¿Y a ti cómo te dicen?

¿Quién sabe de futbol? Fue una interrogante que un día le escuché a Javier Aguirre. El "Vasco" me confirmó lo que yo ya sabía pero diferente: el futbol es el deporte más bello del mundo porque...

¿Quién sabe de futbol? Fue una interrogante que un día le escuché a Javier Aguirre. El "Vasco" me confirmó lo que yo ya sabía pero diferente: el futbol es el deporte más bello del mundo porque "todos" podemos hablar alrededor de él. Todos los que hemos pateado un balón sabemos lo que se siente, sin necesariamente poder expresarlo de la misma forma que otros, porque más que un deporte es una pasión.

Por eso, quiero referir mi comentario a un tema que tiene que ver con el estado de ánimo, con el modo de ser dentro de la fiesta futbolera. Lo vivimos desde niños, en una "cascarita", en la escuela, en la calle, en el llano o en un estadio: los apodos nos acompañan casi siempre que hay un balón de por medio.

Hay de todo, normalmente surgen espontáneos y burlones. Los que te pueden dar prestigio o te pueden destrozar. No es lo mismo "los ratones verdes" -mote que ha pesado por décadas denigrando al Tricolor-, que el vibrante  "O Rey" del más grande de todos los tiempos para Edson Arantes. Desafortunadamente, hoy con la vorágine de los medios de comunicación cada vez aparecen más forzados.  Están los que tienen que ver con las características físicas y que se enfocan a la forma y estilo de juego, la personalidad sobre la cancha. Para este tipo de sobrenombres, creo sin temor a equivocarme que el autor más grande de todos, ha sido el maestro Ángel Fernández quien lo mismo bautizó a jugadores, a periodistas que a Instituciones (como La Máquina celeste del Cruz Azul).

Hay apodos que se quedan para siempre como los ya destacados "Supermán" Marín y "Confesor" Cornero, así como los peruanos "Cobra" Muñante y Patrulla" Barbadillo, apodos que ensalzaron las cualidades personales dentro del terreno de juego, -reflejos, fortaleza agilidad y velocidad-.  El "Jefe" Tomás Boy  y el "Maestro" Benjamín Galindo, destacaron siempre por su liderazgo y gran clase en el césped. 

Otros, mezclaban anécdotas con algunos logros o reconocimientos: En el ámbito internacional, el "Principe" Enzo Francescoli recibió este mote después de posar impecablemente vestido en una revista francesa al ser reconocido como la máxima figura del Olympique de Marsella (y del futbol francés) a mediados de los años ochenta.

Algunos, han adoptado incluso el sobrenombre de otros: el "Borita" Alcántar (por su parecido fisico a Bora Milutinovic) "Chelito" Delgado (por su admiración a Marcelo Delgado),  el "Místico" Pereira (por su gusto por la lucha libre mexicana), el "Bonavena" Ramírez (de gran parecido físico al boxeador argentino Oscar Bonavena de épicos recuerdos luego de caer en 15 asaltos ante Mohamed Ali en 1972 y quien para muchos inspiró la creación de la dinastía cinematográfica "Rocky"), el "Tena" Munguía (haciendo referencia a Alfredo Tena), el "Platini" Sánchez (comparado por los bolivianos con la estupenda clase de Michel Platini), o entre las mujeres, una de las pioneras del futbol femenil en México: la "Pelé" Vargas (haciendo honor al ya citado "Rey del futbol").

Es lógico esperar que los futbolistas brillen más por la calidad que por la popularidad, pero no se puede negar que  los sobrenombres son también un condimento en la máxima fiesta deportiva. Apodos inteligentes, espontáneos, no forzados. Certeros e impactantes, como los que no me canso de agradecer al siempre elocuente Ángel Fernández quien convirtió los motes en piezas de colección. Siempre con tino, siempre con genio.

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