Cuentas claras

¿A qué le tiramos? ¿qué conseguimos? y ¿hacia dónde vamos?

¿A qué le tiramos? ¿qué conseguimos? y ¿hacia dónde vamos?

El respetado proceso no funcionó y ahora hay que responder un montón de interrogantes. Para empezar y como el mismo cuerpo técnico tricolor sentenció, esto se puede dividir en lo futbolístico y lo extrafutbolístico -aunque yo además añadiría un tercer enfoque que incorporaré más adelante después de intentar desmenuzar este resultado final-.

Partimos de la base que este proceso fue un "rotundo fracaso" porque siguiendo la definición del manoseado término, nos damos cuenta que el objetivo de la empresa no se cumplió.

En lo futbolístico:

A nivel de resultados, México hizo la peor Copa América de su historia (después de 2 subcampeonatos, 2 terceros lugares y un quinto puesto antes logrados). No consiguió la anhelada medalla olímpica en Atenas (siendo que Lavolpe, asumió las riendas de la Sub-23, al quitarse del camino al entonces técnico Carlos de los Cobos, quien en 1996 había calificado al Tricolor en Atlanta como primer lugar de su grupo). En la Copa Confederaciones, se terminó cuarto de ocho (muy por debajo del campeonato conseguido en 1999). En la eliminatoria mundialista, se calificó igual que hace 4 años, en la segunda oportunidad. El estilo de juego, no fue nunca como el técnico lo presumió –no fue ni espectacular ni efectivo-. Las variantes en exceso terminaron por enredar al entrenador y a los jugadores –ninguna Selección Nacional tendrá nunca la cantidad y calidad de tiempo para experimentar "tantos" esquemas como un club de liga local. La renovación de jugadores, fue relativa, o por lo menos no fue mayor a las de otros años, porque tendríamos que diferenciar los términos edad y renombre: jugadores como Salcido, Osorio y Fonseca oscilan los 27 años (no son precisamente jóvenes aún cuando recibieron mayor escaparate), mientras que jugadores como Andrés Guardado o Guillermo Ochoa , no tuvieron la confianza en juegos importantes (Guardado, sólo jugó medio tiempo en la Copa del Mundo).

En lo extrafutbolístico:

Más que evidente, El técnico nacional demostró desde un principio buscar primeramente el reconocimiento personal (intentó dirigir al Toluca en la Final del invierno 2002, a menos de 2 meses de haber sido elegido la cabeza táctica y técnica de nuestro balompié). Peleó, criticó y minimizó a casi todos -empezando con la prensa y siguiendo con Hugo Sánchez, aficionados, directivos, entrenadores, ex figuras y para colmo terminó metiéndose hasta con sus propios jugadores-. Dijo que en México nunca se había logrado nada y él terminó con las manos vacías (de logros, no de plata). Demostró no tener categoría, se desdijo en decenas de ocasiones. Amenazó con renunciar muchas veces sin cumplir una sola ni ofrecer razones de verdadero peso, en fin que como líder, deportista o figura pública no dejó muy buen sabor de boca.

Este proceso resultó un fracaso por donde se le vea, pero ojo, que debemos ser cautelosos  para no seguir cayendo en triunfalismos exagerados. Así como estoy seguro que estos 3 años 7 meses  no dieron los frutos esperados, también sigo pensando que la manipulación y la enajenación de "algunos" fueron cómplices de esta enorme desilusión generalizada.

Nosotros somos comunicadores, no paleros ni animadores. Porque así como este deporte se gana con goles, la grandeza se va construyendo a base de logros. Es cierto que en el futbol puede pasar cualquier cosa, pero la trillada frase "ya no hay equipos chicos", no conlleva necesariamente a poder afirmar "ahora todos pueden convertirse en grandes".

Se imaginan si por estructura o preparación se tratara, España hubiera tenido que ser parte de la tercera ronda mundialista –posee una de las mejores ligas del mundo y además jugó muy bien la primera fase-. Holanda, reclamaría airadamente seguir con vida en territorio teutón -uno de los futboles más desarrollados en Europa y con mayor producción de talentos-. Si las ganas y los deseos fueran suficientes, Japón, nos convencería al destacar la pasión con la que sus aficionados viven ahora este deporte. Corea del Sur, nos recordaría que hace 4 años llegó hasta las semifinales. En Ecuador, Paraguay, Costa Rica y Polonia, nos echarían en cara que ellos son tan futboleros como nosotros. Lo único real es que al representativo tricolor, todavía no le alcanza para llegar más lejos dentro de una edición mundialista. El mejor partido se dio ante Argentina, el verdadero nivel de nuestro equipo en un juego vibrante, pero por el momento las grandes potencias (Brasil, Alemania, Italia o la misma albiceleste) siguen saliendo victoriosas. Hoy seguimos teniendo un equipo de Octavos de Final.

Se fracasó rotundamente en este proceso porque no se consiguió nada en casi 4 años de competencias. Que sirva de lección para el siguiente. Debemos construir éxitos desde el principio, con el nuevo plan, con el nuevo técnico, con los nuevos objetivos. No podemos excusar la falta de resultados esperanzando a todos con sacarnos la espina en un Mundial. Antes estarán las Copas América y Confederaciones, antes deberemos tomar los 50 partidos amistosos del "proceso" con mayor seriedad e intentando obtener el mayor beneficio, por encima sólo del negocio redondo. Se deberá hacer algo similar a lo de la Sub-17, en todos los demás mundiales de categorías inferiores. Encontrar el éxito en los Juegos Olímpicos de Pekin. A nivel de clubes –aunque no sea responsabilidad del nuevo cuerpo técnico tricolor-  se deberá dar el estirón final en la Copa Libertadores o en el Mundial de Clubes. Todos los integrantes de nuestro futbol deberán asumir la responsabilidad de hacer "algo más". Debemos de llegar al siguiente Mundial con blasones. Debemos creernos que sí podemos, recordando nuestros otros triunfos y no moviéndole la cabeza afirmativamente a un psicólogo o un orador. Porque igual que hoy y como hace 12 años, para triunfar en una Copa del Mundo, vamos a necesitar "algo más", algo por encima de la preparación, de la decisión y de la buena suerte.

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