es para los incapaces.

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