La firma del artista

Hace magia con la pelota en los pies, pero no apareció en los juegos clave de este año que agoniza. Sin duda es el más espectacular, el que alegra la pupila. Por él, se antoja ver y jugar al...

Hace magia con la pelota en los pies, pero no apareció en los juegos clave de este año que agoniza. Sin duda es el más espectacular, el que alegra la pupila. Por él, se antoja ver y jugar al futbol. Un verdadero artista, al que sólo le resta un detalle, un toque final para inmortalizar su obra.

Ronaldinho provoca locura. Disfruta cuando juega y nos divierte al contemplarlo, sólo que  parece que lo suyo tiene que ver más con lo lúdico que con lo efectivo dentro de la vorágine en el deporte más popular del mundo.

Figura fundamental en los recientes títulos blaugranas en España (Liga y Champions League), pero casi nulo en las instancias finales en torneos de corte internacional. Y es que cuando juega así, para divertirse sin presiones, a 38 fechas, nos deja siempre con la boca abierta. Lo deslucido se ha presentado en competencias bajo otro formato.

Previo al verano de este 2006, el Barcelona salió Campeón de Europa, imponiéndose al Arsenal. El conjunto culé fue mejor equipo que el inglés, pero en el análisis individual, Ronaldinho, nos dejó insatisfechos –en ese partido crucial el francés Henry le robó los reflectores-.

Treinta días después Brasil decepcionó en la Copa del Mundo y el creativo de la verdeamarelha nos canceló la fiesta, -el confeti y las serpentinas las devolvimos sin usar-.  Ni pesó, ni logró autografiar con su sello personal el "jogo bonito". Regresó a casa argumentando un evidente cansancio físico y mental del cual otras figuras si lograron sobreponerse.

Este pasado domingo, al Barcelona se le escapó el Mundial de Clubes, en una Final áspera que tampoco contó con las bondades de su figura. El "10" no pudo explotar al máximo su sentimiento futbolero y al Barça se le negó el único título que aún espera en sus vitrinas (es cierto que antes guió a su equipo en la goleada ante las desanimadas Águilas, pero eso desafortunadamente para nuestro balompié azteca, no significó gran mérito).

Yo espero que este superdotado nos siga haciendo suspirar con el excelso dominio de pelota, con sus fintas de ensueño, con los cobros magistrales a balón parado, con ese futbol propio de un cuento de hadas, pero también espero que no pierda la credibilidad ganadora, esa que logró desde los 17 años el Tricampeón Mundial Pelé, o el contundente motor albiceleste Diego Armando Maradona, en el 86 y 90.

Que pueda mostrar el liderazgo de Beckenbauer en el título alemán del 74, o la personalidad de Platini y Zidane en la Francia en sus dos diferentes épocas de oro. Ronaldinho ya festejó una Copa del Mundo en el 2002, pero los que en realidad pesaron en aquel título fueron otros (Ronaldo, Cafú y Rivaldo). Hoy, Brasil no depende de él, y a él le sigue costando convertirse en el contundente líder de los partidos definitorios por los títulos internacionales.

Nunca dejaré de disfrutar y agradeceré su interpretación única, pero es un hecho que a este artista, la pluma no le acomoda al momento de firmar sus obras.

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