El engaño futbolero

¿Hasta dónde el futbol es un juego? ¿Hasta dónde una habilidad o astucia, pueden ayudar para conseguir un objetivo? ¿En qué momento el deporte deja de ser una simple diversión para convertirse en...

¿Hasta dónde el futbol es un juego? ¿Hasta dónde una habilidad o astucia, pueden ayudar para conseguir un objetivo? ¿En qué momento el deporte deja de ser una simple diversión para convertirse en una responsabilidad seria?

Siempre he pensado que para disfrutar del deporte más bello del mundo, debemos mantener intacto su carácter lúdico. El futbol es un juego, aunque muchos lo percibamos de otra forma. Un juego en el que entregas y exiges, en el que te disciplinas, pero a la vez  rompes con lo escrito. Te debes a las reglas, aunque permanezcas propenso a romperlas, si éstas se interponen para una genialidad. En el futbol existe una condición natural que se busca por instinto, que provoca que la sangre hierva, de índole festivo. Una búsqueda eterna por el engaño. La finta, el recorte, la mirada, son argucias de gran éxito en el futbol.

Los jugadores especiales no son los que hacen lo esperado, sino los que engañan al rival. El "taquito", la "rabona", el "escorpión", son hoy recursos inventados por los "benditos embusteros" de nuestro deporte. Para cobrar un penal, existen dos mentirosos: el que tira pero nunca anuncia y siempre espera mostrar una cara que a fin de cuentas no será la buena, y  el que espera, suponiendo serenidad y entregando terreno que después pueda ser recuperado. El fuera de lugar -es una mesa de ajedréz- el defensor coordinado con sus compañeros busca pescar infraganti al ofensor que a su vez, permanece atento para encontrar un momento de distracción en su marcador. El futbol es sorpresa.

¿Pero qué pasa cuando el engaño es en contra de las reglas, de lo pactado en  común acuerdo? A últimos días, se ha puesto otra vez de moda uno de los más famosos. Un hombre que divide, pero que nadie puede cuestionar por su grandeza futbolera. Un Dios para muchos, que volvió a nacer, gracias al amor de su gente. Diego Armando Maradona está de regreso, y con él, vuelve la polémica que nunca muere.

Diego, confesó que los argentinos del ´90 mezclaron algún estupefaciente en las bebidas de los brasileños a los que se enfrentaron en el mundial italiano. Finalmente Argentina ganó y 15 años después, esta declaración parece más una burla que una arrepentida confesión. Ahora el "10" en su programa televisivo, habla de la mano que le dio el gol ante los ingleses en el México ´86. Ese gol que todos saben que no fue legítimo y que contribuyó a la descalificación de los británicos. Diego reconoce que hubo mano y enciende los focos provocando más  controversia, una trampa que sobrepasó al engaño futbolero.

Pero, ¿qué se puede hacer hoy? Eso pasó hace 19 años y Argentina fue Campeón del mundo. La pregunta es ¿hasta dónde se vale el engaño? ¿hasta dónde la trampa no es tan tramposa? Yo sigo pensando que Maradona fue uno de los dos más grandes futbolistas en la historia, pero uno de los peores deportistas de la humanidad.

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